Aún se encuentra caliente el horno de las elecciones federales y ya asoman la cabeza quienes creen que por la vía “independiente” les irá mejor que hacerlo con el partido en que militan, lo cual augura que para 2016 habrá un verano al rojo vivo.

El propósito de abrir el abanico electoral a la llamada “sociedad civil”, fue para aquellos que no son miembros o adherentes a un organismo político y que puedan participar, sin necesidad de ir etiquetados por unas siglas o colores, sin embargo, el ensayo fue trastocado antes de que entrara legalmente en función.

Los candidatos sin partido provienen de alguno de ellos y del que se separaron luego de que no los tomaran en cuenta o perdieran la elección interna, utilizando el viejo método de victimarse, de aparecer ante el pueblo como un agraviado por una camarilla política, y en campaña abandonan los principios básicos para utilizar vocablos pedestres que los hace aparecer como intrépidos, atrevidos, briosos y audaces.

El mejor ejemplo se encuentra en Hilario Ramírez Villanueva, alias “Layín”, que en 2008 ganó la elección a presidente municipal de San Blas, Nayarit, bajo el cobijo del Partido Acción Nacional y el año pasado pretendió que lo volvieran a postular, al no conseguirlo se declaró “independiente” y volvió a vencer, no obstante que públicamente aceptó que en su anterior gestión robó, “pero nomás poquito”.

El caso más reciente está en Jaime Heliodoro Rodríguez Calderón, apodado “El Bronco”, que el 7 de junio obtuvo la gubernatura de Nuevo León como candidato “independiente”. Fue miembro del PRI por 33 años, partido que lo hizo diputado federal en 1992, diputado local en 1997 y presidente municipal de García, Nuevo León, de 2009 a 2012. En noviembre de 2014 pretendió ser el abanderado a la gubernatura, y al no ser considerado renunció a su militancia para irse por la libre.

En distintos medios celebran el amanecer de los “independientes”, al suponer que la colectividad estará mejor representada que por aquellos que vienen de los partidos; sin embargo, hasta la fecha no hay personajes puros de la sociedad, sino resentidos que se enfundaron en una autonomía que está muy lejos de tener, puesto que quiérase o no, llevan tatuados los colores de su procedencia.

Los primeros damnificados con lo anterior son los partidos cacha-votos, que de siempre esperaron hasta el último momento para adquirir a los marginados, haciéndolos sus candidatos con la esperanza de que dieran el campanazo o por lo menos los ayudara a incrementar su presencia en las urnas y así tener acceso a más recursos públicos.

En Aguascalientes varios tienen puesta la mira en una candidatura de esas características, a sabiendas de que ocupan el tercer o cuarto lugar de las posibilidades. Desde mayo pasado, cuando se vislumbraba lo que ocurriría en Nuevo León, empezaron las reuniones para presuntamente apoyar a los postulantes a las diputaciones federales, sin embargo, comentan quienes participaron, que la plática derivaba en qué ocurriría si hubiera un “independiente” para 2016.

Otros utilizan el micrófono para alentar sus propósitos y entre broma y en serio deslizan la viabilidad, que luego sus compañeros se convierten en propagandistas y portavoces, sembrando la idea entre el auditorio, de que en él encontrarán el remedio a todos sus males.

En estas circunstancias, sin haber una causa aparente se le invita a un desayuno, a una comida o un rancho, con una concurrencia heterogénea, es que algo hay de eso, que se pretende encauzar la opinión para que el quebradito, el amigo o el paisano, como guste que le digan, sabe lo que hace, a dónde se dirige y por eso invierte tiempo, dinero y esfuerzo.

Por ahora, ninguno abre sus cartas, pero váyale poniendo nombres y verá qué tan bueno es para predecir el futuro.

ASUSTAN CON EL PETATE

Afirmar o suponer que el voto nulo es una corriente social de rechazo a las reglas establecidas en el sistema electoral, es marginar y desechar lo que históricamente ha sucedido en Aguascalientes, que desde hace 24 años registra este tipo de expresión.

En los comicios del 7 de junio pasado fueron 22,988 los sufragios anulados, esto es, el 6.83% de la votación total emitida, lo cual provocó toda clase de comentarios, llegándose al extremo de afirmar que es un movimiento en crecimiento. Nada más falso.

Los datos históricos están muy lejos de esa opinión, toda vez que en anteriores elecciones para diputados federales de mayoría relativa ha habido más sufragios nulos, en 2012 fueron 38,779 (7.97%) y en 2009 llegaron a 25,970 (7.89%).

Asimismo, en 2006 se tuvieron 8,403 (2,09%); en 2003 se contabilizaron 9,031 (3.50%); en 2000 alcanzaron 6,393 (1.73%); 1997 con 7,679 (2.58%); 1994 con 8,830 (2.64%) y 1991 con 8,261 (3.83%).

Se observa que quienes, por costumbre, anulan el voto o se abstienen de acudir a las casillas, lo harán sin importar quién sea el candidato, simplemente están en contra de lo establecido y es la forma de inconformarse; lo que pasa es que en ocasiones crece el número y otras veces se reduce, debido a los que tienen algún motivo real para hacerlo.

Lo que sí debe preocupar y bastante a los partidos políticos y a las autoridades electorales, es la bajísima participación, convirtiéndose el 7 de junio en una jornada sin igual. En sólo tres años se redujo en 23.51% la asistencia a las casillas, esto por múltiples causas y motivos que deben atenderse sin dilación alguna. Aunque las elecciones federales intermedias (en que se elige sólo a los diputados) no despiertan mayor interés, un desplome de esa naturaleza es para buscar las razones.

Esta vez, 39.61% acudieron al Distrito 03; 38.98% al 01 y en el 02 fue 32.70%, siendo la tercera más baja entre las 32 entidades del país -sólo superada por Baja California (31.15%) y Chihuahua (32.14%)-, caso contrario en 2012 acudió el 59.88% del total de los inscritos, lo que pudo encontrar su razón en que era elección presidencial y que por lo cerrado de la lucha entre los candidatos a Los Pinos elevó el interés, algo que también se vivió en 2006 con un registro de 57.07%, en el año 2000 con 65.87% y 1994 con el 79.61%, todas ellas disputándose la “grande”; sin embargo, en 1991 únicamente fue para diputados y hubo una concurrencia de 68.88%.

En los estados vecinos a Aguascalientes la votación fue la siguiente: Guanajuato, 45.3%; Jalisco, 51.5%; San Luis Potosí, 56.8%; y Zacatecas, 45.1%; en algunos de ellos también hubo elección local; no obstante, es de llamar la atención la poca asistencia aquí y que junto con los votos nulos dejan muchas interrogantes, aunque por otra parte a los ganadores eso los tiene sin cuidado, puesto que gana quien obtiene más sufragios y no importa cuántos sean, por lo tanto, los próximos diputados llegarán con muy poco respaldo colectivo, pero eso no le quita un solo carácter a su investidura y representación.

Por cierto, que muy a la mexicana, los electos ni siquiera saben el acomodo de las curules –lo que conocerán en las jornadas previas a que rindan protesta– y ya se menciona quiénes serán los líderes de cada grupo parlamentario. Por el PRI se menciona a César Camacho Quiroz, actual presidente del Comité Ejecutivo Nacional; a Gustavo Madero Muñoz, líder del CEN del PAN; y a Jesús Zambrano Grijalva, exdirigente del comité nacional del PRD, ni más ni menos que los tres firmantes del Pacto por México, que con su apoyo le dieron vida y destino a las reformas estructurales propuestas por el presidente Enrique Peña Nieto.