Paloma Villanueva
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO .- Reducir la cintura una o dos tallas de forma inmediata suena tentador, pero las fajas que prometen darte una cintura de avispa pueden lesionar la piel, modificar la forma normal de la columna vertebral e incluso provocar la formación de coágulos, advierten ortopedistas.
Tras varios meses de uso constante, las fajas elaboradas con poliéster y poliamida que tienen la apariencia de un cinturón muy grueso, debilitan los músculos de la zona central del cuerpo que suelen mantener las curvaturas normales de la columna, explica la ortopedista María del Carmen García.
“Como estás poniendo algo externo para hacer la función que normalmente deberían tener tus músculos abdominales, el músculo se pone flojo y cuando te quitas la faja los músculos quedan lánguidos, muy flexibles y sin tonicidad.
“Eso a la larga provoca alteraciones de las curvaturas de la columna como son hiperlordosis, escoliosis y posteriormente dolores a nivel de la columna, tanto en la parte lumbar como en la parte dorsal”, aclara la ortopedista.
Las fajas que más comprimen son las que más modifican la curvatura natural de la columna lo que es especialmente riesgoso cuando se trata de una persona con sobrepeso.
“Es muy probable que presente alteraciones como la compresión en el nervio ciático, lo que produce un dolor muy intenso, hay alteración neurológica, disminución de la fuerza muscular, adormecimiento de las piernas y todo por una faja”, subraya.
La también ortopedista de la clínica Rehab Sport, señala que tanto las fajas tipo corset, de licra gruesa ajustable o de látex y forro de algodón, como las que tienen imanes, pueden provocar lesiones en la piel.
“Una de las complicaciones más frecuentes que tenemos son lesiones dérmicas, pueden llegar a quemar por fricción, causar úlceras o lesiones tipo lacerantes, que son como escoriaciones”, explica.
Ricardo Esquivel, especialista del Hospital de Traumatología y Ortopedia Lomas Verdes del IMSS, coincide en que las afectación mayor es la modificación de la curvatura normal de la columna, pero agrega que el uso de fajas también aumenta el riesgo de trombosis.
“Si nosotros apretamos en la zona del abdomen unas venas que se llaman mesentéricas, podemos provocar una trombosis mesentérica que es muy riesgosa, lo que sucede es que se forma un coágulo que bloquea el flujo de sangre al intestino y puede provocar daño grave”, explica el ortopedista.
No todas las personas que usan fajas van a desarrollar esta condición, aclara, sino aquellas con afecciones previas de los vasos sanguíneos.
Por otro lado, Esquivel advierte que las fajas más apretadas alteran la velocidad de la respiración, ya que mientras lo normal es inhalar y exhalar alrededor de 23 veces por minuto, el uso de una faja muy apretada puede obligar a la persona a respirar el doble de rápido, forzando a su corazón y sus pulmones.

Sin kilos menos
Las fajas de materiales sintéticos que prometen hacer sudar hasta disminuir tallas, simplemente favorecen la pérdida de líquidos que se repondrán cuando la persona se rehidrate explica la ortopedista María del Carmen García.
La especialista apunta que aunque una faja puede moldear la cintura para hacerla ver más pequeña, el efecto desaparece en cuanto la persona deja de usar la prenda y, de hecho, usar una faja durante un año o más y después abandonarla, puede favorecer el abultamiento de la zona abdominal.
“Cuando dejan de usar la faja presentan un aumento de peso y volumen en la parte abdominal, son personas que parecen mujeres embarazadas porque sus músculos perdieron la fuerza y ya no pueden sostener los intestinos y los tejidos internos”, explica.