Jesús Eduardo Martín Jáuregui

(Cave canem.- Regocijadamente departían cuatro alegres bohemios:

– Brindo -dijo una voz- porque del árbol caído todos hacen leña -.

– Y yo – dijo el segundo – porque nadie experimenta en cabeza ajena -.

– Fuego enemigo y fuego amigo – agregó sesudamente el tercero.

El bohemio puro remató: Qué bueno que no se ha implementado el mariguanómetro -.)

En “Vidas Paralelas”, Plutarco narra: “El primer mensajero que dio la noticia sobre la llegada de Lúculo estuvo tan lejos de complacer a Tigranes que éste le cortó la cabeza por sus dolores; y sin ningún hombre atreverse a llevar más información, y sin ninguna inteligencia del todo, Tigranes se sentó mientras la guerra crecía a su alrededor, dando oído sólo a aquellos que lo halagaran…”

La llamada del titular de la parroquia laica a la que acudo a la concelebración dominical, me distrae del “simulacro” y me recomienda buscar en el “iutub” una crestomatía de Brozo en que se refiere al Secretario de la Defensa. Agradezco el “tip” y antes de otra cosa me voy al tumbaburros etimológico para buscar la palabreja “crestomatía”. Yo pensaba que era el nombre de algún personaje de “El chavo del 8” de Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, que de no haber muerto hubiera estado compitiendo por la presea “Belisario Domínguez” con el señor Alberto Bailleres, que finalmente la ganó y recordé que hace algunos años el entonces Senador de la República, Ing. Carlos Lozano de la Torre, propuso para recibirla a Víctor Sandoval, fundador de mas de medio centenar de Casas de la Cultura y mas o menos el mismo número de Museos, pero ya se ve, que para los integrantes actuales del Senado, es mas relevante haber fundado tres Palacios de Hierro, y unas mineras, porque ¿saben? los Senadores son seguramente “totalmente Palacio”. Pero volvamos a la crestomatía. Acudo a San Google: “La crestomatía (del adjetivo griego chrēstós (útil) y del verbo manthánō (aprender), es decir algo que es útil para aprender) es el género que consiste en una selección de los mejores fragmentos de una obra literaria, autor, autores, una época, un género literario o una literatura”.

Pues el tal Brozo que había desaparecido de mi panorama desde que por obligación de mi nueva chamba “monitoreo” las noticias locales cuestiona duramente al Secretario de la Defensa, sin mencionarlo pero en obvia alusión: No son “mis soldados”, son nuestros soldados. No es “mi ejército”, es nuestro ejército. El General Salvador Cienfuegos había declarado “mis soldados” no declararán en relación con Ayotzinapa, para después afirmar que siempre sí declararán pero poquito y no declararían ante cualquiera. Como si el ser soldados liberara de las obligaciones cívicas de todos los mexicanos, militares o no, entre otras declarar ante las autoridades ministeriales (ahora “fiscales” por obra y gracia del Congreso, a riesgo de que se confundan con las autoridades hacendarias, pero en fin todo sea por la novedad) y ante las autoridades jurisdiccionales.

Recordaba también que hace algunos años (yo era joven entonces y hacía mis pininos como aburritorialista), el director general de un consorcio de medios de información que me brindaba generosa hospitalidad, como ahora lo hace El Heraldo, me advertía sapientemente: “Hay cuatro temas con los que se tiene que tener cuidado: el Presidente de la República, la Iglesia Católica, el narcotráfico y el Ejército, y el mas peligroso de todos es el Ejército”. Ahora al correr de los años, los dos primeros han dejado de ser riesgosos. Prácticamente ha desaparecido la censura y se puede decir y escribir casi cualquier cosa del Presidente, incluso cosas positivas. De la Iglesia Católica, no hay que decir nada, porque de ello se encargan sus jerarcas. Del Ejército salvo las consabidas frases hechas, se olvida incluso que lo refundó Victoriano Huerta, el mismo que Ud. piensa amable y desprevenido lector, lo cual no es desdoro porque finalmente en las personas como en las instituciones lo relevante es el aquí y el ahora.

Ahora, en el agitado maremagnum opinatorio desatado por la, seguramente prefabricada absolución de la mariguana, cuesta trabajo rescatar lo trascendente de lo solo importante. La adicción a la “juanita” nos ha acompañado desde que tengo uso de memoria y debates y discusiones van y vienen, como para que a estas alturas se nos diga que hay que debatirla seriamente. “Ya’is dispués” dijo la rancherita. Son distractores de los problemas que nos están quebrantando como nación.

Es relevante, trascendente en todos sentidos, los señalamientos de que hemos sido objeto como país, como ciudadanos de este país, y los que somos, como autoridades de este país, particularmente por el posicionamiento del alto comisionado de la ONU para Derechos Humanos Zeid Ra’ad Al Hussein, quien señaló todos estamos interesados en que México supere la actual situación, 153,000 homicidios en diez años en un país que no está en guerra, 26,000 desaparecidos en un cálculo conservador, serían suficientes para sumir en una crisis definitiva al gobierno de cualquier país democrático. Señaló también “el caso de Iguala es un microcosmos de problemas crónicos que subyacen a la implacable ola de violaciones de derechos humanos que están teniendo lugar a lo largo de México. De manera particular pone de relieve el predominio de la impunidad y la indiferencia por las víctimas que afectan al país entero. El caso de Iguala también ha resaltado la debilidad de la policía, incluyendo su directo y frecuente involucramiento en la comisión de los crímenes. Ilustrando así que hay un amplio consenso nacional, regional e internacional sobre la gravedad de la situación actual de los derechos humanos en México… Desafortunadamente, esta intolerancia ante la crítica pública también se ha manifestado en reacciones a otros informes internacionales recientes sobre derechos humanos en México. Mi mensaje en esta nueva y preocupante tendencia, que se opone al papel constructivo que mantiene México en el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra es el siguiente: en lugar de matar al mensajero enfoquémonos en el mensaje. Todos estamos de su lado, todos queremos ayudar a México.”

(Item missa est.- La encuesta nacional de Lectura y Escritura 2015 de Conaculta señala que los mexicanos leen 5,3 libros al año, sólo después de Chile en Iberoamérica. Fe de erratas.- Los mexicanos “dicen” leer 5,3 libros al año, pero por los libros que confiesan leer resulta peor que si no leyeran.)

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