mucha aguaItzel Vargas Rodríguez
Desde hace dos semanas las lluvias llegaron a azotar como hacía rato no se veían tan tupidas en nuestro estado justo en épocas de lluvias. Por supuesto, el agua tiene sus beneficios, como propiciar el crecimiento de las plantas y la proliferación de los cultivos, pero también vemos cómo un simple compuesto, el agua, nos puede traer tanto caos en cuestión de minutos.
Y es que bien dicen que “el agua no avisa” y cada quien tendrá ya su historia reciente desde quien lo agarró el agua al ir al trabajo, quien se quedó varado en medio del agua en plena avenida, quien se le inundó su casa, a quien se le dañaron los amortiguadores o las llantas en los baches… en fin. Pero eso sigue siendo parte de las consecuencias de un fenómeno natural.
Y acompañado de este pequeño caos, el fin de semana se vino otro fuerte, la carencia de gasolina en este estado y en otros aledaños, que provocó una ligera sensación de pánico, generando filas kilométricas en las estaciones de gasolina, una ola de incertidumbre sobre qué iba a pasar o cómo se iba a regularizar el caso y un ansia indescriptible por obtener este combustible.
Los motivos del porqué había sucedido este hecho hasta el momento han sido hipótesis que coinciden en algunas cosas pero no confirman mucho. Una teoría dice que no se alcanzó a abastecer toda la región centro y era preferible mandar todo el combustible al Distrito Federal que a provincia, para no generar tanto caos en la capital del país y dar tiempo a abastecer paulatinamente los otros estados.
Otra teoría se refería a las perforaciones ilegales o tomas clandestinas del combustible como causantes y una más, que ha sido la más popularizada en medios nacionales es que hubo un cambio en el sistema de facturación de PEMEX, que tuvo fallas porque no hubo un programa piloto antes de programarlo, lo que ocasionó retrasos de casi cuatro días en el país.
Tanto en el tema de las lloviznas es obvia la carencia de infraestructura adecuada que garantice la comodidad y bienestar de los habitantes al transportarse, y en el tema de la gasolina, que necesitamos atenernos a planes de contingencia que prevean casos de crisis social del tipo y también, a saber lidiar los problemas sin pánico… no es cosa fácil pero de planificarse ahorraría muchos disgustos y desgastes.
Estos dos hechos sólo nos demuestran una cosa: no estamos acostumbrados a lidiar con lo inesperado o para ponerlo en términos catastróficos, con las crisis.
Y entre menos preparados, más caóticas se nos vendrán las cosas. Tendríamos que empezar a darle pues la bienvenida a la cultura de la prevención y la planeación, como vastos ejemplos tenemos en otros países como Japón, que ni con toda la magna infraestructura, pudieron prever la llegada de catástrofes naturales como los tsunamis, pero a pesar de ello, ahora se han rehabilitado de forma ejemplar.
Desde nuestro metro cuadrado, incluso desde nuestro estado, podríamos tropicalizar modelos de prevención eficientes que nos permitan lidiar más fácilmente con las crisis.
Así pasa, muerto el niño tapado el pozo, lo malo es cuando dejamos pasar el tiempo y se nos olvida tapar, incluso, el pozo.

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