Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, el día de ayer conmemoramos el aniversario 105 del inicio de la lucha armada denominada “Revolución Mexicana”. Esta fecha importante para el calendario cívico nacional sirve, en muchas ocasiones, para que ciertos mexicanos salgan a las calles para exigir justicia y prosperidad.

Algunas voces llaman a gestar un nuevo movimiento revolucionario en nuestro país. Y en ello estoy totalmente de acuerdo, es tiempo de que México vuelva a evolucionar, es momento de que el país se mueva hacia la dirección correcta, tomando el rumbo que la mayoría de los mexicanos queremos. Necesitamos, pues, una nueva revolución, pero no de carácter violento, sino una que incentive la libre expresión de las ideas, el diálogo y el consenso social.

Necesitamos revolucionar a México por un país de ciudadanos comprometidos con su propio destino y el de la nación, sí con un amplio sentido crítico de los asuntos públicos pero con un mayor ímpetu para proponer y concretar acciones en beneficio de los demás, un país de instituciones limpias, confiables y eficaces, tanto públicas como privadas, dirigidas por mexicanos con un alto sentido de la responsabilidad y el compromiso con México, un país en donde los conflictos puedan ser resueltos sin caer en la tentación de las descalificaciones y del uso de la violencia física o verbal.

Es tiempo de una nueva revolución ideológica, donde el debate público sea el alimento principal de las políticas públicas gubernamentales y que exista una auténtica participación ciudadana en la toma de decisiones de nuestras autoridades.

Ocupamos de una nueva revolución nacionalista, mediante la cual cada uno de nosotros estemos permanentemente enamorados de nuestro país, su historia, su cultura, su gente y su futuro, y seamos capaces de transmitir ese amor a nuestra familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de escuela y a cualquier persona que pudiera dudar de la grandeza de México.

Nuestro país demanda una revolución optimista, con la cual dejemos de estar señalando todas las situaciones adversas que experimentamos día con día, propias y ajenas, en vez de involucrarnos en una dinámica de trabajo y entrega constante para proveernos de los medios necesarios para una mejor calidad de vida para nosotros mismos y nuestras familias, pensando en las contribuciones que podemos hacer a nuestra sociedad, como ciudadanos, padres de familia, profesionistas, estudiantes o simplemente como agentes de cambio social, tomando el esfuerzo constante como nuestra principal bandera de lucha.

México requiere de nuevos caudillos, mexicanos que luchen por la justicia y la equidad social, mexicanos que sean congruentes entre sus demandas y sus acciones, que despierten la conciencia social siempre y cuando sea a través de manifestaciones genuinas y bien intencionadas.

Es momento, pues, de plantear la realización de una nueva revolución en México, una que detone el cambio de actitudes y comportamientos, necesitamos mexicanos echados para adelante, sin complejos, una revolución que permita sacudirnos de los patrones de conducta conformistas y medianeros que tanto nos gusta seguir, una revolución que haga resaltar el espíritu de una nación grande, pujante y generosa, ese el tipo de revolución que necesitamos, ese es el camino que se debe tomar y seguir si es que verdaderamente deseamos que México se mueva y cambie para bien.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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