Mutatis Mutandis. Pareciera que la insistencia de las cosas al cambio solo prolongan que luzcan cada vez exactamente iguales. Y dentro de ese afán transformista se encuentra la incidencia del hombre a alterar su entorno y a sí mismo, adecuando su espacio corporal a las fantasías que lo subliman, martirizan o intrigan a un punto clímax donde los detalles cosméticos juegan un rol importante en la definición de su propia identidad o en la búsqueda de la misma. Lo que antes era provocador, ahora forma parte del cotidiano y aquello considerado profanamente subversivo en la actualidad solo abriga los ardores propagados en mensajes multimedia. Mutatis Mutandis. Y, en el caso específico del género masculino, la infección de la bacteria metamórfica llega a modificar su esquema al punto que su cohesión existencial se ve alterada por una transfiguración que falsifica los componentes básicos de su análoga genérica y femenil para adecuarlos al suyo, exponiéndose como un adalid de la expresión individualista y con cierta arrogancia contestataria, amasando estimación, revolviendo la bandeja petri social con un versión virulenta de la tolerancia y, efectivamente, convencionalizando la proyección de una dualidad que, en la visión periférica de la historia, ha subsistido desde que los griegos conjugaron su fórmula para la belleza perpetua: XY + XX ¿El resultado? Travestismo, otrora Némesis de los fundamentos morales de una sociedad y ahora agradable compañera de batallas en el andar cultural. Lo dicho, entre más cambian las cosas más parecen quedar iguales.
Lo que en apariencia reluce como quimera genital, no es otra cosa que la indiferencia a la conformidad. Algunos son Emos, otros hipster y otros simplemente renuncian a su biología básica para sustituirla con la fantasía de otra. Y eso, por supuesto, es un fundamento narrativo que el cine, ese perenne cazador de historias de impacto, no iba a desechar. Diversos relatos se han confeccionado alrededor o periféricamente sobre estos personajes, lo que les ha dotado de mayor acceso a la normalmente limitada percepción urbana y en cierta forma validándolos como piezas integrales en el estrato social, para bien o para mal, ya que en este juego del doble discurso la figura del travesti bien puede accionar elementos dramáticos válidos en una historia o simplemente solo funge de bufón con amaneradas tendencias. La línea que separa la exploración de la mofa es muy delgada, sobre todo en el cine norteamericano. Sin embargo, algunas producciones pueden echar mano del fenómeno (sin ofender) aplicando la naturaleza relativamente festiva del travestismo para desarrollar relatos donde la gracia reside en el absurdo provocado por la testosterona maquillada y con labial. En este rubro ubicamos a “Una Eva y Dos Adanes”(Wilder, E.U., 1959), jocosa e inteligente farsa del maestro Billy Wilder donde el elemento travesti es tan solo el pretexto para desfilar en pantalla a Jack Lemmon y Tony Curtis con tacones altos en un hilarante intento por escapar de la mafia y terminar en una orquesta femenina tratando de seducir a Marilyn Monroe. De igual forma la siempre recatada Julie Andrews establece su propia paradoja de identidad en “Víctor Victoria”(Edwards, E.U., 1982), digamos la versión cómica de la más dramática “Cabaret”(Fosse, E.U., 1972), pero ambas elaborando en el clásico acto de vodevil que requiere a un hombre y a una mujer interpretar a sus contrapartes de género, así como “La Jaula de las Locas”(Serrault, Francia,1978) y sus dos secuelas, propulsoras indiscutibles del travesti como herramienta cómica (lo que no logra su forzado y lerdo remake gringo con un Robin Williams ya en decadencia) y amalgamándose a producciones que pretenden replicar las características elementales del exótico universo drag queen como “Priscilla, La Reina del Desierto”(Elliot, Australia1994), desenfadado relato de transformistas antípodas con las honestas y frescas interpretaciones de Guy Pearce, Hugo Weaving y un Terence Stamp que sorprende al demostrarnos que su tiesa jeta tiene bis cómica y el filme inglés de sabor agridulce “Botas Audaces Para Pies Diferentes” (Jarrold, G. B., 2005), con una valiente interpretación del moreno actor Chiwetel Ejiofor como punto nodal narrativo en un personaje que lo enfunda en aparatosos vestidos como improvisado y exitoso diseñador de calzado estrambótico. Mención aparte recibe Roberto Cobos en su icónica interpretación de “La Manuela” en la oscura y derrotista “EL Lugar Sin Límites” (1976), de Arturo Ripstein, quien manifiesta un México irredento en su revolcado gusto por el machismo, la avaricia y la homofobia compactados en el devenir de un pequeño pueblo – microcosmos del país.
Sin embargo, la línea dramática es la más cultivada en esta clase de producciones, destacando las cualidades conflictuadas de estos caracteres y exprimiendo sus particularidades parafílicas y psicológicas, desde aquella risible producción del Amo del Cine Barato Ed Wood Jr. Titulada “Glen o Glenda”(1959), probablemente el mejor ejemplo de aparatosidad dramática de inquietudes fetichistas jamás filmado, con el mismo Wood como inevitable protagonista una vez que él mismo sucumbiera a las prendas de angora femeninas en la intimidad (como se puede apreciar en la excelente cinta que sobre su vida hiciera el también excéntrico Tim Burton con un Johnny Depp convincente y comprometido en el papel), hasta las aproximaciones llenas de pathos elucubradas por el manchego Pedro Almodóvar, quien posee una tradición en desacralizar incluso la figura de quien porta las exuberantes personalidades y atavíos de sus personajes principales, desde Miguel Bosé en “Tacones Lejanos” (1991) hasta Gael García Bernal en “La Mala Educación”(2006), despojándolos de su fálica condición para imbuirlos de visceralidad y quebrantamiento emocional. Otros ejemplos de reciente factura que destacan por su notable tratamiento al respecto son “Hedwig And The Angry Inch” (Mitchell, E.U., 2001), loable en su tratamiento plástico con una mise en scéne lúdica y música energética; “Madame Satá” (Ainouz, Brasil, 2002), travesti extraído de acontecimientos reales donde lidia con su doble existencia a la par que cocina, ama, cría a su hijo y entra y sale de las prisiones de Río de Janeiro y “Desayuno en Plutón”(Jordan,G.B., 2005), barroca exploración de un hombre femenino (Cillian Murphy) que deambula las sucias calles de un Londres siempre en estado victoriano.
Son estos algunos de los retratos que lega el cine para comprender esa perfecta alineación que brota del conflicto, una vez que Marte y Venus son uno mismo y proyectan un panorama que unifica los conceptos de aversión y fascinación aún si en nuestra recatada y pueblerina sociedad hidrocálida aún continúa siendo motivo de escándalo. Mutatis Mutandis.
Nota: Las cintas mencionadas se encuentran a la renta en la Videoteca del C.C. Casa Jesús Terán.
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