Mujeres e influencia pública

Itzel Vargas Rodríguez

“Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de este derecho”, dijo con voz estruendosa Clara Campoamor en 1931 frente a las Cortes de España cuando defendía el voto femenino, convirtiéndose en una de las impulsoras de este sufragio en aquél país.

Si volteamos a ver a la historia, podremos darnos cuenta que prácticamente es muy reciente cuando a la mujer se le comenzó a dar visibilidad equitativa, es decir, trato equitativo.

Lastimosamente, como cualquier lucha faraónica, sabemos por ende que existen muchos aspectos en los que las mujeres siguen siendo trastocadas en libertades, trato, respeto a los derechos humanos e igualdad sustantiva.

El campo de la política ha sido el escenario idóneo en donde se han gestado importantes batallas. Basta tomar en cuenta que tiene muy poco, cosa de un par de años, el establecimiento de la paridad y las cuotas de género, que, por cierto, han sido ampliamente criticadas porque dan pie, por ejemplo, a “colocar”mujeres con dudosa capacidad en puestos públicos decisivos para la sociedad. Es entendible el argumento, pero también hay que tomar en cuenta que hay muchos hombres que históricamente han sido también “colocados” de igual forma y han presentado el mismo caso de incapacidad. Lo importante es que es un comienzo hacia visibilizar la presencia de la mujer en un ámbito históricamente monopolizado por hombres.

Pero dejemos la parte polémica y vayamos a los resultados. La OECD publicó hace un tiempo el texto “El impacto del liderazgo político femenino en la democracia y su desarrollo” que da cuenta con datos y análisis de una premisa interesante: cuando la presencia de mujeres en puestos públicos supera el 30%, el funcionamiento de la localidad/estado/país mejora.

Partamos de que la política es un arte multidisciplinario, y por lo mismo es entendible que el sector femenino pueda armonizar muchos más aspectos relacionados con la sensibilidad de las necesidades sociales, la capacidad para llegar a acuerdos y gestionar sencillamente, una visión distinta.

Como cualquier práctica, la política debe ser integral. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), analizó el papel de la mujer en los parlamentos latinoamericanos y encontró que los mejores desempeños legislativos se encontraron donde hay leyes de paridad y alternancia y, en cambio, la situación no es tan favorable para aquellos países que dificultan la implementación de cuotas y donde además, la legislación es débil (como Brasil o República Dominicana).

Sin embargo, y pese a esa buena noticia, se encontró que el incremento de legisladoras no tiene en realidad una expresión automática en el acceso a posiciones de autoridad en las Cámaras. Y tiene bastante lógica, simplemente analicemos cuántas mujeres en puestos directivos hay en los diferentes niveles del gobierno. Así que, bueno, el tema seguirá.

Y si nos vamos a analizar el tema electoral, también encontraremos por ejemplo que el electorado en varias partes del mundo, está premiando significativamente con su voto a un nuevo tipo de líder en la sociedad: precisamente la mujer. Veremos cómo en países como España, la gente encuentra encarnado en el género femenino factores como la empatía, la cercanía o la credibilidad y este es un aspecto interesante a analizar, por ejemplo, en las elecciones locales que tendremos próximamente. ¿Qué tipo de mujeres se verán beneficiadas con el voto?, y ¿qué tanto cambia la agenda de trabajo social con la llegada de ellas?

La invitación sería a decirle sí a la llegada de ellas tanto por paridad, equidad o igualdad sustantiva, pero también, porque ya está comprobado que las sociedades funcionan mejor cuando la política es mixta. Pongámoslo en términos académicos. ¿Se acuerda cuando en las escuelas se separaba en las aulas a los hombres y mujeres? Al final, el sistema educativo y los pedagogos encontraron que es mejor cuando la convivencia es mixta y aunque sigue habiendo instituciones con esa separación, predomina ahora ese modelo, justamente, por los resultados.

Tomar esto en cuenta es ya una necesidad de las sociedades, que no, de una mera opinión. Los papeles hablan, como dice el dicho, y los resultados a nivel mundial, también lo están haciendo.

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