Itzel Vargas Rodríguez

Una joven indígena robó cámara en la semana al subir al pódium en donde la alguna vez galardonada como Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, daba una charla, recordando entre sus palabras a los 43 desparecidos de Ayotzinapa. Con lágrimas en los ojos, esta joven pedía justicia por tantos jóvenes desaparecidos en Guerrero, algunos de ellos, conocidos de ella, que trabajaban y vivían una vida normal, como la de cualquier otro joven. Pareciera que en el México actual sólo así, con lágrimas en los ojos y mucha rabia e indignación, es como se logra llamar un poco la atención pública, aun sabiendo que el sentimiento por querer tener un mejor país, suele ser generalizado.

Ya estamos a muy escasos días de la jornada electoral, y a lo largo y ancho del país, investigadores, columnistas y analistas se plantean diversos escenarios. Se habla mucho, por ejemplo, del abstencionismo a votar, pero también de ir a votar y anular el voto. Esto último ampliamente cuestionado porque ya se ha comprobado que anular el voto beneficia a los partidos que tienen de antemano garantizado su voto duro, es decir, el de los militantes o simpatizantes.

También se habla mucho de quién pudiera ser el partido que estará en el poder, quién lo mantendrá o incluso quién podría dar sorpresas. Y en este último rubro, este año posiblemente pasará a la historia como uno en el que fue muy visible el esfuerzo de las candidaturas ciudadanas, que si bien no empezaron este año, sí lo hicieron con mucha mayor fuerza, atrayendo la atención pública. El Bronco en Nuevo León y Pedro Kumamoto en Jalisco, son ejemplos claros de ello.

Habrá que ver y analizar la nueva dinámica política que pudiera renacer, si es que alguno de los candidatos independientes en el país, llegan al poder. En España y Grecia, por ejemplo, han llegado fuerzas ciudadanas al poder, caracterizadas si bien por una fuerte ideología de izquierda, también por traer consigo ideas provenientes de maestros, jubilados y hasta doctores, mostrando inclusión, preparación y modestia, viviendo una vida sin lujos, esto último, que ha sido una falta característica en tantas generaciones de la política a nivel mundial.

Queda después de tantos días de propaganda y proselitismo, la duda de si las propuestas ofrecidas en campaña, seguirán en pie cuando los candidatos alcancen una curul, si estas mismas propuestas fueron suficientes, si la integridad les alcanzó a los candidatos para transparentar sus bienes, si el interés por servir lo público será real. Y es que es cierto, entre la política no hay que generalizar y seguir metiendo en la misma clasificación de malos, rateros y corruptos a todos los políticos, entre ellos, efectivamente habrá quien es corrupto como habrá quien proponga una Ley Anticorrupción, porque así como en la política, como en cualquier otra profesión, hay buenos y malos y así es la democracia, llena de claroscuros, pero finalmente integradora de opiniones.

Pese a tantos días de campaña, sí nos quedamos como sociedad con varios vacíos de información, lo que posiblemente nos lleve a pensar que independientemente de a quién se elija, las cosas seguirán igual. Y uno no puede predecir el futuro, lo que sí, es que mal que bien, los nuevos partidos y sobre todo, las candidaturas ciudadanas, ahora le han dado una bocanada de aire fresco a las campañas electorales, imprimiéndoles más creatividad y propuestas.

Una cosa que sigue siendo preocupante, es lo desamparado que está el sector más joven de la sociedad, porque estadísticamente se ha comprobado que quienes están en edad de votar lo hacen la primera vez, pero luego el desencanto por participar en la vida democrática, decae por casi diez años… es sin duda un reto completo para los partidos que este año dejaron desangelados en sus propuestas a la juventud, siendo ésta casi el 30% de la población.

Se vienen muchos retos sociales, nuevas narrativas políticas y una reconquista del electorado, aspectos que muy apenas en campañas se lograron tocar, a ver si en el trabajo legislativo nos encontramos con positivas sorpresas. Ojalá no termine siendo más de lo mismo, la gente ya no necesita meter en un cajón de “más de lo mismo” con absoluta indiferencia a la política, por el contrario, la participación y los resultados positivos son ya una ecuación social necesaria.

Involucrémonos, seamos parte de la dinámica de la democracia, muy a pesar del desencanto que pudiéramos tener.

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