Jesús Eduardo Martín Jáuregui

En México disentir significa casi pelearse a muerte” José Emilio Pacheco en una conversación en el Museo Posada.

La CONAGO, Conferencia Nacional de Gobernadores, órgano curioso porque bajo la figura de una organización civil agrupa a los gobernadores de las entidades federativas del país incluyendo al muy reciente de la Ciudad de México, analiza, discute y propone cuestiones de derecho público. Suplanta la función que en un tiempo el legislador constituyente concibió para la cámara de senadores en una república federal, como se pensó que sería la nuestra. Realiza acciones que no se encontraban previstas en el marco legislativo del país, recuérdese que la autoridad solo puede realizar lo que le está jurídicamente señalado. Se creó al parecer para ser un contrapeso al presidente de la república cuando, por fin, se dio la alternancia y ahora se ha configurado como un órgano mas en torno al ejecutivo, en un tránsito (no terminado y espero no se llegue a terminar) de regreso al presidencialismo que hizo que Mario Vargas Llosa llamara la “democracia perfecta”.

La CONAGO hizo suya y planteó ante el Senado una propuesta que si mi memoria no me falla, fue impulsada por Genaro García Luna, de no muy grata memoria, y que el Presidente de la República acogió, una vez que los diez puntos que propuso para la seguridad resultaron insuficientes, como lo han sido las demás medidas instauradas, llámese gendarmería, comisionado, vocal, etc.. Probablemente el caso ejemplar sea el de Aguascalientes en el que cuando la policía tiene logros es gracias al mando único. Es claro que se trata de un estado de 5,000 kmts cuadrados, tan sólo once municipios y una concentración urbana muy superior a la población rural. Estado perfectamente comunicado, sin problemas de integración indígena, con una educación de un buen nivel y con una tasa de desempleo envidia del resto del país. En otras palabras, son tantas las variables que difícilmente puede concluirse que si aquí ha funcionado pueda hacerlo en otras entidades con condiciones totalmente diferentes.

En la reunión en la sede alterna del Senado, en Xicoténcatal, hubo intervenciones de varios gobernadores. En principio el del estado de México, Eruviel Ávila, que aparece sistemáticamente en los medios de comunicación en su precampaña para la presidencia de la república, convencido de que si “madrugar” le dio buen resultado en su estado, no tiene porque no dárselo en el país. Eruviel hizo una argumentación aritmética, una falacia del tipo “donde hay dos hay uno, uno y dos son tres, por lo tanto donde hay dos, hay tres”. Eruviel dijo más o menos, en su estilo engolado y prosopopéyico, que 1800 son más que 32, por lo tanto es mas fácil fortalecer 32 órganos policíacos que hacerlo con mas de 1800 agrupaciones policíacas municipales. Magnífico Sr. Gobernador, sólo que de todas maneras habrá que fortalecer, depurar, capacitar, controlar y supervisar a esas 1800 agrupaciones, sea como quiera que les llame.

La propuesta ya no de un mando único, como ocurre en Aguascalientes para efectos operativos, sino de una policía única, parte de un supuesto falso y peligroso: que una unidad de mando facilita combatir la corrupción. Basta el ejemplo mas obvio: la policía federal tiene un mando único y difícilmente se encontrará una corporación con sus niveles de corrupción. Hace unos días en un viaje charter fuimos asaltados apenas saliendo de esta ciudad, por patrulleros de la federal que no se daban abasto para asaltar los vehículos, fundamentalmente de carga, que llegaran a pasar cerca de su guarida. ¿O quizás será la policía fiscal? ¿Acaso la que fuera policía federal? ¿Posiblemente la gendarmería?

El gobernador Duarte en una intervención cuyo razonamiento no pareció ser muy claro afirmó que de no crear la policía única se pondría en riesgo el sistema penal acusatorio. A nadie se le había ocurrido eso, pero, podría tener una utilidad, podría guardarse como un argumento contundente para explicar porque no funcionara el nuevo sistema, sin tener que atribuirselo a ninguna otra causa. Para ello sería conveniente que la propuesta de la policía única la aguanten hasta el cumplimiento del plazo para que entre en vigor el sistema penal acusatorio. Lo que no queda duda es que existe una grave confusión en el gobernador: la policía de que se está hablando es de una policía preventiva. El combate de la delincuencia y la investigación de los delitos corresponde a la antes llamada policía judicial y luego ministerial. Me parece que la unicidad no alcanza a la policía ministerial.

Constitucionalmente sólo se previeron dos policías: la preventiva y la judicial, en el ámbito federal y en el de la soberanía de los estados. Pero, faltaba mas, se fueron creando multitud de policías que dieron ocasión para una memorable serie de caricaturas de Abel Quezada que los pintó de cuerpo entero: policía de crucero, policía de tránsito, policía auxiliar, policía judicial, policía secreta, policía bancaria, policía forestal, policía aduanal, policía super secreta, policía infantil, policía turística, policía de proximidad, policía archi super secreta, policía industrial, policía de barrio, y un todavía largo etcétera. No vendría mal desde luego, que se acotara este variopinto panorama policíaco del país, pero…

A veces echar mano de la historia así sea reciente, puede resultar de utilidad. Luego de un largo transecto de centralismo disfrazado de federalismo, los primeros triunfos de la oposición al partido de estado (PRI), tuvieron entre otras consecuencias que los gobernadores de oposición reclamasen su ámbito de soberanía. El presidente De la Madrid que no fue particularmente brillante, tuvo sin embargo una visión municipalista que se reflejó en las importantísimas modificaciones al artículo 115 constitucional. Tanto que propició, como en el caso de Aguascalientes, que el municipio de la capital tenga mas ingresos propios que el gobierno del estado. Preocupó también que el control policíaco lo tuvieran los Ayuntamientos, así que prontamente surgieron las policías estatales para dotar a los Gobernadores de un cuerpo policíaco.

El L.A.E. Vicente Fox y Sra. Fox, tomaron la determinación de incorporar a las policías municipales en el combate a la delincuencia organizada, competencia que por definición correspondía a las Procuradurías y en el caso particular del narcotráfico al ejército desde los tiempos del presidente López Mateos. La medida resultó desastrosa, en la práctica las policías municipales buscaron su rebanada del pastel del narco y se propiciaron, aquí lo vivimos, enfrentamientos entre los cuerpos policíacos municipales y estatales. Lo peor vino con el Lic. Calderón, que quizás en una resaca determinó declarar la guerra al narcotráfico. Declaración de guerra que luego matizó, pero que ha costado cientos de miles de vidas, y en la que el Ejército y la Marina han combatido infructuosamente. Los datos del incremento de las adicciones son contundentes. Ahora la decisión presidencial apuesta a una carta incierta.

Quizás valdría la pena retomar las funciones y finalidades de las diversas policías y quizás, replantearnos si estas medidas, que desde luego tienden a fortalecer el presidencialismo, son las que deseamos los mexicanos, que hemos batallado tanto contra la figura de un Presidente con aires de Dictador. Quizás como están las cosas el mando único podría derivar en corrupción única.

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