Nueva agenda social

Por: Itzel Vargas Rodríguez

¿Quién iba a llegar a pensar siquiera hace 10 años que volverían a ponerse en el centro del debate público temas como el racismo o la discriminación, temas por los que grandes movilizaciones sociales de antaño habían luchado arduamente?
Vivimos una época que retrocede constantemente en cuanto a temas de derechos humanos: desde vivir en un entorno pacífico, hasta ser tratado con respeto y tolerancia libre de cualquier tipo de discriminación.
Los acontecimientos en la esfera global nos lo muestran a cada instante: desde la inminente posibilidad de que llegue a la gran silla del poder en los Estados Unidos uno de los personajes más detestables de la actualidad; la gran amenaza que ha representado el sector policiaco a la comunidad afrodescendiente en este mismo país; la decisión pública de Inglaterra de abandonar la Unión Europea causado en parte por la masiva movilización migrante de medio oriente; las constantes luchas globales por brindarle a la mujer espacios de equidad en el trabajo y la sociedad; la faena mundial para alcanzar respeto, tolerancia y derechos hacia las preferencias de la diversidad sexual; el inagotable combate, sobre todo en Latinoamérica, para vivir en entornos libres de violencia.
Y en este último aspecto, Colombia nos ha dado la gran sorpresa en la semana al rechazar el mediatizado Acuerdo de Paz, lo que significa un nuevo reto, principalmente en el aspecto de la negociación política para el Gobierno colombiano con las partes involucradas, principalmente la sociedad y después, los grupos guerrilleros. Además del arduo trabajo que le espera al presidente Santos para recomponer su credibilidad política.
En prácticamente todos los aspectos que se han mencionado párrafos arriba hay una cosa en común: la polarización de las posturas sociales con respecto a cada tema.
Seguir por ejemplo a un personaje como Trump, actualmente es un símbolo de racismo, discriminación e ignorancia, aunque para sus mismos seguidores probablemente signifique cambio y justicia.
Las grandes amenazas a la comunidad afrodescendiente nos reflejan mucha desigualdad y la eminente presencia de un considerable grado de racismo social. Por un lado hay quienes abogan por que haya mayor diversidad en diferentes espacios públicos, como en el cine, por ejemplo, habiendo mayores actores afrodescendientes. Y por otro lado, hay quienes justo se quejan de la presencia de personajes afrodescendientes de forma “excesiva” justo en los ámbitos del cine y la televisión, como una acción que también es discriminatoria.
Los resultados de referéndums como el de Inglaterra y Colombia nos han sorprendido por sus respuestas, que de inicio se percibían como sólo un mero trámite administrativo y terminaron siendo una paliza política y social que nos dejan mucho en qué pensar.
Los temas referentes a la equidad de género y respeto a la diversidad también han polarizado mucho la opinión social, dejando en claro que son tópicos desde los que los grupos organizados, sociedades civiles y las mismas esferas de Gobierno, tendrán que seguir trabajando.
El asunto de fondo es que tanta polarización social está marcando la generación de tópicos que se están convirtiendo en prioritarios en la agenda social, gubernamental y de los mismos medios.
Los temas de los que más habla la gente y los diversos sectores, nos hablan mucho de que cómo dichos tópicos que ya habían sido trabajados en otros tiempos, de otras épocas, dejaron huecos muy grandes que con situaciones específicas han estallado en la actualidad y provocado polémica, descontento y desacuerdo.
Hacía un par de años, en la campaña de Obama, el discurso que tomaba forma era uno más conciliador y esperanzador y ahora, en una misma campaña electoral presidencial, y después de infinitas variables resultantes de diversos hechos y dinámicas sociales, vemos otros ánimos, otros temas de agenda, otras propuestas mucho más radicales, viniendo incluso, de la misma Clinton.
Veremos qué discurso prevalece al final en cada situación. A uno siempre le es más fácil y confortante imaginar escenarios con finales felices: entornos de respeto y tolerancia donde el desarrollo de las personas sea equitativo y pleno.
Pero la dinámica social avanza y retrocede. Aunque, si bien es cierto que cada vez que retrocede deja huellas de algunos avances. Porque sólo así se logran las transformaciones sociales… paulatinamente.