Tras lamentar el atentado en Niza, el obispo de la Diócesis de Aguascalientes, José María de la Torre, se unió a la pena que embarga a los familiares de los muertos y heridos del pueblo francés, a causa de la violencia. La que se vive en diversos países y en diversos estados del nuestro.

“Cada vez se pierde más la capacidad de diálogo y la voluntad de vivir en armonía y paz social, lo cual resulta preocupante, porque el futuro no es muy alentador, de ahí que todos estamos obligados a contribuir por un mundo de paz”. La Conferencia del Episcopado Mexicano mandó sus condolencias a los dolientes.

Coincidió con su homólogo Felipe Arizmendi Esquivel, en el sentido de que dialogar no es debilidad, sino madurez personal y social. Una persona que se niega a dialogar, se considera como la única poseedora de la verdad; se diviniza, se absolutiza; y todo absolutismo es dictatorial.

Señaló que el diálogo supone un largo y esforzado aprendizaje. El modo de preguntar, la forma de responder, el tono utilizado, el momento y muchos factores más, pueden condicionar la comunicación. Siempre es necesario desarrollar algunas actitudes que hacen posible el diálogo auténtico.

Agregó que hay que darse tiempo, tiempo de calidad, que consiste en escuchar con paciencia y atención, hasta que el otro haya expresado todo lo que necesitaba. Esto requiere la ascesis de no empezar a hablar antes del momento adecuado. En lugar de comenzar a dar opiniones o consejos, hay que asegurarse de haber escuchado todo lo que el otro necesita decir.

Esto implica hacer un silencio interior para escuchar sin ruidos en el corazón o en la mente: despojarse de toda prisa, dejar a un lado las propias necesidades y urgencias, hacer espacio. Desarrollar el hábito de dar importancia real al otro. Se trata de valorar su persona, de reconocer que tiene derecho a existir, a pensar de manera autónoma y a ser feliz.

Dijo que se requiere amplitud mental, para no encerrarse con obsesión en unas pocas ideas, y flexibilidad para poder modificar o completar las propias opiniones. “Es posible que de mi pensamiento y del pensamiento del otro pueda surgir una nueva síntesis que nos enriquezca a los dos”.

Mencionó que la unidad a la que hay que aspirar no es uniformidad, sino una unidad en la diversidad, o una diversidad reconciliada. También se necesita astucia para advertir a tiempo las interferencias que puedan aparecer.

Finalmente, expresó que es importante la capacidad de decir lo que uno siente sin lastimar; utilizar un lenguaje y un modo de hablar que pueda ser más fácilmente aceptado o tolerado por el otro, aunque el contenido sea exigente; plantear los propios reclamos pero sin descargar la ira como forma de venganza, y evitar un lenguaje moralizante que sólo busque agredir, ironizar, culpar, herir.