Josemaría León Lara

El concepto de “República” tiene su origen en la tradición grecolatina, y no es hasta varios siglos después que los padres fundadores de los Estados Unidos, inspirados en las ideas ilustradas francesas, le dieran su significado moderno. Sistema que habríamos de adoptar en México tras el fracaso del Primer Imperio y la instauración republicana con la constitución de 1824.
El sistema republicano moderno trajo consigo la creación de la figura presidencial, hasta entonces un neologismo que dejaba en claro su diferencia con la monarquía. No sólo el primer gobernante sería electo de manera democrática por el pueblo, sino que también provendría del pueblo. Ahora bien, en ese gobierno del pueblo, para el pueblo, por el pueblo, quien quiera que estuviese al mando sería el representante de la voluntad popular tanto dentro como fuera de la nación.
Aquí es donde entendemos los títulos de Jefe de Gobierno y Jefe de Estado. Tanto en el caso de los Estados Unidos como en el de México, ambas responsabilidades recaen en los hombros del presidente en turno; a diferencia de otros Estados como el Reino Unido donde el peso de la jefatura de gobierno es del Primer Ministro únicamente, cuando la Reina es la Jefa de Estado.
Cuando un presidente tiene ambas responsabilidades, es necesario apoyarse en sus principales brazos operativos: La Cancillería y Gobernación; quienes co ayudan con el presidente en sus funciones tanto en materia exterior como al interior del país. Por ello no resulta extraño que en las fotos del gabinete presidencial, sean estos dos secretarios quienes flanquean tanto a derecha como a izquierda y de manera inmediata al presidente.
Ambas facultades van de la mano, por un lado es primordial mantener la atención del gobierno al interior de su territorio, pero no significa que deba desatender aquello que sucede más allá de nuestras fronteras. Es por ello que existe cierto número de protocolos internacionales en los cuales los países se basan para el establecimiento y el fortalecimiento de relaciones bilaterales.
México es un país que depende en gran medida de las relaciones entabladas con sus principales socios comerciales y en particular con el más importante: los Estados Unidos. Es importante resaltar la dependencia compartida entre ambas naciones, y no necesariamente de tipo económico únicamente.
Los estadounidenses están por cambiar gobierno y por eso mismo ya se encuentran en proceso de campaña, para elegir a quien se convertirá el presidente número 45 de esa nación. Por ello, no es de extrañarse que el gobierno mexicano haya decidido buscar un acercamiento con los dos candidatos aspirantes a la Casa Blanca.
La intención sin duda es buena y hasta cierto punto necesaria. El invitarlos no significa otra cosa más que dar seguimiento a una relación de amistad y cooperación que lleva entablada por años; sin embargo, no cabe duda que ni los tiempos ni las formas fueron los adecuados, en Los Pinos les salió el tiro por la culata.
El candidato republicano es todo un personaje per sé, es más una celebridad que un político y por lo mismo, carece de una visión objetiva de la realidad. En el último año se ha dedicado a vender una imagen de superioridad a través del discurso del odio y la arbitraria falta de respeto, enfocándolo de manera directa sobre pueblo mexicano.
Donald Trump quiso venir a México para hacer un truco publicitario, a que Peña Nieto le organizara un evento más para su campaña y nada más. Una vez más, la falta de asesoría adecuada al Licenciado Peña Nieto, lo orilló a hacer un ridículo de gran magnitud no necesariamente al recibirlo, pero sí al darle trato de igual, es decir de Jefe de Estado.
Trump llevó la batuta desde antes de llegar a México, todo se hizo a su voluntad; todo fue fríamente calculado para culminar la nota del día horas más tarde en Arizona (el estado más radical en temas de migración), reiterando que el muro, su muro, será una realidad y nosotros mexicanos lo vamos a pagar.
O Peña Nieto abusó de la diplomacia al ser políticamente correcto, o simplemente fue abiertamente omiso en el tema. Poniéndose una vez más en ridículo públicamente, también nos puso a todos nosotros. ¿De qué sirvió la invitación? ¿De qué sirvió que viniera? Y en la víspera de su Cuarto Informe de gobierno, el presidente de México optó por ponerle una raya más al tigre.
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@ChemaLeonLara