Carlos Rubio / Agencia Reforma

GUADALAJARA, Jal.- Román Rafael Medina estaba en su casa, con su esposa, viendo el partido de los Xolos contra el América en la Copa MX cuando tuvo un flashback.

La imagen de Pablo Aguilar dándole un cabezazo a Fernando Hernández al final del encuentro le refrescó la memoria ya que él fue agredido por Rubens Sambueza hace siete años en un amistoso entre Tecos y Atlas, pero con un desenlace diferente.

“Pensaba que ojalá lo apoyaran (a Hernández) como no me apoyaron a mí porque se siente muy fuerte después de una acción de ésas”, dijo el ex árbitro.

Mientras a Aguilar lo suspendieron un año, a Sambueza sólo le dieron cinco partidos y la mayoría los pagó en amistosos. Román Rafael Medina trabajó un torneo más y luego la Comisión de Árbitros presidida por Aarón Padilla lo dio de baja.

El golpe anímico fue brutal para el ahora ex silbante, quien se fue a vivir a Santa Rita, una comunidad de Ayotlán, Jalisco, donde trabaja para el Ayuntamiento, en el impulso del deporte entre niños y adultos mayores.

“Después de salir (del arbitraje), eso afectó mi familia y mi entorno, caí en una depresión bárbara, porque era mi vida. Pedí apoyo psicológico, estuve dos años, y fue muy doloroso”, recordó.

“El partido fue un 28 de diciembre y el 31, en vez de estar festejando, a las 9 de la noche estaba viendo programas que no tenían nada que ver con futbol; definitivamente ¿cuál festejar?”.

Terminado el partido entre Tecos y Atlas, Medina recibió una llamada del instructor Francisco Ramírez quien le pidió que describiera la acción y no la calificara.

“Al saberse expulsado el jugador Rubens Sambueza, se dirigió a mi persona corriendo y me dio un golpe con su cabeza, pegándome en mi pecho y mi barbilla, acto seguido, lo detuvieron sus compañeros”, refirió sobre su reporte en la cédula.

Al día siguiente del incidente, Carlos González Iribarren, instructor de la Comisión de Árbitros, lo contactó para que le enviara la cédula.

“Todavía no sé dónde quedó esa mentada cédula, no sé ni cómo la tomaron. Definitivamente, se habló mucho de que había ayudado con no reportar y que no había hecho las cosas bien. Involucraban más cosas, que había recibido un carro, que me mandaban regalitos a mi casa, que yo, no conforme, quería más. Sigo siendo el mismo y no es así”.

>>¿Hablaste con Sambueza, después del incidente?

“Nunca. Perdonar cuesta mucho y perdoné. Dejé de ver partidos, dos años duré sin ver juegos porque empezaban y, por más que quería hacerme fuerte, empezaba a llorar. Poco a poco fue sanando la herida.

“Él sabe lo que hizo, sabe cómo pasaron las cosas y que por esa situación yo salí del arbitraje, porque el hilo más delgado era el árbitro y el más grueso, él, porque hay muchos intereses. El árbitro a nadie le importó y eso ya pasó”.