“La vida encuentra un camino…”
Dr. Ian Malcolm (“Jurassic Park”)
COLUMNA CORTE… Y, al parecer, también las franquicias cinematográficas algo anacrónicas. Después de la debacle en taquilla y crítica de “Jurassic Park III” (Johnston, E. U., 2001), todo parecía indicar que los dinosaurios empollados por computadora se verían exterminados de la pantalla grande, no por un meteoro, sino por la apatía. Por un tiempo así ocurrió, con un Hollywood seducido por las bondades del CGI canalizando la potencia de sus costosos ordenadores en el desarrollo de una imaginería fantástica proveniente de los cómics, cuando los superhéroes tomaron la estafeta de los colosos escamosos como nuevos adalides de la recuperación financiera de los grandes estudios. Y ahora, a 14 años del estreno de la última cinta en esta saga de tintes prehistóricos, la nostalgia de la juventud noventera propulsa un ansia por recuperar sus debilitados iconos de su generación (y la añoranza es lo único que podría justificar el renacimiento de la franquicia si se es franco y reconocemos a la trilogía original elucubrada por Steven Spielberg como un compendio de clichés del cine “B” que apabullaron al público de aquel entonces con incipientes, pero eficaces creaciones digitales que narcotizaron su capacidad de apreciación narrativa para pasar por alto personajes marinados en conductas y motivaciones triviales, niños insalvables en su chocantería y reflexiones “light” de algún manual de filosofía casera sobre la condición humana versus Darwin, que dotaban a los filmes una apariencia discursiva más allá de su corazón de matiné), ha llevado a la producción de un cuarto episodio que, en su primer fin de semana en cartelera, ha recaudado poco más de 500 millones de dólares a nivel mundial. Supongo que jamás se debe desdeñar el poder económico de la evocación mediática pop, aun si el resultado es un filme pésimo.
“Mundo Jurásico” es básicamente una calca de la primera cinta, respetando todas las trivialidades y pautas banales de la cinta de Spielberg, magnificadas por aparatosos y muy modernos efectos especiales. Tenemos pues, que el sueño del excéntrico billonario John Hammond (el ya finado Richard Attenborough) se ha cumplido, pues su parque de atracciones sobre y con dinosaurios, no sólo se encuentra en pleno funcionamiento, sino que cada año atrae incontables masas a sus puertas. Sin embargo, su directora, la enjuta Claire (Bryce Dallas Howard) cree que el público comienza a aburrirse de las especies que conforman las atracciones (elucubración algo desconcertante porque, siendo honestos, ¿Quién podría fastidiarse del espectáculo de ver a un T-Rex en su hábitat devorando cabras? Yo podría permanecer horas en estático éxtasis viendo defecar a un triceratops, pues éstos estaban, ya saben, EXTINTOS), así que ella, los inversionistas y el grupo de científicos del lugar deciden jugar una vez más a superar a Dios en su juego -en este punto sería prudente alguna de las irónicas observaciones del caotista lujurioso interpretado con gran efecto por Jeff Goldblum- y empalman los genes de varios dinosaurios para crear al quimérico Indominus Rex, una nueva especie de gran ferocidad y el coeficiente intelectual de un Einstein reptiliano, que esperan atraiga aún más multitudes y, por ende, recursos económicos. Pero Owen (Chris Pratt), el asesor / zoólogo / aventurero / veterinario / algo… nunca queda clara su posición laboral en el parque (aunque su atuendo de cazador debería ser una pista) se opone, ya que es el único que tiene claro el riesgo que implica la creación de un animal con sus características y dimensiones. Al final la situación se sale predeciblemente de control y, como sentencia el Dr. Malcolm en “El Mundo Perdio”: comienzan los gritos y las correrías. Al anodino drama se suman los hermanos Zach (Nick Robinson) y Gray (Ty Simpkins), sobrinos de Claire que se encuentran justo ese día de visita en las instalaciones (hablando de suerte perra) y las secuencias de acción se apilan como un compendio de meras situaciones preestablecidas en los filmes anteriores con capa de pintura digital nueva. Los personajes molestan por su incapacidad de proceder con lógica o mínimo sentido común (v. g. el personaje de Claire, quien insiste en distanciarse emocionalmente del peligro obviando soluciones prácticas a varios problemas mientras corre infatigablemente con tacones altos en terreno salvaje), siendo la gota que derrama el vaso el empleo de velocirraptores como aliados sacados de la manga para detener a la imbatible bestia que, según se nos muestra en escenas previas, caza “sólo por deporte”, añadiendo una desconcertante y sangrona cualidad moral al proceder de un dinosaurio hipotético. Aquí, la luz roja en nuestro cerebro clama por que emprendamos la huída de la sala cinematográfica, pues ya no se trata de un divertimento que, por su descabellado manejo de la narrativa prototípica de la ciencia ficción barata y su falta de nobleza argumental que atropelle al espectador con pirotecnia hueca, termine siendo tan mala que eroga en entretenimiento culposo. Esta película es simplemente mala. Una vez más, se requiere una cita de Goldblum para aclarar este punto: Dice el señor Hammond en “El Mundo Perdido” – “Esta vez no repetiré los errores del pasado”, a lo que Goldblum responde: “No, en efecto… está cometiendo unos nuevos”. Esto sintetiza claramente lo que ocurre en “Mundo Jurásico”, y ojalá con esta cinta se extinga la franquicia… pero 500 millones de los verdes me hacen pensar que no sucederá.
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