Jesús Orozco Castellanos

¿Vuelve la incertidumbre financiera? A la hora de escribir estas líneas, el valor del peso frente al dólar estaba en el rango de los 18 pesos con 50 centavos. Se trata de una devaluación. Para los economistas del gobierno es una “apreciación del dólar”. A diferencia de lo ocurrido en otras ocasiones, ahora vemos un proceso continuo y no una depreciación abrupta. También se aprecia otra diferencia: no se ha presentado un impacto generalizado sobre el conjunto de la economía. Por lo menos hasta el momento. Recuerdo muy bien que en las devaluaciones anteriores, todo subía de precio, incluyendo los alimentos preparados como las gorditas, las garnachas o los tacos. Cuando uno preguntaba a las señoras que vendían esos productos (por lo general eran mujeres) porqué se incrementaban los precios, contestaban invariablemente que por el incremento del dólar. Si uno les hacía ver que sus insumos no se compraban en dólares, respondían con algo que finalmente era cierto: lo que ellas adquirían en las tiendas (generalmente no iban a supermercados) subía de precio. Era correcto. Se cerraba así una especie de círculo perverso.

Otra diferencia con el pasado es que ahora las principales causas de la devaluación están en el exterior. La mayor parte de las monedas del mundo retrocedió frente al dólar en un extraño movimiento de alineación derivado del incremento de las tasas de interés en Estados Unidos y de la desaceleración de la economía china. En este momento el dólar y el euro están prácticamente al mismo nivel. Hace un año el euro costaba un dólar y medio. En el caso de México, hay un factor interno adicional: la caída en los precios del petróleo. La mezcla mexicana anda sobre los 20 dólares por barril. Ciertamente la Secretaría de Hacienda tuvo el acierto de contratar coberturas para el presente año, fijando un techo de 48 dólares por barril. Sin embargo, hay un serio problema: los ingresos de Hacienda están asegurados (no los de PEMEX) en el supuesto de que las coberturas abarquen el 100% de la producción. Hay quienes señalan que sólo el 50% está asegurado. De hecho el secretario de Energía acaba de declarar que con la caída de los precios, PEMEX verá reducidos sus ingresos en un 70%. El impacto en la economía mexicana es enorme, sobre todo si el precio del crudo se mantiene durante este año en los 20 dólares por barril. Y a pesar de la caída en los ingresos, será necesario inyectar recursos a PEMEX para que pueda seguir invirtiendo.

Recientemente declararon los funcionarios del sector energético que a PEMEX le cuesta 10 dólares producir un barril de petróleo y que hay que agregar otro tanto para cubrir los gastos administrativos de la empresa, que son muy altos por la excesiva burocracia y las exigencias del sindicato. O sea que en el rango de los 20 dólares por barril ya no es negocio. De hecho tampoco lo es para Estados Unidos, que actualmente ya es el principal productor de petróleo del mundo por el uso de la tecnología del “fracking” para extraer hidrocarburos de las rocas. Varios analistas señalan que lo que está ocurriendo ahora es una guerra sin cuartel entre los Estados Unidos y Arabia Saudita. Este último país tiene un costo de producción muy bajo y está tratando de imponer los precios internacionales para desplazar a Estados Unidos del primer lugar. Otro factor es la reincorporación de Irán al campo de la extracción de crudo. Es un país con grandes reservas.

En el caso de México, sólo hay tres formas de enfrentar el problema generado por la disminución de los ingresos petroleros: subir los impuestos, contratar más deuda o reducir el gasto público. Lo primero ya se hizo en el 2013 y sería impensable que se volviera a realizar en un año electoral como el presente. Contratar más deuda ya no es posible porque ya se rebasaron los niveles permisibles que fijan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Sólo queda el camino de la reducción del gasto público. Y en sentido estricto hay sólo dos opciones: reducir la nómina y/o bajar el gasto en la construcción de infraestructura. De hecho ya se anunció que PEMEX cancelará 10 mil plazas este año. Al mismo tiempo se están recortando varios programas de inversión, lo cual es una mala noticia para los funcionarios corruptos acostumbrados a los “moches” a cambio de autorizar esos proyectos.

A propósito de Arabia Saudita

En su reciente gira por el Medio Oriente, el presidente Enrique Peña Nieto condecoró con la Orden del Águila Azteca (en su modalidad de cordón) al rey de Arabia Saudita, SalmánbinAbdulazis. Es el máximo galardón que otorga el gobierno de México. En los considerandos se habla de “los servicios prestados a la nación” (a México, se entiende) por el rey saudita. El único servicio (si es que se le puede llamar así) “prestado” fue la reducción del precio del petróleo. Flaco favor nos hizo. El hecho fue muy criticado en varios medios periodísticos mexicanos. Se afirma que el rey es en realidad un dictador sanguinario. Hace apenas unos días ordenó la ejecución de 47 personas, incluyendo mujeres y niños. Les cortaron la cabeza a espada y sus cuerpos fueron exhibidos públicamente. Los principales cargos eran de supuesta herejía. El gobierno mexicano argumentó que varios reyes europeos han recibido ese mismo galardón. La diferencia es que en Europa son monarquías parlamentarias y algunas, como la británica, datan de la edad media. Los críticos puntualizan que esa presea le ha sido otorgada a personajes tan ilustres como Nelson Mandela, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, por mencionar sólo algunos. Premiar al rey saudita es casi como si se hubiera premiado al general Augusto Pinochet. Hay quienes se preguntan qué fue lo que pasó con la canciller Claudia Ruiz-Massieu, que es una mujer bien informada y de amplia trayectoria en el servicio público.

Que siempre no

Pues resulta que la justicia española decidió no apelar la decisión del juez que dejó en libertad al ex gobernador de Coahuila Humberto Moreira. Por lo tanto, se le tendrá que regresar su pasaporte y podrá entrar y salir de España cuantas veces quiera. Se comprobó que los casi cuatro millones de pesos que Moreira transfirió de México a España durante un año, eran de procedencia lícita porque se trataba de las utilidades de dos empresas de su propiedad. Los abogados de Moreira hicieron su trabajo. La pregunta es cómo el juez Santiago Pedraz, aparentemente uno de los más exigentes en España, no contaba con la información suficiente antes de tomar la decisión de arrestar a Moreira. Ahora sólo falta por ver lo que decida una corte federal del estado de Texas en Estados Unidos, la cual investiga transferencias de dinero de Moreira a bancos norteamericanos. En México Moreira no enfrenta cargos a pesar de que, siendo gobernador de Coahuila, dos de sus colaboradores falsificaron documentos con el fin de que el Congreso estatal y la Secretaría de Hacienda le autorizaran una deuda pública de más de 33 mil millones de pesos. Dice el exgobernador que lo engañaron. El gobierno federal le creyó. No deja de ser extraño que un político tan experimentado se haya dejado engañar. En fin…