Carlos Reyes Sahagún

15 de Agosto. Desde principios de mes, la principal fiesta religiosa de Aguascalientes, la dedicada a doña Mariquita de la Asunción, la purísima y más hermosa, se ha ido cocinando a fuego lento con cada peregrinación que se acerca a la catedral; con cada carro alegórico que atrae las miradas de quienes observan desde las banquetas, y con los grupos de danzantes que ejecutan su rutina al ritmo de las tamboras, que son como el palpitar del corazón. Ahí han estado cada tarde de agosto, entre el águila que devora a la serpiente y las torres del templo, girando una y otra vez para que el Sol poniente les ilumine los espejos, las lentejuelas, y quizá las vidas. Ahí han estado cada tarde, para postrarse ante la Paloma Blanca, hoy te vengo a saludar; saludando tu belleza en tu reino celestial¼

Toda actividad converge sobre éste, que es el día de la fiesta. Hoy la ciudad se anima con la Romería de la Asunción, que esta noche se desbordará en un torrente de luz y color que inundará las principales calles de la urbe.

Pero no sólo en Aguascalientes se festeja hoy a la Virgen de la Asunción. Quiero decir, en el estado, en la diócesis; porque ya se sabe que esta es una advocación mariana muy popular, de Notre Dame de Chartres, en Francia; a Oaxaca, México, pasando por Lagos de Moreno, Jalisco, etc.

Escribo esto pensando en una fiesta invisible, en un lugar invisible del estado. Quiero decir, imperceptible para quienes vivimos en esta progresista capital, concentrados como estamos en nosotros mismos, armando un barullo tal, que nos impide escuchar otras voces; las otras voces de Aguascalientes.

Escribo lo anterior pensando en la advocación mariana de la Asunción, que preside la capilla del rancho de La Congoja, que también hoy estará de fiesta. Esta comunidad se encuentra allá lejos, en las alturas del municipio de San José de Gracia, exactamente a 60 kilómetros de Aguascalientes, a partir de la pomposamente llamada Avenida Siglo XXI.

Tan lejos está que probablemente sea la más occidental de aquella comprensión administrativa, y de seguro la más alta de esta entidad federativa.

El 23 de julio próximo pasado, víspera del cumpleaños de la Fregónica, mi esposa y yo, que soy un peregrino del estado y de su historia, nos apersonamos en ese lugar, y desde luego visitamos la capilla, que en todas partes es el lugar excepcional; el espacio donde puede uno admirar arte de manera gratuita.

Me acuerdo que vi el edificio en abril de 2004, y se encontraba en obra negra, las paredes de piedra y ladrillo acabadas, aunque sin techo y sin ventanas, pero hoy está terminado -una placa informa que la primera piedra se colocó hoy hace 17 años, el 15 de agosto de 1999-. No vaya usted a creer que las paredes de ladrillo son como las de una casa, en las que se coloca un ladrillo tras otro, y luego se enjarra, no. Las piezas fueron emplazadas formando columnas y cadenas, el exceso de mezcla debidamente retirado, y sin enjarrar, porque el ladrillo también puede ser agradable a los ojos, en tanto los marcos de las ventanas son de piedra. Para nuestra suerte, mientras nos acercábamos llegó también la encargada, que nos franqueó el paso.

La señora, una mujer de unos 70 años, de nombre Juana Esparza “a sus órdenes”, dijo que no importaba que estuviera cerrada la capilla, porque habría bastado que dijéramos en la caseta de entrada que queríamos entrar, para que de inmediato nos abrieran; así de hospitalarios son aquí.

Por cierto que la señora es nieta de Tomás González, sirviente del que fuera dueño de La Congoja, un señor Cura de Betulia, Jalisco, y que compuso un corrido que a mí me gusta mucho. Se llama las Mañanas de la presa; que se refiere precisamente a la construcción de la Presa Calles, y que comienza más o menos así: En el año 26, era un primero de enero, dieron principio la presa, la compañía de ingenieros¼

La doña recuerda para mí que la edificación de la capilla culminó en 2007, aunque el campanario está a medio construir, y a falta de éste, la campana está colgada de un árbol, que estos sobran en las inmediaciones.

La fiesta de la Asunción de La Congoja; fiesta humilde, comienza con el rosario de aurora, a las 6 de la mañana, además de que llevan a cabo una velación, quizá lo que aquí se conoce como ceremonia de la dormición de María.

El día 15 llegan al rancho los volantines y puestos, con sus ruidos y músicas, sin duda algo insólito en estas inmediaciones, normalmente silenciosas. La efímera feriecita se levanta para atender a la gente de estos ranchos de acá, me dice doña Juana señalando hacia el poniente, que vienen a la fiesta. Me llama la atención el hecho de que, según dicho de la mujer, también acude a la celebración mucha gente de Calvillo, con todo y que está lejecitos; lejos y escabroso. También se realiza un jaripeo y un baile. Un par de días antes -antes era el 14, pero la señora me dice que este año habría sido el 12- llevan a cabo una cabalgata con quien tenga montura, voluntad y devoción. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com)