Tras señalar que no ha recibido notificación alguna por parte de la Secretaría de Gobernación, sobre una sanción con motivo de la supuesta participación de la Iglesia en el reciente proceso electoral, el Obispo José María de la Torre Martín, consideró que no debe ser tratado como ciudadano de segunda, que si lo acusan de algo, que lo demuestren y le den oportunidad de defenderse, en vez de “fusilarlo” en los medios de comunicación.
Dijo que es absurdo que se le cuestione sobre una Carta Pastoral emitida en mayo pasado, cuando él la entregó a los candidatos de los diferentes partidos, 22 días antes de la elección; que siempre ha emitido estos documentos en el ejercicio de su derecho de libertad de expresión, y que lo seguirá haciendo, porque es su obligación.
Le pareció extraño que no hicieran observaciones a la Carta Pastoral del 2013, y a las del 2016 sí, donde se limitó a invitar a la ciudadanía, a emitir su voto razonado, pero en ningún momento, por alguien en lo particular, ni como persona, ni como partido.
La Carta Pastoral de referencia, estuvo dirigida a líderes sociales, representantes de la vida cultural y política; en el documento se indicó que “un candidato a gobernarnos debería llenar un perfil ético mínimo”.
La honestidad es un criterio fundamental para percibir al candidato como confiable, transparente, coherente, persona de valores como la veracidad, la lealtad, la honradez. Es el principal antídoto contra la corrupción; no basta el conocimiento técnico, es necesario un conocimiento directo que le permita descubrir las exigencias del bien común tanto en el nivel local como nacional.
El compromiso con la reconciliación y la justicia es una exigencia ética y un imperativo de la realidad que vivimos. Sólo representantes con un profundo sentido de justicia lucharán, desde el ámbito que les es propio, contra la pobreza y la desigualdad, contra la inseguridad y la violencia, contra la fragmentación social.
Los gobernantes deben tener capacidad suficiente, no basta la buena voluntad, las tareas de representación son distintas. Una función administrativa y una tarea legislativa requieren formación y capacidades diversas que no se improvisan. La demagogia siempre es engañosa.
Asimismo, sensibilidad por los pobres, por los excluidos, por los indefensos, demostrada no sólo en las campañas electorales, sino en su vida diaria.
Reiteró que antes de condenarlo, le den la oportunidad de defenderse.