Silvia Guerra

Este tema está ya muy repasado, pero no quería que pasara la oportunidad de expresar algunas ideas.

En efecto, la visita del Papa Francisco a nuestro país ha causado gran revuelo y ha unido a miles de fieles que han estado sin descanso en las famosas “vallas”, de pie, para poder tan solo ver de lejos y por unos segundos a Su Santidad. Esa unión que este hombre de Dios emana, es maravillosa.

Obviamente deseamos que el Papa vea de nuestro país lo mejor, lo mejor de su gente, de su cultura, folklore y gastronomía. Supongo que en ese afán, nuestra primera dama optó por recibir a Su Santidad hermosamente ataviada en un vestido del gran diseñador de modas tapatío Benito Santos. En realidad, el vestido está precioso y al arreglo general de la señora no se le podía poner “pero”. Aún y cuando no soy su admiradora, no puedo negar que se veía muy guapa y sobria.

Tristemente y para variar, esa aura de perfección se vio manchada por un pequeñititito detalle… ¡El vestido era blanco! Algunos quisieron corregir lo incorregible diciendo que no era blanco sino hueso, marfil, beige, champaña, etc. Señores, el vestido era blanco, punto que se acabó. Sé que a lo largo del mandato de su marido, la señora de Peña se ha pasado ampliamente por el arco del triunfo muchos protocolos, normas y costumbres pero, ¿por qué insiste en querer poner a nuestro país y educación tan mal ante los ojos del mundo? Ahora resulta que pasó de primera dama a primera reina católica de México. ¡Uf!

En detrimento nuestro, esos 5 minutos de fama que todos buscamos y ojalá ella hubiera tenido, en ella se convirtieron en 6 años. Es terrible ver cómo ha tomado este mandato como su escenario particular en el que busca lucirse al máximo. Demuestra que no está interesada en apoyar y ayudar a su marido (que mucha falta le hace) en mejorar las condiciones de nuestro país y nuestra gente. Si lo que busca es “taparle el ojo al macho”, ¡hombre! Que por lo menos se informe mejor para decorar exitosamente esa fachada falsa y deje de arrastrar tanto el apellido de México en sus tristes intentos. ¿O es esto acaso otro intento más de desvío de atención a lo importante? De verdad que con esta gente ya no se sabe.

Gracias a Dios, Su Santidad no es ni ciego, ni sordo y mucho menos mudo. Así que qué bueno que nos dio a todos una reverenda ajusticiada. Debemos recapacitar qué tan bien estamos espiritualmente. No perdamos el rumbo con esos sueños guajiros de grandeza externa: busquemos ser grandes, pero grandes seres humanos, grandes amigos, grandes integrantes de esta sociedad hidrocálida y de este hermoso país. Debemos dejar de lado toda soberbia y brindarnos a los demás, que a la larga, por ello siempre se reciben grandes recompensas.

Que tengas bonita semana.

El Poder de tu Imagen.

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