Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

La doctora Evangelina Tapia Tovar, licenciada en Sociología, actualmente jefa del departamento de esta disciplina académica en el Centro de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, estudió una Maestría en Investigación en Ciencias del Hombre.

La tesis con la que alcanzó este último grado fue sobre el bolero, ese género musical tan gustado para muchos –me incluyo–, tan romántico, concretamente el bolero, las mujeres y la sumisión. El trabajo se llama El bolero latinoamericano y su contribución a la construcción de la identidad de género.

El nombre de la tesis obedece a que en un principio lo fundamental para su estudio era el género del bolero. No la música, desde luego, sino las letras, esto porque en ellas se vierten visiones de la vida, de la sociedad, formas de concebir la manera como deben ser las personas y uno y otro sexo; ideas que generalmente son aceptadas y asumidas como “normales”, “deseadas” y que, como el cine, contribuyen a la educación de nuestros sentimientos, y esto es precisamente lo que se relaciona con este tema; novedoso tema, de la construcción de la identidad de género, que para el caso tiene que ver con la forma como una mujer se entera que lo es, y cómo se asume como tal.

En el proceso de análisis se encontró con cosas interesantes que tienen que ver con la manera en que son representadas las mujeres en los boleros; cómo se las imaginan los hombres, porque claramente el lenguaje del bolero es un lenguaje masculino, dado que en su mayoría quienes los compusieron fueron hombres.

Y sin embargo también hubo mujeres que los escribieron, por ejemplo, Consuelito Velázquez, María Grever, pero en general el lenguaje del bolero es un lenguaje masculino. El hombre le habla a la mujer y la representa de ciertas maneras. Lo mismo ocurre con el amor. El bolero expresa una concepción determinada sobre éste, masculina.

Esto último fue una de esas cosas que el investigador que no prevé, y que se descubre sobre la marcha. Por eso le pareció muy interesante ver cómo representa el hombre a la mujer a través de estas expresiones artísticas.

La conclusión es que había cierta situación de sumisión femenina, presente en las letras de los boleros, que promueven lo que se puede denominar como roles clásicos.

Piense, por ejemplo, en la madre, que en los boleros aparece frecuentemente como una vieja que sufre, que es abnegada y, sobre todo, que carece de sexo. Temáticamente hablando la esposa es pariente de la madre, que en términos generales es representada de la misma manera, y sobre la cual hay poquitas canciones.

Las pocas características de las mujeres tienen que ver con rasgos depositados en los hijos; mujeres en tanto madres; mujeres en función de los hijos. Se habla de rasgos físicos pero sus rasgos tienen que ver con el cariño, el afecto, la tranquilidad.

Por otra parte, en los boleros el espacio de la mujer, la esposa, la madre, es la casa. La madre que no la tiene, es la mujer pobre, a la que el hijo no ayudó. Pensemos por ejemplo en Cariño y verdad, que la mujer, por la mamá, está por allá triste, sufriendo, sin casa, sin comer, y el mal hijo es aquel que no la atendió.

Otras mujeres, y ahí sí hay muchísimos boleros, son aquellas a las que se quiere conquistar. Hacia ella van todos los piropos, la pleitesía, el enamoramiento. Por ejemplo, está Gema: Tú, como piedra preciosa, como divina joya, valiosa de verdad… Si mis ojos no me mienten. Si mis ojos no me engañan…. Tu belleza es sin igual. Tuve una vez la ilusión de tener un amor que me hiciera valer, luego que te vi, mujer, yo te supe querer con toditita mi alma.

Normalmente se presenta a las mujeres de una manera inocente, faltas de experiencia en el amor –que frecuentemente tiene una connotación erótica; sexual–, porque luego encontramos otras que sí la tienen, que casi siempre son las mujeres que tienen como cierta capacidad de decidir si aceptan o no al hombre. Entonces, aquellas que osan rechazar al hombre, son vistas como unas ingratas, traicioneras, perjuras, tienen corazón de hierro, etc. Parientas de estas con aquellas que han engañado a los hombres, que son traicioneras, perjuras, hipócritas, basura, etc.

Algunas no forzosamente tienen experiencia amorosa, pero muestran cierta iniciativa personal, independencia del hombre… En cambio las que carecen de esta experiencia, la madre, la esposa, están a la espera del reconocimiento del hombre, mientras que las que no aceptan el amor del hombre, o las que lo traicionan, plantean una participación más activa.

Otros que hablan de las mujeres en tanto prostitutas, mujeres con experiencia amorosa, pero socialmente malas, moralmente malas. Y sin embargo, entre ellas también las hay buenas. Las malas hacen uso de su conocimiento en el amor para utilizar a los hombres, cobran, tienen dinero, acumulan bienes.

Las prostitutas buenas fueron arrastradas a esa vida por las circunstancias, por ejemplo en Flor de azalea, la vida en su avalancha te arrastró. Otra vez las mujeres no tienen voluntad. Son llevadas a esa vida por amor, la pobreza, la necesidad; por la vida. Pero no son mujeres con capacidad de decisión. Esas mujeres pueden ser salvadas. Entonces el hombre se presenta como el salvador, el redentor, puede volverlas su compañera de vida, para que tomen roles de esposas, madres, que es el rol tradicional de las mujeres.

Los boleros, los románticos, amorosos, inocentes, boleros… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).