José Luis Macías

A finales del año pasado y a treinta años de la muerte de su padre, Federico Reyes Heroles publicó la primera edición de la obra “Orfandad. El Padre y el Político” misma que narra con brillante simpleza la vida de carne y hueso de Don Jesús Reyes Heroles.

De Reyes Heroles muchos reconocemos la profunda huella que dejó a nuestro país en su carácter del gran ideólogo del pensamiento político mexicano del siglo pasado. Sus obras, principalmente las escritas sobre el liberalismo, cimentaron muchas decisiones del orden público, fueron punto de partida de grandes debates nacionales, inspiraron luchas, justificaron reivindicaciones y a la fecha, siguen siendo ideas necesarias para comprendernos y vigentes para proyectarnos.

Sin embargo, los Reyes Heroles, ahora en la pluma de Federico, nos regalan en Orfandad la posibilidad de adentrarnos en la vida del gran político de las ideas hasta llegar a la vida del padre de familia. A sabiendas de dejar a un lado un sin número de anécdotas y reflexiones por demás valiosas, hoy en Con Jiribilla destacaremos algunas líneas escritas de Federico acerca de Jesús con el ánimo de que terminando de leer acuda a su tumba burros más cercano y adquiera este valioso ejemplar.

El primer punto por demás interesante es justo ver la otra cara de la moneda que tiene un político. Esa cara que pocos conocen, que se desarrolla en horas inhábiles y alejadas del templete y la parafernalia. Al respecto, narra Federico, que su padre simplemente no toleraba la inacción, leía en las madrugadas, daba clases a las siete de la mañana y los fines de semana eran momentos o para escribir o para estar en giras, y que por ende, ante esta ausencia voluntaria de los tiempos de convivencia familiar, optó por acoplar a su incansable estilo de vida a su propia familia derribando consigo el mito respecto del confort en el que vive el hombre que se entrega a la política y la comodidad en la que viven sus seres queridos y también,recordándonos que solo existe un camino rumbo a la excelencia: esfuerzo, esfuerzo y más esfuerzo.

Resalta también en la parte cotidiana de Jesús, sus hábitos simples y metódicos, sus costumbres modestas y rígidas siempre acompañadas de detalles inesperados como su hobbie por coleccionar abrecartas, la necesidad de cargar con un palillo en el bolso para tocar madera en el momento que sea necesario o su arraigada preocupación de nunca estar debajo de una palmera para evitar un descalabro.

De bromista, su hijo lo pinta como muy poco, aunque sí dueño de grandes ocurrencias como la hecha durante sus años como Presidente Nacional del PRI cuando ordenó al responsable de finanzas, su amigo Sergio Benhumea, que entregara los pagos en sobres unos con mil pesos de más y otros con mil pesos de menos para con ello identificar a los deshonestos que no regresaran el dinero extra y de pasada, a los pendejos que no reclamarán el dinero de menos.

A partir de varias historias, la obra también derrumba el mito de que el buen político se mide en razón de su astucia o habilidad por encima de sus valores y capacidades. No son pocas las ocasiones donde su propio hijo narra cómo este político en letras mayúsculas, sufrió derrotas en manos de los políticos de letras minúsculas y cómo, aunque los dedicados a avanzar huecos de esfuerzo y frágiles de ideas lograron imponerse en reiteradas ocasiones, al final la historia fue colocando a quien en lugar correspondiente.

Si para estas alturas la lectura le ha parecido aceptable, lo invito a que la próxima semana me acompañe en la segunda entrega de este humilde breviario de la obra Orfandad.

@licpepemacias