Esqueletos en el armario. Todos tenemos aunque sea una pequeña osamenta celosamente resguardada con el fin de eliminar cualquier probabilidad de humillación pública o condena social, pues una errata o disparate de nuestra parte tiene todo el potencial para estigmatizar una existencia (y para muestra, ahí están los vociferantes candidatos locales de muestra… aunque sus pifias pasadas se puedan lavar con detergente en metálico). La compañía de cómics Marvel, a pesar de detentar el control casi absoluto de venta de historietas en el mercado norteamericano (algo así como la versión Televisa de las cuatro tintas), tuvo enormes dificultades para traspolarse a la ficción cinematográfica y para un cinéfilo de la generación Twitter, le debe resultar imposible o difícil de aceptar la noción de que hubo una época donde la versión mediática audiovisual de un personaje Marvel equivalía a bodrio instantáneo. Así es Verdaderos Creyentes, la ahora omnipotente empresa, artífice de cintas con réditos multimillonarios como la saga de los Hombres X (incluyendo el más reciente título estrenado en cartelera hidrocálida), “Los Vengadores” (Whedon, E.U., 2012) o su reciente magnum opus y nuevo miembro en el club del billón de dólares en recaudación mundial “Capitán América: Civil War”, alguna vez padeció para llevar a las pantallas a sus icónicos personajes vomitando proyectos de pasmosa hechura que, seguramente, los altos ejecutivos de esta exitosa factoría ahora guardan bajo llave y código de seguridad nuclear, como quien oculta su basura bajo la alfombra o abandona los desechos de su mascota en la vía pública para que sean problema de alguien más. Ese alguien más somos nosotros, quienes laceramos en algún momento nuestras retinas con algunas de las adaptaciones más lastimeras jamás vistas por cualquier fanático, esperanzados en revisar tan solo una decorosa transfiguración de tan fantásticos seres. Oh, ilusos de nosotros. Si usted, amable lector, pensó que lo más bajo a lo que se había atrevido a caer Marvel fueron sus mediocres versiones de “Daredevil” (Johnson, E.U., 2003) o cualquier iteración audiovisual de “Los Cuatro Fantásticos”, prepárese, porque a continuación enumeraré algunos de los pecadillos más notorios en la historia del cine súper heroico estelarizados por los ahora exitosos protagonistas de acaudaladas franquicias. Algo así como sus Guerras Secretas, pero paupérrimas.

CAPITÁN AMÉRICA: La honrada antropomorfización de los ideales patriotas norteamericanos no siempre estuvo representado en filmes a la altura de su leyenda. Ahora es un personaje que equivale a miles de millones de dólares en taquilla, pero en 1944 surgió en un serial que incomoda hasta el día de hoy, pues sus valores de producción manifiestan una indigencia escenográfica y argumental apabullante mas, tales carencias podemos achacarlas a una ingenua visión que por entonces se tenía de la figura heroica extirpada de un cómic. Lo que sí no tiene alguna excusa para su nauseabunda existencia son los dos telefilmes que, durante la década de los 70’s, aspiraron a evolucionar en series televisivas impulsadas por el éxito de la versión para pantalla chica de su rival catódico con “La Mujer Maravilla”. Ambas producciones, tituladas “Captain America” (Holcomb, 1979) y “Captain America II: Death Too Soon” (Nagy, 1979), contaban con la participación del anatómicamente inflado Reb Brown como Steve Rogers y unos argumentos soberbiamente indignos, destacando la segunda parte, donde el Capitán se transporta en colorida motocicleta y porta un caso de geometría mongoloide para enfrentarse ni más ni menos que a…¡Christopher Lee!, mas no como Drácula, sino encarnando a un maligno empresario que planea esparcir un tóxico que acelera el envejecimiento (¿!). Denominarla infantil es ofender a la infancia y si usted gusta dañar irremediablemente su corteza cerebral se encuentran completas en internet, así como la controvertida versión de 1990 estelarizada por Matt Salinger (por cierto, hijo de J.D. Salinger, autor de la legendaria novela “El Guardián en el Centeno” y que seguramente fue desheredado por tan ilustre progenitor en cuanto vio el bodrio que estelarizó su retoño), jamás estrenada en cines según lo planeado a pesar de contar con actores destacados como Ned Beatty y Ronny Cox. Tal vez la descerebrada historia sobre el conflicto entre el Capi y su némesis Calavera Roja (quien pasó inexplicablemente de ser un Nazi a aristócrata italiano e interpretado por Scott Paulin con la misma fineza que Frank Langella y su Skeletor en “Los Amos del Universo”) narrada con un montaje youtubero (o sea, a las carreras y sin sentido) e interpretación patética de Salinger no ayudaron mucho, aunque ahora es objeto de culto.

EL HOMBRE ARAÑA: Antes de Sam Raimi y Tobey Maguire, el arácnido se vio ridiculizado por una serie de versiones televisivas que trataron de serle fiel al personaje pero al final sólo pusieron en evidencia sus carencias a nivel producción. El epítome fue un filme para T.V. titulado “El Hombre Araña y El Reto del Dragón”(McDougall, E.U., 1981), distribuido descaradamente en nuestro país para su apreciación en cines piojito donde pudimos atestiguar a un Hombre Araña escuálido interpretado por Nicholas Hammond (sip, el chiquillo más menudo en “La Novicia Rebelde”) aplicando un kung fu de risa loca. Aunque pudo ser peor… y lo fue, en la serie japonesa setentera sobre el personaje conocida como “Supaidaman!”, donde un intrépido motociclista (Taikuya Yamashiro) se transforma en el Hombre Araña ayudado por un artefacto alienígena del Planeta Araña (no se rían) que, tomando inspiración de Ultramán, alcanza dimensiones gigantescas (en serio, no se rían) para combatir a su enemigo, el Profesor Monstruo (bueno, está bien, ya rían). Pedazo de cultura pop para los anales de la oscuridad comiquera y muchos más entretenido que las sobrevaluadas cintas dirigidas por Sam Raimi.

HOWARD, EL SÚPER HÉROE: Para todos aquellos que insisten en venerar al deificado y sobrevalorado George Lucas, bien les convendría visionar esta cinta de 1986 donde el creador de “La Guerra de las Galaxias” produce una adaptación que, en cómic funcionaba como sátira de la cultura norteamericana, pero que gracias a la literalización de Lucas, en cine sólo queda un estrafalario testimonio de que no toda historieta puede ser transformada en película. La demencial historia gira en torno a Howard, un pato antropomórfico que llega a nuestro mundo debido a un experimento científico. Con su humor guarro como superpoder conquista a una linda rocker (Lea Thompson) para que le ayude junto a un atolondrado científico (¡Tim Robbins!) a regresar a su palmípedo universo. Efectos especiales a granel, guiños al bestialismo y una banda sonora característica de la época hacen de esta cinta sólo de verse para creerse.

LOS 4 FANTÁSTICOS: Déjenle a Roger Corman, amo y señor de la filmación barata y exprés, una adaptación de la Primer Familia de Marvel para generar la cinta de culto sobre superhéroes por excelencia. Creada por la factoría de churros New Horizons para retener los derechos sobre los personajes sin genuinas intenciones de estrenarla comercialmente, la cinta culmina en la máxima ironía, pues resultó muy fiel a su material fuente superando en argumento a sus contrapartes actuales de gran presupuesto, a pesar de una ejecución ‘naif’, actuaciones amateurs y efectos especiales de pena ajena (para darles una idea, una escoba con manga suple el elástico brazo de Míster Fantástico). Aún así, siempre resultará más grato ver al clásico equipo en sus característicos trajes de spandex azul cielo y un Doctor Doom ataviado tal como lo conocemos en las viñetas que las estériles interpretaciones de Jessica Alba y compañía, sin mencionar la estrambótica y casi surrealista versión de Josh Trank hace un par de años y que hacen ver a esta torpe y guarra producción de Corman como un lujo.
Entonces, estimados marvelitas, ahora que han catado el paraíso de los filmes sobre superhéroes Marvel, nada como una zambullida a su pequeño Hades para mantener una cierta perspectiva, pues hasta los titanes tienen sus sucios secretitos.
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