Noé García Gómez

El martes nos fuimos a dormir con la noticia de que Estados Unidos, la principal potencia armamentística y nuestro vecino, eligió como presidente a un político polémico, ambivalente, estridente, racista, xenófobo, misógino y megalómano, como lo es Donald Trump.

Es fácil predecir el pasado, la tentación de decir que todos preveían el triunfo, es algo que escuchamos, cuando antes del martes 8 solo escuchaba que Hillary Clinton sería la triunfadora. Dicho triunfo se argumentaba que estaría soportado, por las mujeres, los profesionistas, las minorías (que ya son mayorías) como los negros y latinos. La realidad fue que el 42 por ciento de las mujeres votaron por Trump, así como un sorprendente 30 por ciento de latinos y el 45 porciento de personas con estudios universitarios.

La realidad es que los desempleados, los que no tienen seguridad social, bajas pensiones, veteranos olvidados y jóvenes sin perspectivas laborales, en síntesis el pueblo enojado, que sufre los estragos del sistema capitalista votó en contra del sistema, y paradójicamente encontraron en un símbolo del capitalismo como el empresario Trump en su forma de alzar la voz. Esos estadunidenses ideológicamente comprometidos con la derecha del partido republicano no perdió la oportunidad de votar. Un voto indignado de derecha.

Por otro lado, claro que había indignados con una tendencia más al centro o un poco cargada a la izquierda, un importante número de ciudadanos, que fue la base que catapultó a Bernie Sander el candidato que sorprendió y dio un susto en las primarias a Hillary. Esos seguidores nunca salieron a votar por Clinton, algunos se abstuvieron, otros encontraron en las figuras de Gary Johnson o Evan McMullin una simpatía. Por ejemplo en cuatro Estados la diferencia de Trump sobre Clinton fue menor a la votación que obtuvieron estos candidatos independientes, lo que quiere decir que si la pelea hubiera sido solo entre dos, probablemente esos cuatro estados los ganaría Clinton y por consiguiente la presidencia.

El pueblo indignado de Estados Unidos decidió y decidió por un personaje políticamente incorrecto y megalómano; no es la primera vez, en los 80´eligieron al superficial actor y ultra derechista Ronald Reagan como figura que podía hacer contrapeso a la amenaza soviética, también optaron por el poco inteligente y visceral Bush Jr. Las lecciones de esas presidencias son que fueron duras para México y el mundo, pero que hay formas de salir adelante.

Hoy la realidad, no solo de Estados Unidos, sino del mundo, es que el actual sistema económico genera desigualdades y ciudadanos frustrados. La última década del siglo XX parecía prometedora, con la caída del Muro de Berlín, la apertura de la URSS y una conciencia ambiental. Pero el inicio de este siglo XXI es todo lo contrario, crisis, pobreza, individualismo, insensibilidad, falta de solidaridad, pánico al que consideramos diferente y un sistema económico que crea frustración, por no poder satisfacer las necesidades que nos impone la moda, el mercado y el capital; una frustración por no tener certidumbre, ni seguridad de tener una vejez digna o un servicio de salud a la mano.

Antes se pensaba que una sociedad indignada tenia tendencia a apoyar personajes con preferencia de izquierda, los últimos sucesos nos han dicho que no, que cualquier personaje o suceso que represente una bofetada al actual sistema y la clase política es canalizador de esa energía, lo vimos en el Brexit o el plebiscito de paz en Colombia; por desgracia hoy lo vemos en la presidencia de un personaje como Trump.

Concretito

Indignados en México; la corrupción e insensibilidad de la clase política mexicana, un sistema que no responde a las necesidades de los ciudadanos y que genera mas pobres y amplia la brecha de desigualdad con una elite de ricos, que es alimentada por políticos que hacen nuevas fortunas a costa del erario público, casos como el de Padrés, Duarte o Godoy indignan y esa indignación buscará una salida como una olla de presión.

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