CDMX.- La diferencia en la novillada de ayer la marcó el buen encierro de Jorge de Haro, ganadero que reapareció en la Plaza México luego de 23 años.
El criador tlaxcalteca, avecindado en Querétaro, de entrada redujo el trapío de los novillos, un hecho permisible en un festejo sin picadores donde los novilleros son novatos.
Importante: Sólo en ese caso.
Todo el encierro tuvo mucha movilidad y nobleza, lo que fue destacable. Y dos de ellos, el primero y el segundo, además se definieron por tener clase. Hubo un par deslucido, el quinto y el sexto, más ásperos.
Una pena entonces que con ese panorama no se hayan cortado orejas.
Y la cosa es bien sencilla: A Juan Pablo Llaguno, que es un muy fino y buen prospecto, nos lo han destemplado en España. Anduvo ambicioso y a veces lo rebasaron las ganas de agradar, detalles de sus cualidades hubo, aunque no los suficientes. Lo revolcaron feamente dos veces y salió muy golpeado.
Después de que en su debut lidió dos astados grandotes, Miguel Aguilar parece que se desconcertó con el tamaño de los novillos y no le dio la importancia debida a sus faenas, en las que hubo muletazos de buen proceder, porque sabe hacerlo.
Y Sebastián Ibelles anduvo con voluntad y ganas de agradar, sobre todo con su segundo, que exigió mucho, pero anda perdido con la espada y oyó cuatro avisos, dos en cada novillo.