José Luis Macías Alonso

Siguiendo con la entrega de la semana anterior en torno a la iniciativa presentada por el Grupo Parlamentario del PRI en el Senado de la República sobre la reducción de legisladores en nuestro Congreso de la Unión, ahora hablaremos sobre la eliminación de cien legisladores plurinominales de la Cámara de Diputados, sus consideraciones y sus posibles efectos en caso de aprobarse.

Para empezar, hagamos un poco de memoria, esta figura del diputado plurinominal tiene en nuestro sistema político una vida de poco más de 50 años y nació con el decreto del veintidós de julio de 1963 donde el Presidente Adolfo López Mateos publicó las modificaciones al artículo 54 constitucional y creó la figura de los diputados de partido, mismos que representaron una válvula de escape para la presión de los partidos políticos opositores al partido hegemónico que, ante sus derrotas electorales dentro de un sistema democrático precario y con graves deficiencias, exigían un método para acceder al Congreso. Con lo anterior, se logró que aquellos partidos que lograran más del 2.5% de la votación tuvieran acceso a cinco diputados hasta llegar a un tope máximo de veinte.

Posteriormente, en 1977 fue modificada la constitución y la ley electoral para establecer el principio de la representación proporcional que buscaba, mediante fórmulas aritméticas, encontrar reglas del juego que garantizaran, en la integración de la Cámara, por un lado, frenar la sobrerrepresentación de los partidos políticos que ganaran todas las elecciones y por el otro, fortalecer la pluralidad a través de la garantía de representación de los partidos políticos minoritarios.

Luego, en 1986 se mantuvo esta fórmula de representación proporcional pero se incrementaron las curules asignadas para los electos por este mecanismo de cien a doscientos.

Así, actualmente en San Lázaro, conforman la cámara 300 diputados electos por el principio de mayoría relativa, es decir, mediante su triunfo electoral al obtener más votos que los demás y 200 diputados electos por el principio de representación proporcional; de aprobarse la iniciativa, este órgano legislativo quedaría conformado por los mismos 300 de mayoría y únicamente por 100 “plurinominales”.

Como podrá observar, la reducción planteada por el Senador Miguel Romo Medina y el resto de sus compañeros priistas busca reducir la parte de la Cámara de Diputados conformada solamente por los “plurinominales” y con esto, aparte de abonar a la austeridad y a la eficiencia en el trabajo parlamentario, sin duda alguna de aprobarse, tendrá una variación en el espectro político, en los equilibrios de poder y en la interacción que los partidos tendrán en el seno de este órgano.

Ante la realidad notoria de que ahora los partidos políticos deberán preocuparse más por ganar elecciones y no solo por sobrevivir como el caso del Partido del Trabajo y muchos más de cuyos nombres no me quisiera acordar, la lucha electoral ya de por sí férrea actualmente en la mayoría del país, de darse la reforma, tendrá un incremento sustancial.

Además, el rol de poder dentro de la cámara también tendrá variaciones, ante el escenario donde los partidos que no ganen elecciones ya no tendrán tantos espacios plurinominales, entonces su participación política debe ser más estratégica, al respecto, varios estudios académicos apuntan a qué tratándose de partidos con poca representación, es más importante el papel que desarrollan dentro del debate y la negociación política, que propiamente el número de diputados que tienen.

El índice Shapley-Shubick por ejemplo, mide la valía de un partido político pequeño según la flexibilidad que muestra para el diálogo y la negociación dentro de un parlamento y además, mide la importancia que puede representar determinado partido en base a sus posibilidades de encontrar consensos entre posturas oponentes o bien, construir mayorías dentro de un mapa discordante. Veremos cómo les va en caso aprobarse esta reforma a los partidos políticos en el juego del poder dentro de la vida parlamentaria, de mientras, el debate a favor o en contra de los plurinominales persiste en todo el mundo…

Un partido político, que no gana elecciones, pero que una parte de los electores votan a favor de sus candidatos… ¿Merece tener espacio en un parlamento?

Ese es el dilema; los que la defienden argumentan que solo así un sistema político garantiza la pluralidad aún y cuando siempre gana un partido y los que la critican, opinan que esa pluralidad, construida por fórmulas aritméticas de votos y no por triunfos electorales, es artificial y por ende carente de legitimidad. Usted estimado lector tiene la última palabra y en su momento, la historia el veredicto final.

@licpepemacias