El obispo José María de la Torre invitó a los sacerdotes a que procuren cultivar su identidad pastoral, sabiendo que el sacerdocio ministerial encuentra su razón de ser en la perspectiva de la unión vital y operativa de la Iglesia con Cristo.

Ayer, en la Misa Crismal, a la que acudieron todos los sacerdotes, donde renovaron sus promesas de pobreza, castidad consagrada y obediencia, el obispo les dijo que para desarrollar un ministerio pastoral fructuoso el sacerdote necesita una sintonía particular y profunda con Jesús, el Buen Pastor.

Acudió como invitado el obispo emérito de León, Guanajuato, monseñor Gonzalo Galván Castillo y también estuvo presente el Vicario General de la Diócesis, Pbro. Raúl Sosa Palos.

En esta ceremonia, el purpurado encabezó la bendición de los santos óleos, la consagración del santo crisma y la renovación de las promesas sacerdotales.

En su homilía dijo que tras el camino cuaresmal, se ha llegado a la Semana más importante del calendario litúrgico, ya que incluye la pasión, muerte y resurrección de Cristo, “por quien fuimos llamados a seguirlo, uniéndonos a su Sacerdocio, vamos a renovar ante Él nuestras promesas sacerdotales y a realizar con más vigor nuestra tarea evangelizadora.

Mencionó que cumple ocho años celebrando la Misa Crismal: habló del gran honor y la gran responsabilidad que han significado para él haber aceptado su designación al frente de la Diócesis de Aguascalientes; dio gracias por ello y pidió perdón por los errores que haya cometido como humano que es.

De esta manera se celebra el Triduo Pascual que dio comienzo con la tradicional Misa Crismal, en la que monseñor De la Torre pidió a los fieles rezar por los sacerdotes, para que sean verdaderos discípulos de Jesús.

Reconoció que “no es fácil para mí, su obispo y pastor, ni para sus sacerdotes, mis colaboradores, vivir a la altura de nuestra vocación y ministerio, por lo que necesitamos el apoyo y la oración de todos ustedes, consagrados y fieles cristianos, todos discípulos misioneros del Señor, necesitamos de vez en cuando avivar la llama, el don que hemos recibido de Dios”.

Exhortó al presbiterio a vencer la tentación y retomar con gozo y gratitud su gran misión.