Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, en menos de un mes serán inaugurados los XXXI Juegos Olímpicos de la era moderna, siendo sede, por primera vez, la siempre atractiva ciudad costera de Río de Janeiro, Brasil, una metrópoli de más de seis millones de habitantes. Las actividades deportivas se celebrarán entre el 5 y el 21 de agosto próximo. No vaya Usted a pensar que se ha equivocado de sección del periódico y que no está leyendo la local sino la deportiva. Con las siguientes líneas sólo pretendo resaltar la enorme trascendencia de los Juegos Olímpicos en el mundo contemporáneo, pero no desde el punto de vista deportivo sino a través de un enfoque social, político, económico y cultural, por lo que habré de agrupar mis comentarios en función de los cuatro rubros antes mencionados:

1) En lo social.- Sin duda, los Juegos Olímpicos es el único evento internacional que logra, al menos momentáneamente, hacer realidad una integración social en prácticamente todo el mundo. En esta edición de Río 2016, 206 países de los cinco continentes estarán representados en la justa deportiva, mientras que la ONU solamente cuenta, al día de hoy, con 193 Estados miembros. Durante esos diecisiete días de competencias, seguramente la humanidad se hermanará un poco y compartiremos un mismo espíritu, el espíritu olímpico, haciendo de lado, por ese corto lapso de tiempo, nuestras diferencias y nuestros conflictos. Esperamos que nuestro mundo, hoy en día tan golpeado y lastimado por la violencia y el terrorismo, viva en completa paz y armonía durante ese par de semanas.

2) En lo político.- También los Juegos Olímpicos son el escenario ideal para la convergencia, en el plano político, de los liderazgos de todos los pueblos del mundo. Durante el certamen, particularmente en las ceremonias de inauguración y de clausura, los presidentes, primeros ministros y demás dirigentes de las diversas naciones coinciden y conviven abiertamente, lo que permite y, a la vez, provoca un diálogo mucho más franco y genuino a lo acostumbrado en otros foros de corte internacional. En estos momentos caracterizados por una fuerte crisis económica generalizada y la falta de entendimiento entre los países del orbe, las Olimpiadas resultan ser un bálsamo que ayuda a aliviar, al menos de manera temporal, las heridas provocadas por todos los problemas que aquejan al mundo.

3) En lo económico.- Los Juegos Olímpicos usualmente son sinónimo de derrama económica. Las ciudades sedes siempre hacen una fuerte inversión para la organización de la justa deportiva, principalmente en infraestructura, con la expectativa de que los ingresos generados por la misma sean vastos y suficientes para recuperar lo invertido y, al mismo tiempo, buscar que dichos ingresos beneficien directa y ampliamente a sus pobladores. Vaya que Brasil, no sólo Río de Janeiro, ocupa desesperadamente una reactivación económica que alivie, momentáneamente, la crisis social y política tan aguda que están experimentando los brasileños. La expectativa no es del todo buena, toda vez que la crisis ya señalada, el fantasma del virus del “zika” y el terrorismo recientemente recrudecido en varias partes del mundo, son factores que están ahuyentando a miles de posibles turistas que pudieran asistir a las Olimpiadas y que, con ello, provocarían una importante derrama económica para esta región de América del Sur.

4) En lo cultural.- No hay un mosaico cultural que exhiba de mejor manera al mundo que una Olimpiada. Aquí las razas, las lenguas, las costumbres y las tradiciones se fusionan para dar como resultado ese mosaico tan enriquecedor y colorido que todos disfrutamos cada cuatro años. El desfile acostumbrado en la ceremonia de inauguración, en el cual podemos apreciar a todas las delegaciones de los países participantes en la justa, es algo que debiera inspirar a cualquier artista para expresar, en una obra plástica, lo hermoso de esa mezcla cultural tan expuesta como la de unos Juegos Olímpicos. Imagine Usted cómo será la convivencia de todos estos atletas en la Villa Olímpica, cómo se comunicarán y cómo experimentarán el triunfo o el fracaso, según su idiosincrasia nacional.

Pues es cuestión de días para que las Olimpiadas de Río de Janeiro comiencen. Por lo pronto, el mundo seguirá hablando de terrorismo, recesión económica, pugnas políticas, discriminación racial y sexual, entre otros temas más, la mayoría de ellos desagradables. Me ilusiona saber que, tal vez, los Juegos Olímpicos le brinden paz y hermandad a toda la humanidad, al menos por unos días.

Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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