La poca normatividad que existe en el tema de la accesibilidad universal, no se cumple o se cumple a medias, ocasionando graves problemas para las personas que enfrentan alguna discapacidad o que por su avanzada edad requieren de espacios o infraestructura especialmente diseñada para ellos.

El presidente del Colegio de Arquitectos, José Luis Romero Rivera, agregó que se debe trabajar, primero, para que se cumpla lo que ya está establecido, y en segundo término, realizar adecuaciones al Código Urbano para garantizar verdaderamente cambios que beneficien a este grupo de población que demanda mayor accesibilidad a una vida libre de obstáculos.

Detalló que en el caso de las rampas urbanas para personas con discapacidad motriz y que requieren de sillas de ruedas o vehículos adaptados para su movilidad, encuentran en cada esquina serios obstáculos dado que dichas rampas no cumplen con las especificaciones establecidas en la NOM que determina características como grados de inclinación, anchura y una serie de disposiciones que aseguran su adecuado uso.

“Hoy vemos que la mayoría no se usa, las personas con discapacidad prefieren, incluso, desplazarse por el arroyo vehicular antes que usar las banquetas y sus inadecuadas rampas”, incluso, dijo, no son pocas las rampas que cuando fueron hechas, evidentemente no fueron supervisadas dado que hay postes o casetas telefónicas obstruyéndolas, cuando pudieron haberlas construido a un lado y no necesariamente en la pura esquina.

Señaló que otro aspecto que resulta fundamental en el tema de la accesibilidad para personas con discapacidad lo constituyen los edificios, tanto públicos como privados con servicios a la gente, que no cuentan con cajones de estacionamiento, rampas, ni baños, ni elevadores, que les permitan moverse sin dificultad en su interior.

Destacó que hay edificios públicos que no tienen adecuaciones necesarias para su atención, y son entidades públicas básicas, como la Profeco, cuya sede es un edificio antiguo al que no se le han hecho adaptaciones y las personas en sillas de ruedas, que también son consumidores, no tienen libre acceso al inmueble.

“Los cajones especiales tampoco cumplen con la normatividad creada para normalizar este tipo de espacios, y por eso vemos lugares sin cajones para automóviles de personas con discapacidad, o sí los hay pero son insuficientes o están muy reducidos, sin cumplir la norma, por tanto, les resultan inutilizables”.

Finalmente, hizo un llamado a las autoridades, para que hagan respetar la legislación y normatividad en la materia; a los arquitectos, para que desarrollen proyectos con amplia y clara accesibilidad; y a los inversionistas, para que a la hora de pensar y construir alguna edificación, consideren ante todo, a este sector de la población que cada vez es mayor; “viene creciendo, simplemente por la edad, aunque no sufran accidentes o nazcan con algún problema motriz, la avanzada edad resulta necesariamente incapacitante”, dijo el presidente del Colegio de Arquitectos de Aguascalientes.