Luis Muñoz Fernández.

En realidad, lo que la actitud católica ante la eutanasia pone de relieve es su dificultad, y quizá la de las religiones en general, para asumir las consecuencias de la afirmación de la autonomía moral individual, una dificultad que viene complicando la existencia a los católicos y no católicos desde hace ya unos cuantos siglos.

Ricardo García Manrique. Bioética y cine en Morir en libertad, 2016.

De los diferentes significados que tiene la palabra “conforme” conviene para los fines de lo que sigue señalar dos: resignado y paciente en las adversidades y satisfecho o contento con algo. De esas dos acepciones contenidas en el diccionario, nos interesa en especial la segunda, que es la que Hans Küng utiliza a la hora de rescatar el verdadero significado de la eutanasia: “una muerte con una completa conformidad, una profunda satisfacción y una paz interior”.

Hans Küng (Sursee, Suiza, 1928) es un sacerdote y teólogo católico de mucho prestigio, no sólo porque es un verdadero maestro de su disciplina, sino porque ha impulsado varios proyectos relativos al fomento de una ética mundial que conduzca al ecumenismo. Para los católicos actuales es una referencia obligada, aunque haya defendido posturas que se alejan de la doctrina oficial de la Iglesia Católica, cuestionando, por ejemplo, la infalibilidad papal. Entre otras cosas, fue por ese cuestionamiento que Juan Pablo II le retiró la licencia para enseñar teología católica en 1979, aunque prosiguió su labor docente  como  catedrático de teología ecuménica en la famosa Universidad de Tubinga, Alemania.

Hace unos años Hans Küng publicó un libro en colaboración con Walter Jens, filólogo y amigo, titulado Morir con dignidad. Un alegato a favor de la responsabilidad (Editorial Trotta, 2010), en donde expresaba su postura sobre la eutanasia que también difiere sustancialmente de la que guarda la Iglesia Católica. Este tema le ha preocupado por diversas razones, entre ellas las personales, pues siendo un hombre de edad avanzada siente ya la cercanía de la muerte. Por ello, decidió recientemente poner al día y redondear aquellas reflexiones en un libro que se titula Una muerte feliz (Editorial Trotta, 2016).

La cuestión central de esta obra puede resumirse en este párrafo que aparece en sus primeras páginas:

¿Cómo un Dios que ama a sus criaturas puede obligar a los seres humanos a perseverar en el sufrimiento? El dogma de la indisponibilidad de la muerte propia es, contemplado a la luz de sus consecuencias, en esencia inhumano.Küng dedica varias páginas a la atención médica humanitaria. Para él, la norma fundamental en la práctica médica debe ser un carácter humanitario en la asistencia que alcance hasta la muerte. Y aunque aclara que no hay oposición entre la asistencia para una muerte digna y los cuidados paliativos –todo lo contrario, pues son complementarios–, lanza una advertencia sobre estos últimos en el sentido de que se reconozcan sus limitaciones y que no se abuse de estos cuidados ahora que la medicina ofrece varios recursos que pueden mantener casi indefinidamente un organismo humano con vida.

Cita incluso al sociólogo Reimer Gronemeyer, quien advierte en el Movimiento Hospicio, dedicado al cuidado de personas en la fase final de su vida, un peligro: “El Movimiento Hospicio quería un nuevo acompañamiento humano. Lo que vemos por ahora es en realidad la evolución de un aparato dominado por la medicina, que va adquiriendo cada vez más los rasgos de una nueva sección en la asistencia médica en el hospital, una asistencia que es cada vez más refinada, que cubre cada vez más necesidades y que en cierto modo se está volviendo cada vez más perfecta, pero que en ocasiones da la impresión también de que en el horizonte se ve aparecer algo así como una asistencia industrial del moribundo. […] Desearía una medicina paliativa, incluso un Movimiento Hospicio, que se limite a sí misma y que exprese con claridad lo que puede y lo que no puede hacer”.

Una de las palabras clave de Una muerte feliz, que ya aparecía en el anterior libro de Küng sobre la eutanasia, es “responsabilidad”:

De la dignidad del ser humano se desprende el derecho de autodeterminación para su vida, para toda la vida, también para la última etapa, la del tránsito hacia la muerte. Del derecho a la vida no se desprende en absoluto ninguna obligación de vivir, de continuar viviendo a toda costa. Según las creencias judía, cristiana y musulmana, la vida humana que el ser humano no debe a él mismo, es en definitiva un regalo de Dios. Pero, al mismo tiempo, la vida –según voluntad de Dios– es también una misión del ser humano. Así disponemos de nuestro propio testamento responsable (¡no ajeno!). Esto es válido también para el final de la vida, para el tránsito hacia la muerte. La eutanasia hay que entenderla como una ayuda vital última. […] La vida como regalo de Dios y como misión del ser humano.

A partir de la idea que de la vida toda, incluyendo el tránsito hacia la muerte, es una misión cuya responsabilidad atañe al ser humano, Küng plantea la necesidad de un cambio de paradigma en la contemplación de la vida humana. Y lo plantea en sus dos extremos: tanto al inicio de la vida como al final de la misma.

Reconoce que ese cambio de paradigma debe atender lo que hoy sabemos sobre la vida y la muerte gracias a la biología y a la medicina. Ejemplos de ello son el descubrimiento de los modernos métodos anticonceptivos y los avances que permiten prolongar la duración de la vida humana. Y no titubea cuando señala que, pese a estos conocimientos y descubrimientos, la Iglesia Católica persiste en predicar a los creyentes una doctrina errónea sobre la concepción de la vida y su terminación.

Ferviente creyente de la existencia de Dios y de la vida eterna, Hans Küng pide en este último libro un debate abierto y profundo sobre la eutanasia y, con la responsabilidad antes citada, se pronuncia a favor de la eutanasia activa bajo ciertos supuestos y también lo hace en relación al aborto bajo determinadas circunstancias que van más allá de la postura oficial de la Iglesia Católica. Todo esto recuerda lo planteado por Peter Singer, profesor de Bioética de la Universidad de Princeton, en su obra Repensar la vida y la muerte (Paidós, 1997):

Al igual que la cosmología anterior a Copérnico, la doctrina tradicional de la santidad de la vida humana es hoy en día un profundo problema. […] Las nuevas técnicas médicas, las sentencias en procesos judiciales que han marcado un hito y los cambios de la opinión pública están amenazando constantemente con derribar por completo el edificio. […] Es el momento de otra revolución copernicana. Será, una vez más, una revolución en contra de un conjunto de ideas que hemos heredado de una época en que el mundo intelectual estaba dominado por una actitud religiosa. […] La visión tradicional de que toda la vida humana es sacrosanta no es capaz de hacer frente al conjunto de problemas a que nos enfrentamos. La nueva visión ofrecerá un planteamiento nuevo y más prometedor.

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