RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Días previos al 14 de febrero, día del amor y la amistad, se estuvo anunciando que el cantautor, José María Napoleón, se presentaría por la tarde en una tienda departamental ubicada en el complejo comercial Altaria, para presentar su más reciente disco y firmar autógrafos. Yo ya había comprado el disco días antes y la verdad me pareció muy bueno, pues era un disco en el que se habían “refrescado” varias de sus mejores canciones, y al decir “refrescado” me refiero a que los arreglos musicales de las canciones que hemos escuchado de Napoleón, desde hace más de treinta años, los habían hecho ahora diferentes pero con la misma esencia musical, más modernos vamos, a ello había que agregarle que lo acompañaban en algunos temas artistas que están ahora en el gusto juvenil. El CD viene acompañado de un DVD, por lo que se puede disfrutar muy a gusto de un concierto en la sala de la casa. El domingo 14 me dirigí acompañado de mi mujer a la tienda departamental. La cita era a las 17.00 horas, pero nosotros decidimos llegar más temprano para adquirir dos discos más, pues normalmente los escuchamos en nuestros autos. La verdad es que yo pensé que iba a asistir gente a la firma de autógrafos, pero lo que nunca imaginé era que ¡tanta! A las cuatro y media de la tarde aquello era la locura. Un mundo de gente ya estaba acomodada por el corredor del centro comercial exactamente afuera de la tienda departamental. Ahí habían colocado un pequeño escenario, con una plataforma que asemejaba un disco de los de vinil, que es donde cantaría Napoleón, y los instrumentos musicales del grupo que lo acompañaría. Esa fue una grata sorpresa pues se había anunciado sólo la firma de autógrafos y no que interpretaría algunos de sus éxitos.

Desde las 16:30 nos instalamos, como pudimos, en la parte posterior de lo que era el escenario, pues por la parte de adelante era imposible, había lleno total. La verdad mi mujer y yo estábamos sorprendidos, pues era mucha gente la que había acudido a la convocatoria para ver al artista de la localidad. Napoleón llegó al lugar a las 17:10, o sea que no hizo esperar casi nada a la audiencia, y con la sencillez que le caracteriza cantó 6 o 7 temas del álbum que se promovía, ante el deleite de la gente que presenciaba el evento. Canciones que traían muchos recuerdos a los adultos, pues en su momento fueron unos señores éxitos en la voz de José José, ¡Plácido Domingo!, Manoela Torres, Yuri, y del mismo Napoleón. El problema fue cuando acabó de cantar y colocaron un escritorio para que ahí el gran Napo firmara los discos a la concurrencia..¡la locura! Se hizo una enorme fila ¡que llegaba casi al otro extremo del centro comercial! Tremenda. Al ver esa tremenda fila, le dije a mi señora que eso iba para largo, así que mejor nos fuéramos a la zona de comida rápida y ahí, tranquilamente dejáramos pasar una o dos horas para luego ir a que Napoleón nos firmara los discos. Y así lo hicimos. Transcurrido el tiempo acordado, nos dirigimos de nuevo a la famosa firma de autógrafos, pero cual va siendo nuestra sorpresa que la fila seguía ¡casi igual!, seguía llegando gente a que le firmaran sus discos. Y eran casi las 8 de la noche. Descorazonados optamos por irnos a casa. Pues había mucha gente haciendo fila. Y como para conformarme yo mismo, le dije a Araceli que ya lo veríamos luego para que nos firmara los discos. Aunque por mis adentros pensé que estaría difícil andarlo buscando para eso. Sin embargo el jueves 17, estando yo en el negocio de Enrique Castaigns, comprando unos habanos, llegó, para mi sorpresa, Napoleón. Iba a sacar una fotocopia de su credencial de elector, pues realizaría algún trámite en el gobierno estatal. Al verlo le dije: “¡Que tremendo estuvo lo del domingo! Me tuve que ir a las 8 de la noche y la fila seguía igual, para obtener tu autógrafo! Él, complacido, me respondió: ¿Sabes a qué hora terminé de firmar?…¡a las 11:30 de la noche!, ¡me quedé hasta que termine con la última persona! Y sí, claro que le creí pues yo lo vi. Vi todo ese mundo de personas que deseaban una firma y una foto con su ídolo y que poco les importó formarse hasta por casi 5 horas para obtenerlos. Napoleón me dijo: ¿Y porque no te metiste hasta donde yo estaba para firmarte tus discos. Le dije, pues por respeto a la gente, aunque –pensé- también para que no me fueran a recordar a mi mamacita. Y él me dijo, fíjate que alguien se metió entre la fila y si, los de atrás protestaron de inmediato. Y tenían razón, pues hacer tanto tiempo fila para que otros se metieran, pues no. Conozco a Napoleón, lo mismo que a su familia, desde la infancia, pues tuvimos la fortuna de crecer en el mismo barrio, ¡el de la Estación!. Él vivía por la calle J. Jesús Consuelo, paralela a las vías del ferrocarril, y yo por la Nueva de Arabia. Vecino de Napoleón, de puerta con puerta, fue Filiberto Ramírez Lara, amigo de ambos, Así que nos unía no sólo el barrio sino la hermandad que da la humildad con que se vive, pero que a edad temprana eso no importa, incluso ni se razona, son etapas muy bonitas en que de lo que se carece pareciera normal, pues nunca se ha tenido, por ello al ir avanzando en la vida todo lo que se logra se disfruta más, pues es producto del esfuerzo. El jueves que me encontré a Napoleón me invitó a tomar un vino tinto por la noche, para firmarme los discos, y sí, por la noche, en compañía de nuestras señoras, acudimos a un lugar, al norte de la ciudad, en donde canta su hijo José María, que también lo acompaña en el nuevo disco. Pasamos una velada deliciosa, llena de recuerdos, y remembranzas, sin faltar muchas anécdotas infantiles. Napoleón, que tiene una plática formidable, estaba todavía con el ánimo muy en alto, por la respuesta de la gente el domingo anterior; tan sólo la venta de su disco ese día, le daría el disco de oro, ¡y faltaban las ventas de toda la república! Platicamos de la piratería, que tanto perjudica a los artistas. Nos platicó de su hijo José María y de su paso por la voz México, a donde piensa de nuevo asistir para concursar este año. Platicamos de sus padres, de sus hermanos, rememoró con afecto a Fabián, que ahora vive en España y dijo que él había sido un muy buen torero. Obviamente se tocó el tema de cuando él incursionó en el mundo de los toros…¡su gran pasión! Platicó de José Tomas, del torero y del amigo. De su angustia cuando “Navegante” casi le quita la vida. En fin, fue una plática amena y extensa, que el tinto hizo todavía más agradable. Ese día le llevé el diario Reforma en donde se mencionaba que, de acuerdo a las listas de Mixup, su CD estaba en ¡primer lugar en ventas! a nivel nacional, arriba de artistas como Juan Gabriel, Alejandro Saenz, Alejandro Fernández, Carlos Rivera, etc. Obviamente que él ya lo sabía, y estaba feliz.

Cuando salimos del lugar mi mujer y yo, me sentía muy satisfecho, su plática y su actitud me había contagiado de esa energía que emana de él, esa energía que da ánimos para luchar por la vida, para vivir plenamente, como dice su canción “Vive”. Hace algunos meses leí el libro que escribió Napoleón, llamado “Yo sólo quería ser torero”, lo compré en la tienda de los tecolotitos; es un libro en el que Napoleón narra su vida y las vicisitudes que tuvo que pasar para llegar a ser lo que ahora es. Dice en una parte de su libro: “Sé de dónde vengo y hacia dónde voy. No tengo rencores en mi corazón. No odio a nadie. Creo que el hombre es tan grande como sus sueños y tan pequeño como su voluntad para alcanzarlos. He aprendido que somos capaces de llegar hasta donde nuestro espíritu desee, en la lucha por alcanzar lo que anhelamos”. Me enorgullece ser amigo de Napoleón. Ser su paisano. Pero sobre todo me alegra el corazón que Napoleón sea… ¡Profeta en su tierra!

SE FUE UMBERTO ECO

Hay cosas muy raras en la vida literaria. Harper Lee, escritora que ubica todas las cosas en el sur de los E.U., tiene un poco la misma suerte que una escritora sureña de los E.U., llamada Margaret Michel, que escribió “Lo que el viento se llevó”. Y la realidad es que son escritoras que nadie ha leído; ¿para qué van a leer “Gone with the wind”, que es un libro enorme, muy interesante si le quita uno toda la paja de la historia romántica, lo que le da origen realmente a la película; y a Harper Lee le pasó lo mismo, es una escritora que tuvo la fortuna de que su libro “Matar a un ruiseñor” cayera en las manos geniales del director de cine Alan Pakula. La escritora supervisó varias cosas del film, el guión, la adaptación cinematográfica, etc. esta película fue estelarizada por Gregory Peck. Esta película puso de relieve lo que se podría llamar la injusticia endémica del sur de los E.U., la condena por motivos raciales. Fue un libro muy interesante en su tiempo, y fue una escritora a la que acaba de publicar, recientemente una editorial española, y está ahora en los estantes de las librerías y hasta de las tiendas Sanborn’s, un libro exhumado de las cosas que Harper Lee había dejado por ahí, un libro que no conozco pues no lo he leído. El viernes 19 de este mes esta escritora falleció a los 89 años de edad en Alabama. Ella arrastraba graves problemas de salud desde que sufrió una apoplejía en el año de 2007. Tras ganar el premio Pulitzer en 1961 la escritora vivió alejada de la fama y no volvió a publicar una obra, sino la que le menciono líneas arriba, el año pasado: “Ve y pon un centinela”, libro que precedió a “Matar un ruiseñor” y que nadie le quiso publicar entonces.

El viernes 19 también murió Umberto Eco, celebre novelista y ensayista. Alguien muy involucrado en el tema de la semiótica, es decir en la forma en que las comunidades, los seres humanos tenemos diversas maneras de comunicarnos. Él estudiaba y era un científico, si usted me permite decirlo así, de las formas de la comunicación. Es un hombre al que se le atribuye una frase terrible respecto a los twiteros, decía que es finalmente la oportunidad que tiene la gente de gozar del derecho de hablar, pero decía: “Es el derecho de hablar a legiones de idiotas”. Eso era lo que decía de las redes sociales. Umberto Eco fue un hombre excepcional en el mundo cultural, porque si bien la semiótica o la semiología tiene una parte científica, él se metió en esta cosa de la forma como nosotros podemos establecer puentes de comunicación, pero también cultivó la literatura pura; hizo mucho ensayo, tiene un libro de ensayos complicadísimos que se llama “El Péndulo de Foucault”, que es un libro complejo metido en disquisiciones entre la comunicación, la filosofía, el lenguaje, la historia, muy complicado; pero tiene para quienes somos un poco menos dados al pensamiento de la filosofía, un conjunto de ensayos que a mí me parece estupendo que se llama “A Paso de Cangrejo”, que son una serie de ensayos críticos de política, en donde desmonta la realidad de Italia, pero de una manera tan lúcida, tan profunda, y creo yo que esos ensayos, que en realidad son artículos de periódico, pero son ensayos por su profundidad y su composición, le dieron origen después a toda esta corriente internacional de escribir el desastre cultural contemporáneo, en el cual están inscritas las redes sociales, como la civilización del espectáculo, o de la frivolidad o de la superficialidad.