Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, el próximo viernes 2 de octubre se celebrará el “Día Internacional de la No Violencia”, fecha que se viene conmemorando desde el año 2007, gracias a la resolución 61/271 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Lo anterior, con el objeto de diseminar “el mensaje de la no violencia, incluso a través de la educación y la conciencia pública”, así como reafirmar “la relevancia universal del principio de la no violencia y el deseo de conseguir una cultura de paz, tolerancia, comprensión y no violencia”, según la propia ONU.

La ONU seleccionó particularmente este día por coincidir con el natalicio de Mahatma Gandhi, quien estaría cumpliendo 146 años de edad y fuera un precursor de la paz mundial y el líder del movimiento pacífico de independencia en la India, cuya filosofía personal afirmaba que “existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir, pero ninguna por la cual esté dispuesto a matar”.

En el caso de nuestro país, esta fecha reviste de mucha importancia y un alto significado para la sociedad mexicana, fundamentalmente por dos razones: En primer lugar, en este día recordamos un aniversario más de aquel suceso trágico y, sobre todo, abominable de la matanza de estudiantes en la “Plaza de las Tres Culturas” de Tlatelolco, en la ciudad de México. Sobre este tema, todos conocemos diversas versiones de la historia, pero en lo que todos coincidimos es en el repudio a la violencia, en cualquiera de sus formas y proviniendo de quien sea.

La intolerancia, sea gubernamental o ciudadana, y la represión son prácticas que deben quedar plenamente desterradas en la nueva dinámica democrática que vive el país y aquel acontecimiento nos permite revivir ese sentimiento de rechazo a la violencia. Espero que, en esta ocasión, la fecha no sea tomada como un pretexto de los grupos anarquistas para tomar las calles de la capital mexicana y provocar disturbios y daños materiales.

En segundo término, el “Día Internacional de la No Violencia” debe representar mucho para nuestro país por toda la ola de inseguridad que hemos experimentado en la última década, en virtud de la cual algunas de nuestras ciudades y comunidades han sido y/o siguen sido ocupadas y controladas por grupos de la delincuencia organizada.

Con la nueva estrategia nacional en materia de seguridad pública, hemos ido recobrando, paulatinamente, la tranquilidad y paz social que tanto demanda la ciudadanía, según lo muestran los datos duros que se han venido manejando recientemente e inclusive las encuestas de percepción sobre seguridad pública que viene practicando el INEGI.

Sin embargo, sigue siendo muy amplia la magnitud del reto que implica para nuestras autoridades la asignatura llamada “seguridad pública”. Sin embargo, los esfuerzos gubernamentales (federales, estatales y municipales) deben estar acompañados por acciones concretas de la sociedad que coadyuven en la búsqueda de un México en paz, y por ello, particularmente así lo considero, un compromiso ciudadano básico es el dar un “NO” rotundo a la violencia en cualquiera de sus manifestaciones, empezando por nuestras familias y círculos sociales inmediatos.

No permitamos que aquellas personas que generan o provocan la violencia en nuestro entorno vivan en el anonimato y la impunidad. La cultura del rechazo a la violencia y la denuncia de la misma deben ser algo imprescindible en todo aquel mexicano que aspire a vivir en un país mejor.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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