Fernando López Gutiérrez

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Durante la semana pasada dos acontecimientos vinculados con las actividades del gobierno federal fueron motivo de gran difusión por parte de los medios: la disculpa del Presidente Enrique Peña Nieto por lo ocurrido en el caso de la denominada “Casa Blanca” y la presentación del nuevo Modelo Educativo por parte del Secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño.

Llama la atención la importancia que las propias autoridades confirieron a la divulgación de estos mensajes, debido a que la recepción favorable que la ciudadanía podría tener respecto a su contenido resulta dudosa e incierta. En el primero de los casos, se retoma el asunto que ha propiciado el mayor daño a la aprobación del Presidente por parte de los mexicanos y con esto se reanima una discusión de la cual difícilmente la actual administración podría salir bien librada; en el segundo de ellos, se propone una serie de medidas encaminada a atender un asunto que para estas fechas ya debería presentar resultados claros, proyectando el inicio de su funcionamiento hasta el año 2018.

Es notoria la intención del Gobierno de la República de revertir la opinión negativa que la población tiene sobre su desempeño; sin embargo, este tipo de estrategias tan sólo demuestra la desesperación que priva en el grupo cercano al jefe del Ejecutivo por mejorar sus magros niveles de aceptación y exhibe la falta de ideas y opciones que se tienen al respecto. Ante la carencia de resultados y el deseo de generar empatía se asumen riesgos cada vez mayores, los cuales pueden colocar al gobierno actual en una posición aún más complicada.

Rumbo al Cuarto Informe de Gobierno de la presente administración, se sigue observando en las decisiones que se toman desde Los Pinos una profunda insensibilidad y una clara incomprensión de la realidad que vive nuestro país. Da la impresión que quienes aconsejan al Presidente creen que un acto de supuesta humildad es suficiente para recuperar la confianza perdida; se percibe que, desde su perspectiva, es posible lograr que una reforma más haga olvidar los resultados limitados conseguidos con las anteriores. Desde el lugar más alto de la autocomplacencia, sordos e inmunes a la crítica, los tomadores de decisiones del presente gobierno siguen moviendo a México, sin saber a ciencia cierta hacia dónde y, tal vez, sin que esto realmente les importe.