Desde varios frentes, los comerciantes de la Zona Centro quieren que las autoridades los saquen a flote, mediante una serie de medidas que les permita volver al esplendor que tuvieron hace varias décadas, pero sin que hagan un esfuerzo relevante que les permita recuperar la atención de la clientela que prefiere los centros comerciales y el ambulantaje.

La queja recurrente es que los han “dejado solos”, provocando el cierre de numerosos negocios, lo que, efectivamente, es algo inocultable, ya que basta observar el número de tiendas que dejaron de funcionar y de otras que a pocos meses de inauguradas también bajan las cortinas.

Afirma el presidente de la Asociación de Comerciantes del Centro (Acocen), José Ventura Soledad Reyes, que “las calles del centro citadino se están muriendo” y responsabiliza de ello a las grandes tiendas que hay en distintos puntos de la ciudad y a los vendedores informales, por lo que hay negocios que tenían varios años y se han visto obligados a clausurar.

Una de las arterias más perjudicadas es la Avenida Adolfo López Mateos, que según el directivo “el 15% de los locales cierran o cambiaron de giro”, pero hay otras que también registran espacios sin utilidad alguna, por lo que demandan apoyos, aunque Soledad Reyes no especifica de qué tipo y quién los aportaría.

Es incuestionable que algo tiene que hacerse para recuperar la atención del público, pero esto no se va a lograr con quejas y reclamos, y tampoco con señalar culpables, sino mediante un análisis profesional que permita conocer lo que tiene, qué propuestas hay para revertir la situación y hasta dónde están dispuestos a sacrificarse para alcanzar el objetivo.

De manera inicial se tienen dos factores que dañan fuertemente a los negocios: la falta de una investigación de quien proyecta iniciar, para conocer si el ramo que escogió tiene futuro, porque es común en las calles López Mateos, Madero y Morelos, entre otras, que se abra un negocio y al poco tiempo lo cierren, con lo que se pierde una inversión de varios miles de pesos.

Sumado a lo anterior está el costo del alquiler del local, que no es cualquier cosa, pues para un negocio que inicia es la carga más pesada, ya que cada mes tiene que aportar esa cantidad, junto con los recibos de energía eléctrica, agua y teléfono, por citar lo más elemental, lo que se agrava si contrata personal.

Son elementos en que nada tienen que ver las grandes tiendas ni los vendedores ambulantes, por lo que bien haría la Asociación de Comerciantes del Centro en ofrecer asesoría a los que tienen algún propósito antes de que lo emprendan; al mismo tiempo –aquí sí-, buscar el apoyo de las autoridades para que convenzan a los propietarios de las fincas, de no aplicar rentas tan elevadas, e inclusive se cree un plan de respaldo al que comienza, que le sirva de acompañamiento mientras se consolida.

Asimismo, tienen que entender que la publicidad de los negocios es fundamental para atraer el interés de los compradores, que no esperen al programa de noviembre para reducir los precios, sino que sea algo cotidiano, que el pueblo tenga presente que cada vez que acuda a una tienda del centro encontrará un buen precio y algo más.

Como tercer punto, es necesario que no sean tan ahorrativos y tengan la iluminación necesaria. Hay lugares donde apenas se distingue a los que están atrás del mostrador, lo que es una invitación para pasar de largo.

Por último, se requiere capacitar al personal, que su trato sea siempre amable, ya que hay lugares en que apenas responden “no hay” sin tener la atención de ofrecer otro producto, aun cuando no sea exactamente el que busca el cliente. Los comerciantes de antaño tenían como norma que quien entraba a su tienda tenía que comprar algo, así fuera un par de calcetines o medias o unos pañuelos.

Más que mirar hacia el bosque hay que detenerse frente al árbol más cercano y considerar la fronda que pueda ofrecer, lo que seguramente les dará mejor resultado que reprochar lo que otros hacen.

TEMOR A SER AHOGADOS

Políticamente hablando, el agua ha dado mucho y también puede quitarlo todo, por lo que es normal que en Acción Nacional le den bastante atención a este elemento ante la proximidad de las campañas electorales.

Saben que fue el tema que utilizaron en 1995 para ganar los comicios en el municipio de Aguascalientes y que colateralmente ayudó para lograr lo propio en Calvillo, Cosío y Rincón de Romos. El enfoque que le dieron fue el rescate del sistema de agua, que un año antes pasó a poder de la empresa SAASA, convertida luego en CAASA y hoy en Proactiva Medio Ambiente, generando las condiciones para que la irritación social que provocó dicha medida se tradujera en votos a favor de los candidatos panistas. Aunque sólo afectaba a los habitantes de la capital, el asunto fue una caja de resonancia en los demás municipios, al esparcirse el rumor de que se privatizaría el servicio en todo el estado.

Han transcurrido dos décadas y los políticos no lo olvidan, por lo que en la proximidad de que se registre el relevo en el ayuntamiento, acercan nuevos leños al fogón en espera de que alguien caiga entre las brasas. En las últimas semanas aumentó el debate sobre la concesión del agua, llegándose a legislar para que no se corte el servicio a los deudores que deben recibir un mínimo, pero no pueden quedarse sin él, situación que mantiene en un “toma y daca” a los que defienden el derecho de CAASA Proactiva de cobrar el total del líquido y quienes exigen el cumplimiento de la ley.

De la misma manera, el Juzgado Tercero de Distrito rechazó la petición de la empresa para llevar a cabo los cortes en las viviendas y lo mismo ocurre con escuelas y hospitales, a los que pretende que paguen y que los funcionarios se niegan, lo que se mantiene en suspenso hasta que el Tribunal Colegiado de Circuito dé a conocer la sentencia.

El nerviosismo en las filas panistas llegó al Cabildo de Aguascalientes con el reclamo del regidor Refugio Muñoz de Luna a su compañera Carmen Lucía Franco Ruiz Esparza, de que si no se hubiera reformado el Título de Concesión en 1996, no habría problemas ahora. En aquel momento, Franco Ruiz Esparza fue regidora y fue parte del grupo que aprobó ampliar la concesión por 10 años más, pasando de 20 a 30 años, pero en su defensa afirma que se debe decir las cosas como fueron, aunque se equivocó de año en que comenzó su gestión, al citar que fue en 1995, cuando lo cierto es que fue al siguiente.

Dijo que “no se vale clavar el puñal y correr; efectivamente, en 1995 yo fui regidora y aprobé la ampliación de la concesión por 10 años más, pero ojalá y la leyera completa (la revocación), así vería que en lo general la aprobé, pero en lo particular me reservé muchos artículos y cláusulas del contrato de concesión en las que voté en contra”.

Sobre ambas intervenciones durante la sesión ordinaria de Cabildo que tuvo lugar el 3 de agosto pasado, cabe mencionar que además de las diferencias que hay entre los ediles albicelestes, salta a la vista su interés de estar en el escaparate, ya que de este puesto pueden pasar a una diputación, por lo que hacen lo necesario para que los tengan presentes.

Mientras se llega ese día, también está en la discusión el alcalde Juan Antonio Martín del Campo, que aun cuando diga que “por ahora” toda su atención está en cumplir la encomienda, siente que tiene posibilidades de quedarse con la candidatura a gobernador, por lo que no descuida ninguno de los flancos y uno de ellos es demostrar “músculo” ante la concesionaria y de paso defender la parcela que hoy ocupa.