Luis Muñoz Fernández

Ocultar el informe y, consecuentemente, coartar la posibilidad de un debate sereno en la sociedad sobre sus efectos no implica superar los problemas que señala. Simplemente los aplaza. Son cuestiones impopulares, ciertamente, pero la honestidad de quienes conocen los problemas y la responsabilidad de quienes tienen la obligación de administrar los medios públicos para cubrir los objetivos de bienestar de sus ciudadanos deben prevalecer sobre la rentabilidad electoral inmediata. La sanidad pública plantea tal cúmulo de problemas y rémoras en el contexto socioeconómico español que no enfrentarse seriamente a ellos es dilatar y empeorar sus perspectivas.

 

El País. El ‘Informe Abril’, 29 de septiembre de 1991.

Cuando se enfrenta una crisis, intentar solucionarla empecinándose en aplicar las mismas medidas y estrategias que son en buena parte responsables de la grave situación que hoy atraviesa el sector salud (el primer nivel desarticulado, el segundo y el tercero sobresaturados) es la mejor receta para desembocar en un callejón sin salida. Y, aunque es una cuestión política (de política sanitaria), su falta de solución pasa una factura de sufrimiento y muerte a no pocos seres humanos, así que los médicos no podemos decir que no nos compete o que no es nuestra responsabilidad.

Y peor si nos damos por vencidos. Si, temerosos, cansados, indiferentes o sujetos a intereses pecuniarios y de cálculo político, nos encerramos en nosotros mismos. Así, nos negamos la oportunidad de conocer la experiencia de quienes, en otros lugares y momentos, enfrentaron, o enfrentan todavía, problemas semejantes a los que hoy nos aquejan.

Aceptar de antemano que no existen soluciones fuera de las que ya han sido probadas y han demostrado su fracaso es renunciar a que nuestra sociedad cuente con un sistema sanitario moderno, eficiente, suficiente y confiable, que garantice lo que expresa el Artículo 4º de nuestra Constitución. Pese a lo que se dice, hoy un sistema de salud con estas características no existe.

Para ello no basta sólo con hacer un análisis sereno y minucioso con la asesoría de los expertos nacionales e internacionales que mejor sirvan a los intereses de nuestra sociedad, sino que además se necesitan al menos otras dos cosas: imaginación y valor.

Imaginación para idear nuevas soluciones que nos permitan superar las insuficiencias que no han resuelto las medidas de siempre. Carencias que conllevan una responsabiliad ética que nos atañe directamente y que no podemos ni debemos eludir.

Y valor para atrevernos a cuestionar las supuestas verdades que emanan de la doctrina oficial. Una de esas verdades dice que no hay recursos materiales para un sistema sanitario púbico semejante. La insostenibilidad económica de la sanidad pública es un canto de sirenas que no nos debe subyugar. Que se sigue entonando para adormecer las conciencias, porque así conviene al statu quo.

Toda proporción guardada, lo mismo se viene diciendo en España desde que entró en funciones en 2011 el actual gobierno del Partido Popular que encabeza Mariano Rajoy. A diferencia de México, en los últimos 40 años los españoles han logrado construir una sanidad pública ejemplar, modelo para muchos países del mundo, aunque no por ello perfecta.

En España, la cobertura de la sanidad pública es universal, de alta calidad (nada tiene que envidiarle a la privada) y, hasta hace relativamente poco, totalmente gratuita, lo que demuestra que cuando el erario público se administra con honradez, conocimientos y sensibilidad social se pueden lograr muchas cosas que en nuestro país todavía hoy nos parecen imposibles. Entre otros, uno de los artífices de ese logro ha sido Rafael Bengoa Rentería.

Nacido en Caracas, Venezuela en 1952, es, según se lee en Wikipedia, “un médico español especialista en gestión y experto en salud pública, firme defensor de una sanidad pública universal”. Se le considera uno de los padres del Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) y fue Consejero de Sanidad y Consumo en la IX Legislatura del Gobierno Vasco. Su historial es bastante impresionante que, tomado de su blog (wwwrafaelbengoa.com), transcribo a continuación:

Doctor en Medicina de la Universidad del País Vasco, máster en Gestión de Sistemas de Salud y Máster en Salud Comunitaria de la Universidad de Londres en Inglaterra, Senior Fellow de la Business School de la Universidad de Manchester en Inglaterra y Diploma Gestión Hospitalaria en Deusto. Ha tenido una carrera nacional e internacional.

Su huella profesional puede seguirse desde 1991 en varios documentos de política social y gestión sanitaria dirigidos al Parlamento español de los que es coautor. Destaca entre ellos el ‘Informe Abril’, que sentó las bases para la reforma del sistema sanitario.

Además, ha trabajado durante quince años en la Organización Mundial de la Salud, donde estuvo al frente de la Dirección de Sistemas de Salud.

En 2009, fue nombrado Consejero de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco desde donde ha dirigido la transformación de la Sanidad hacia un modelo más proactivo centrado en las necesidades de los pacientes crónicos.

Es Senior Fellow de la Universidad de Harvard y Profesor Colaborador en la Universidad Mc Gill en Canadá.

Actualmente es Director del área de salud de Deusto Business School (DBSHealth) en la Universidad de Deusto

 

Y, por si fuera poco, en 2012 fue nombrado asesor para la Reforma Sanitaria de los Estados Unidos por el Presidente Barack Obama, iniciativa conocida coloquialmente como Obamacare, que pretende la cobertura sanitaria universal con ayuda gubernamental de todos los ciudadanos norteamericanos que la requieran (se calculan unos 40 millones). Esta reforma ha sido aprobada por la Suprema Corte de aquel país esta misma semana.

Rafael Bengoa ha señalado que la política sanitaria del gobierno de Mariano Rajoy, con fuerte intención privatizadora de los servicios públicos, es errónea. Ha declarado que la sanidad pública española es el mayor logro de la democracia y que no existe ningún sector de la economía que aporte lo que el sector salud: no sólo permite notables ahorros cuando se administra con inteligencia, sino que restituye a los ciudadanos enfermos ya curados al aparato productivo. Todo ello pone en entredicho a su insostenibilidad económica, bandera preferida del actual gobierno.

Propone la conversión del sistema sanitario en un sistema socio-sanitario, empoderando al paciente crónico para que él mismo gestione su enfermedad desde su casa, utilizando las nuevas tecnologías de la comunicación para vincularlo con su centro sanitario, sin que en muchos casos tenga que acudir a los servicios de urgencias y hospitalización que son la parte más costosa del sistema sanitario.

También ha sido enfático al resaltar que el éxito de la sanidad pública española estriba en buena parte en la fortaleza de su atención primaria, con la formación y presencia de médicos generales que son muy buenos clínicos y que son capaces de detectar y resolver la mayor parte de los problemas de salud de la población a la que atienden. No omite mencionar que estos médicos reciben sueldos decorosos, aunque parece que esto último ha ido a la baja en los últimos años.

Cuando estuvo de moda aquella película titulada Búsqueda implacable (Pierre Morel, 2008), quienes la vimos en el cine comentamos que de tener entre nosotros a un Bryan Mills (el protagonista de la cinta), la violencia criminal que en aquellos días asolaba a Aguascalientes desaparecería.

Siguiendo esa misma lógica y ante la falta de soluciones a la grave crisis de nuestro sistema de salud, creo que lo que nosotros necesitamos para empezar es un Bengoa.

http://elpatologoinquieto.wordpress.com