Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En los tiempos actuales suceden casos preocupantes con algunos alumnos y alumnas de las escuelas secundarias. Afortunadamente, la inmensa mayoría de estos educandos son adolescentes, inquietos, pero se dedican a sus estudios y a convivir sanamente con sus compañeros. Sin embargo, hay grupos pequeños y estudiantes solitarios que, entre otras cosas, con sus celulares buscan formas de tomar fotografías indecorosas a sus compañeras para luego difundirlas a través de las redes sociales; otros, son insistentes en hacer tocamientos; otros más, son proclives a la violencia y a la drogadicción; y hasta hay casos aislados con intentos de suicidio. ¿En qué lugares de la escuela se registran, con mayor frecuencia, estos hechos o los intentos para cometer actos inmorales? En todos los espacios de la escuela hay riesgos; pero en donde se ha detectado la mayor incidencia, de los hechos descritos, ha sido en los baños tanto de los hombres como de las mujeres.
Ante este orden de hechos, varias escuelas secundarias han tomado medidas preventivas como las siguientes: en los salones de clase, las maestras y los maestros, aparte de dar sus clases académicas, cuidan la sana convivencia entre los educandos, practicando valores y evitando actos de violencia y de discriminación. Los prefectos, las trabajadoras sociales y el personal directivo, están pendientes para evitar que haya alumnos (sin ningún motivo) en los patios y en los pasillos de la escuela en las horas de clase. Y durante el tiempo que se destina al refrigerio o al recreo, los maestros, el personal de apoyo y parte de los directivos, se distribuyen estratégicamente en los patios, en las canchas, en los pasillos y en los contornos de la escuela, con el fin de estar vigilando que los estudiantes dediquen el tiempo para consumir sus alimentos, jugar y entretenerse y convivir sanamente entre ellos; y también están atentos para evitar conflictos, pleitos y posible introducción de drogas. (Estas modestas medidas de prevención contribuyen con los programas que despliegan los tres niveles de gobierno).
En algunas escuelas, los padres de familia, de común acuerdo con los directores, han contratado, con sus propios recursos, a personas que están destinadas exclusivamente y de manera permanente al cuidado de los baños y de las alumnas y alumnos que hacen uso de éstos. Estas personas, mujeres todas ellas, con un aceptable nivel de preparación, de trato amable y muy responsables, están cuidando (desde el pasillo) que los hombres no entren, ni se asomen, al baño de las mujeres; que no intenten tomar fotografías con los celulares; que hagan buen uso de los servicios sanitarios y que no rayen las paredes; que saliendo de los baños, de inmediato regresen a sus salones de clase; y en caso de observar una actitud sospechosa de algún alumno o de alguna alumna, si se trata del baño de las mujeres, ellas pueden entrar a él, con la discreción necesaria, para evitar algún hecho indeseable; y si se trata del baño de los hombres, ellas comunican de inmediato al personal directivo para que sea éste el que haga lo conveniente y necesario en el caso reportado; todos los hechos anómalos se deben informar al personal directivo y éste, a su vez, a los respectivos padres de familia para que de manera conjunta y pertinente encuentren las mejores soluciones de los casos.
Como se entenderá, al interior de varias escuelas, los directivos, los maestros, el personal de apoyo y algunos padres de familia, hacen lo que está en sus manos para evitar, hasta donde les sea posible, prácticas indeseables del alumnado y tratar de conducirlos hacia una mejor formación humana. Tal vez nunca sean suficientes las medidas preventivas que se ponen en marcha en las escuelas ante los diversos fenómenos sociales que diariamente se suscitan en ellas; pero hay esfuerzos que se hacen de buena fe y de manera constante; y estos esfuerzos preventivos, aunque modestos, han evitado intentos bochornosos, que de haberse concretado habrían socavado, más aún, la imagen de la educación que se otorga en los planteles. Sería muy bueno, que todos los padres de familia iniciaran desde sus hogares, como lo hacen muchos, enseñando con la palabra y con los ejemplos, los valores universales a sus hijos; y que también estuvieran pendientes de los distintos espacios en los que asisten y conviven sus hijos para evitar, a tiempo, posibles desvíos. Si los padres de familia, desde sus hogares, cumplen con la alta responsabilidad de formar a sus hijos y las escuelas, a través de los maestros, continúan con esa formación, hay la posibilidad de integrar una mejor sociedad, como es el deseo de todos.