Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Autocomplacencia: Satisfacción por los propios actos o por la propia condición o manera de ser.

(Odio decir se los dije.- Hace muchos meses en este mismo hospitalario espacio, comenté mi conocimiento de segunda mano de la masacre de Tanhuato, en donde la Comisión Nacional de Seguridad no encontró quien se la hizo pero sí quien se la pagara, y en donde no alcanzaron a terminar el montaje, no les ajustaron las armas, ni terminaron de acomodar los cadáveres. Dio cuenta Carlos Loret de Mola y ahora la CNDH, tarde pero segura, formula una recomendación que en otro país provocaría una crisis.)
Ha terminado la zozobra, pasó la angustia, se salvó el honor: un país latino (como decían los gringos, aprendieron a decir los pochos, y ya decimos todos los latinos) demostró al mundo mundial que no hace falta tener tantos dólares o euros, o tener a Walt Disney, o a los grandes productores de Las Vegas, sino que con ingenio, creatividad, entusiasmo y “tumbao” se puede presentar un gran espectáculo que con el colorido, sentimiento y sabor peculiar de Brasil, no desmereció para nada de otras inauguraciones y clausuras de juegos olímpicos, aunque si me apuran, me quedo con Barcelona, con la flecha flamígera encendiendo el pebetero, con la jaca cruzando el estadio, con Caballé, Domingo y Kraus: “una garrafa en tu casa, chiquilla, quisiera ser, para besarte en los labios cuando vayas a beber”, en gustos y colores no se disputa decían los clásicos. ¿Y Dilma? ¿Y los 12 millones que viven en favelas? ¿Y el proceso a Lula da Silva? ¿Y qué con que en los últimos 90 años sólo 5 presidentes han terminado su mandato constitucional? Lo relevante es que Brasil venció a Alemania y la medalla de oro del futbol se quedó en América.
Y México, ¡bueno!, México estuvo a la altura, con el corazón por delante, con el sentimiento patrio inflamando los corazones de los competidores que llevaban la insignia tricolor por blasón, la decisión por arma, la nación por estímulo, y la convicción de entregar, como lo hicieron hasta la última gota de sangre, de esforzarse hasta el límite del sacrificio, de luchar sin tregua hasta el final, de inmolarse en el altar del deporte con la representación de la patria, de los millones de mexicanos que los impulsamos desde aquí y de unos miles de privilegiados que pudieron estar allá, incluyendo a la novia del señor Alfredo Castillo. Y, ¡bueno!, el deporte es (lo decía un amigo), como la lucha de clases: a veces se gana a veces se pierde. Aunque si de hacer cuentas se trata, las veces que hemos perdido, han sido miles mas que las veces que hemos ganado. Mas producto del azar o del esfuerzo individual que de un trabajo organizado, concertado y dirigido, que permita promover el deporte y crear deportistas, no porque sea fundamental ganar medallas sino porque es fundamental fomentar los valores que los deportes provocan.
A uno y ese uno soy yo, pero estoy seguro que habrá otros, me hierve el buche de escuchar las explicaciones zafias y estultas que ha apuntado el titular de la Comisión Nacional de Cultura y Deporte, que en su currículum lo mas destacado y desde luego basta y sobra, es ser amigo del Presidente de la República, que, por cierto “fusilar” una tesis profesional no es “plagio” sino una cuestión de “estilo”, aunque no falta quien piense que es muy feo estilo plagiar, y por otra parte es una práctica tan generalizada entre los estudiantes universitarios, que muchas universidades optaron por seguir la práctica de Alonso Quijano, el Bueno, que preparando sus armas para dar inicio a sus invencibles hechos, y careciendo de celada la fabricó de cartón, la puso a prueba con dos golpes de espada que la destruyeron, la rehizo y esta vez “quedó satisfecho de su fortaleza y, sin querer hacer nueva experiencia de ella, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje”, y a su imagen y semejanza no ponen a prueba sus egresados y los diputan por buenos, sin someterlos al penoso y engorroso trámite de comprobar sus conocimientos y criterio.
El titular de la CONADE ya explicó someramente y sin duda, ya de regreso y confortado por su novia, explicará abundantemente los “satisfactorios” resultados del deporte nacional, que, ¡¿Qué esperaban?! Se encuentran en el promedio que ha tenido en sus apariciones en las Olimpiadas. En arquería perdimos por cuatro centímetros, en clavados por la mala voluntad plasmada en un “complo” de los árbitros contra México por la deuda de 5 millones a la Federación Internacional de Natación, por la cancelación del torneo selectivo de Guadalajara, en otros deporte porque los federativos son corruptos, en otros más por la acción de una o varias “mae de santo” en la “macumba”, el “candomblé”, la “umbanda” y la “quimbanda”, y porque, hay que reconocerlo los orishas resultaron mas potentes que la morenita del Tepeyac. Los mexicanos solemos tener mala memoria, nunca ganaríamos una medalla en ello, y por lo mismo olvidamos lo bueno que es el señor Alfredo Castillo para dar explicaciones que si no provinieran de él, podrían ser cuestionadas, pero ¿Quién duda de la explicación que se dio al caso Paulette, aquella menor desaparecida que apareció varios días después a los pies de su cama? Pues el señor Castillo era Procurador de Justicia en el estado de México; ¿Quién duda de la explicación que se dio a las muertes en el municipio de Apatzingán, y a otras muchas en el estado de Michoacán?, ¿Alguien podría cuestionar la atildada manera con la que se manejó la cuestión de las autodefensas en aquella entidad?, ¿Alguien dudaría de como se “empoderó”(así se dice ahora) el Cartel Jalisco Nueva Generación?, y la trivia, amable y paciente lector es: ¿Cómo se llamaba el Comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral del estado de Michoacán?.
¡Basta de complacencias y conformismos! La participación de la delegación mexicana en los Juegos Olímpicos de Río fue un estrepitoso fracaso, pero además absolutamente previsible. Nuestros participantes no tenían marcas que fueran competitivas para una olimpiada. ¿Entonces? ¿Qué sentido tenía participar con una delegación mas o menos numerosa a sabiendas de que no tendríamos posibilidades reales de una actuación decorosa?. El trabajo debe empezar por los pequeños, por las escuelas, por los clubes, por las asociaciones, por incentivar la participación y patrocinar las iniciativas, con un esfuerzo sostenido, que, al cabo de algunos años podrá empezar a rendir frutos. En los últimos años en Aguascalientes se ha hecho un trabajo muy importante en la promoción del deporte, de continuarse podremos tener esperanzas.
(Ite missa est..- En México, digo en Jalisco, la delincuencia organizada se basta sola para raptar y desraptar, ante la complacencia de la “autoridá. ¡Qué nos proteja San Jesús Malverde!.)
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