"Lee-Espacio Animal"
Por Amigos Pro Animal

“El corazón puede mostrarte más de lo que los propios ojos pueden observar”.
El paso del tiempo nos ha dado lecciones para tratar de comprender lo que en ocasiones parece incomprensible. Los andares y las situaciones que se enfrentan día a día son siempre tan diversos que cada uno representa una sorpresa y merece una particular manera de asimilarlo.
A pesar de todo esto, la mayor de las lecciones que aprendemos a diario en esta labor es la de la fortaleza, cada uno de los pequeños seres que por alguna razón deben ser rescatados, nos demuestra que nada ni nadie puede ni debe interponerse en tu camino, que cada situación, por más compleja que parezca, tiene una solución. Debajo de cada paso difícil siempre hay un poco de arena que hace más suave el andar y mucho más fácil se hace este andar si va acompañado de cuatro patitas.
Uno de los más grandes ejemplos nos los dio una pequeñita sin ojos, pero con un gran corazón, una gran sobreviviente tan segura de sí que no especulaba en lanzarse ante los más grandes retos, una increíble guardiana que no dudaba nunca en defender a su manada, una simpática peludita que a pesar de no poder ver, seguía sus instintos levantando su pequeña nariz rosada. Tan pequeña y tan valiente.
Su vida aunque pareciera trágica desde el inicio, le fue dando la seguridad de sentirse tan grande como si fuera un San Bernardo, a pesar de que era tan solo una pequeña Poodle… Quizás el tener su ceguera desde cachorra, le permitió creer el cuento de que era una feroz y valiente perrita de protección.
Cada día con ella fue una aventura, desde el escucharla ladrar porque no podía bajarse de la cama hasta el llevarla de paseo teniendo que ir diciendo su nombre durante el recorrido para que se sintiera segura y acompañada. Ella hacía de cada una de estas acciones un reto y además lo disfrutaba como si fuera el último de su vida.
Hoy esta pequeña guerrera ya no nos acompaña físicamente, aunque sabemos que nos protege y guía desde el cielo, no podemos dejar de extrañarla ni recordarla en cada momento y rincón del hogar.
Gracias por existir pequeña Lizzy, gracias por llenar nuestras vidas de amor y fortaleza y por ser ejemplo de que todos los retos pueden ser superados, aunque parezcan tan difíciles como el simple hecho de asimilar tu partida.