Abundan los mitos y las mentiras que giran en torno a la diabetes mellitus y que impiden a los enfermos acceder a mejores niveles de calidad de vida, consideró el médico e investigador Eduardo de la Cerda González.

La obesidad no es condicionante para desarrollar la enfermedad; la prohibición de consumir azúcar resulta innecesaria o peor aún, el uso de sustitutos de azúcar, inducen al organismo a subir de peso, señaló el investigador al advertir que la ignorancia “incluso entre los mismos médicos” impide que los diabéticos se atiendan debidamente.

Dijo que una de las mentiras más grandes que ha propiciado la industria farmacéutica es señalar que la obesidad es una enfermedad; “indudablemente la obesidad puede ser factor predisponente de patologías, pero para ponderar acertadamente el sobrepeso, primero hay que saber cómo llegó esa persona a ser obesa, porque no todas las personas obesas van a ser diabéticas ni todos los flacos van a estar libres de desarrollar la enfermedad”.

Cuando se tiene un estilo de vida en donde lo característico es el consumo de bebidas edulcoradas con jarabes de alta fructuosa, consumo de grasas trans y el sedentarismo, indudablemente van a ser diabéticos, incluso sin tener antecedentes genéticos.

Las llamadas “llantitas” o grasa peri abdominal abundante, la relacionan de forma equivocada con la diabetes y eso, desde luego que es mentira, ya que se confunde la grasa que se encuentra dentro del abdomen, dentro del tórax, que se le conoce como grasa blanca o grasa visceral, con la grasa peri abdominal. Las personas que tienen grasa pegada a las vísceras, tendrán un abdomen prominente, pero la grasa subcutánea, es una grasa de reserva que permite a los tejidos musculares y los huesos, ser más resistentes a golpes, por ejemplo.

Explicó que la grasa dañina es la visceral, porque este tipo de grasa secreta una gran cantidad de substancias que el cuerpo las registra y procesa como si fueran hormonas y ocasionan trastornos en el funcionamiento orgánico, producen reacciones inflamatorias o procesos coagulantes, y eso es riesgoso. Este tipo de grasa se halla adherida a órganos como corazón, hígado, pulmones e intestinos.

También hay pacientes que por desinformación, sumada a la falta de orientación de sus médicos, creen que la insulina produce ceguera. La pérdida de la vista está asociada a otros factores, generalmente al no adecuado tratamiento de la enfermedad, pero no al uso de la insulina. Explicó que hace algunos años, la insulina suministrada a pacientes con diabetes provenía de animales como vacas, borregos, caballos pero los componentes agregados de esa insulina provocaban problemas incluso peores que la misma enfermedad. Ahora hay insulinas humanas y humanizadas maravillosas, “la Asociación Americana de Diabetes sugiere el uso de insulina de forma temprana para ayudar a la poca o mucha que produzca el páncreas con algún defecto y se impide el adecuado proceso de eliminación de azúcar.

Otro mito que impide la buena atención de los diabéticos es que, supuestamente no pueden comer determinados alimentos que son esenciales para el adecuado desempeño de la función orgánica.

“Los diabéticos, si están bien controlados, necesariamente están obligados a consumir macros y micros, a mis pacientes controlados no les limito ingesta de determinados alimentos. Les hago algunas formas de alimentación especial, pero no dietas, sino regímenes especiales de alimentación basados en proteínas vegetales, hidratos de carbono y lípidos, pero de calidad”. Prácticamente pueden y deben comer de todo, pero la moderación es la palabra clave, dijo.

Y fue más allá: “es una falacia que los diabéticos no puedan comer carne de puerco. La carne de puerco no tienen nada que dañe la salud de quienes tienen diabetes, esa es otra de las mentiras, probablemente por la forma en cómo se alimentan los puercos, que son omnívoros, pero particularmente la carne de lomo de puerco, produce un lípido maravilloso que incrementa las lipoproteínas de alta densidad que son lo que le llaman colesterol bueno”.

Finalmente, indicó que está probado que los sustitutos de azúcar como la sucralosa o el aspartame, tarde o temprano iban a demostrarse que eran más peligrosos que las azucares vegetales, que los azúcares naturales y ahora ya se sabe, de acuerdo a trabajos de investigación serios ya publicados en centros científicos, prueban que los edulcorantes artificiales como el aspartame y la sucralosa, producen un incremento de peso corporal mucho mayor que el inducido por el consumo de la sacarosa de caña o remolacha, porque estos productos lo que inducen es un engaño al sistema nervioso a través de unas hormonas llamadas incretinas, y el sistema nervioso siente como que no ha comido, entonces la persona come más cuando ingiere este tipo de azúcares que cuando toma azúcar normal, pero igual, el tema es el abuso, y en el caso del azúcar, se puede ingerir pero en cantidades limitadas.