Luis Muñoz Fernández

 

Los grandes temas, que hoy apasionan a los hombres de la religión y de la política y que trascienden ampliamente a la opinión pública, son casi siempre temas que rozan los comportamientos éticos o que entran de lleno en el ámbito de la ética. Son los temas que aparecen, de una forma o de otra, en las portadas de los diarios y de los informativos. Los temas de los que hablan cada día los obispos y los políticos.

 

José M. Castillo. La ética de Cristo, 2008.

Las más recientes sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en torno a la constitucionalidad de los matrimonios entre ciudadanos mexicanos del mismo sexo y el derecho a tener hijos adoptivos con el amparo de la ley, han generado todo tipo de reacciones, tanto a favor como en contra. En México y en Aguascalientes la mayoría de las opiniones contrarias se agltuninan en torno a lo expresado enfáticamente por la jerarquía de la Iglesia Católica.

El matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción de hijos por estas parejas son temas que, como buena parte de los tópicos que trata la Bioética, son fuente de enconadas discusiones. Y las dificultades argumentativas son habituales en los asuntos bioéticos por varias razones que ha expuesto con claridad Ricardo García Manrique, profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universitat de Barcelona (La argumentación en Bioética. En: Bioética, derecho y Sociedad. Editorial Trotta, 2015):

 

1.-Contaminación y complejidad. Los problemas bioéticos suelen presentarse muy “contaminados”, es decir, trufados de elementos y dimensiones variados y muy diversos: antropológicos, morales, técnicos, científicos, médicos, económicos, etc.

2.-Prejuicios. Más que en ningún otro ámbito, los prejuicios abundan en la Bioética. Es decir, abundan opiniones ya formadas sin una base racional, sino intuitiva, religiosa o autoritaria, opiniones que arrojan al debate y condicionan o incluso determinan sus resultados de antemano.

3.-Lenguaje emotivo. La Bioética usa términos y conceptos profundamente emotivos, es decir, que mueven nuestras emociones y dificultan que atendamos exclusivamente a lo que dicta la razón, porque nuestro entendimiento se nubla.

4.-Imprecisión. Los términos de la Bioética son más imprecisos de lo habitual. La imprecisión es propia de los principios en general (y recuérdese que las normas de la Bioética suelen ser principios), pero aumenta en el caso del lenguaje bioético… se eleva la necesidad de definir, delimitar, especificar, clasificar, enumerar elementos, etc.

5.-Creencias básicas en juego. En la argumentación bioética suelen ponerse en juego creencias básicas, profundas y muy arraigadas sobre nosotros mismos, sobre el sentido de nuestra vida o sobre el ser último de las cosas, y esto es así tanto si uno tiene convicciones religiosas como si no las tiene, y con independencia de que no siempre seamos conscientes de cuánto dependen nuestros argumentos de ese tipo de creencias.

 

Por un lado, estas discusiones reflejan dos puntos de vista distintos sobre la dignidad humana. Ramón Valls, que fue doctor en Filosofía y miembro del Observatorio de Bioética y Derecho de la Universitat de Barcelona, nos dice lo siguiente a propósito de este punto (El concepto de dignidad humana. Revista de Bioética y Derecho, diciembre de 2005):

Para unos, aferrados a la concepción católica tradicional, la dignidad común a todos los seres humanos procede de su condición de hijos de Dios y reside en la capacidad de “acatar y observar la ley moral”, la cual de ninguna manera emana de los humanos mismos… Para otros, por el contrario, la dignidad humana consiste en la capacidad que tenemos los humanos de “darnos ley moral a nosotros mismos”. En la jerga kantiana, los primeros profesan heteronomía moral (ley de otro), mientras los segundos proclamamos la autonomía moral del ser humano (ley de uno mismo).

 

Por otro lado, lo que las referidas sentencias de la Suprema Corte de Justicia de la Nación han puesto sobre la mesa es que en México, pésele lo que le pese a sus sectores más conservadores y al igual que en la mayor parte de las sociedades modernas, se vive una situación de pluralismo moral. Nuevamente las palabras del doctor Ramón Valls (Ética para la Bioética. En: Bioética, derecho y Sociedad. Editorial Trotta, 2015):

Compartimos espacio físico con gentes muy diversas que profesan creencias religiosas y morales no sólo diferentes, sino incluso divergentes e irreconciliables entre sí… De lo que resulta la coexistencia en nuestro espacio de intereses y mentalidades que pugnan entre sí. Y añadamos aún que nuestro pluralismo puede llamarse “entreverado” porque se diferencia de otros históricamente anteriores en que ni las personas ni los grupos podemos aislarnos espacialmente creando un archipiélago de guetos.

 

En las expresiones contrarias a los matrimonios entre homosexuales o lesbianas y su derecho a tener hijos adoptivos, se trasluce la convicción de que estas personas son malas (degeneradas, perversas, inestables e incluso peligrosas) debido a su preferencia sexual. Y que esta preferencia es evidentemente una enfermedad que debe recibir algún tipo de terapia psicológica como si de un transtorno mental se tratase. Hoy esta idea es inaceptable. No está de más recordar que desde 1973 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría dejó de incluir a la homosexualidad en su Manual diagnóstico y estadístico de los transtornos mentales, texto de referencia internacional en el campo de la psiquiatría.

Tampoco está de más leer lo que expone el exsacerdote jesuíta José María Castillo en “Los últimos serán los primeros”, capítulo de su libro La ética de Cristo (Desclée de Brouwer, 2008):

Son muchos los que están persuadidos de que “las diferencias fundamentan y justifican las desigualdades”. Y por eso no toleran que los que son diferentes en origen, talento, cultura, riqueza o religión (por poner algunos ejemplos), sean al mismo tiempo iguales en dignidad y derechos…

… En todo este asunto es fundamental tener muy claro que las diferencias se basan en hechos circunstanciales, en coyunturas concretas… Por el contrario, la igualdad tiene su razón de ser en la condición humana misma, en el ser humano como tal y, por tanto, en lo que es común a todos los humanos, sean de donde sean y vivan como vivan.

 

Creo incluso que debemos ir más allá de la tolerancia. Cito nuevamente al doctor Valls:

El derecho a la diferencia hace valioso al pluralismo y lo libera de la odiosa petición de tolerancia hacia él. Se “tolera” el mal inevitable. El bien no se tolera porque se quiere positivamente y se respeta automáticamente.

 

En Aguascalientes necesitamos discutir abiertamente, de manera respetuosa y racional, estos temas y otros como el aborto, la eutanasia, el acceso a los servicios de salud, etc. Urge que la Comisión Estatal de Bioética, instalada con boato hace pocos años, asuma por fin la alta responsabilidad a la que está llamada.

http://elpatologoinquieto.wordpress.com