Los deseos y actitud de José María Hermosillo desquitaron el boleto

Por Alejandro Hernández R.
Fotos: Enrique de Santiago S.

Aun siendo la quinta novillada de la temporada, el adagio tan taurino de que ¡no hay quinto malo”, ha tenido como todas las reglas, su excepción.

El ganado perteneciente la ganadería de Don Felipe Castorena, a la postre, resultó ser una infranqueable muralla donde se estrellaron los deseos e ilusiones de los tres novilleros, mas no su valentía, voluntad y actitud, sobre todo en el caso del espigado acalitano José María Hermosillo, el único en dar una vuelta al ruedo, luego de una nutrida petición.

El graderío del Coso San Marcos, en sus tendidos de sombra rayó casi en un lleno, mientras en la zona cálida, se cubrió un tercio de su aforo, en tarde calurosa, con algo de ráfagas de un viento fresco, sin llegar a molestar a los toreros.

Del encierro muy poco se puede referir, a no ser la ausencia de raza, de bravura de fondo, todos carentes de fuerza, quedándose corto y sin meter la cara, tirando a defenderse, cumpliendo medianamente en el caballo, pero sin prestarse para el toreo bueno. Deslucido y malo en términos generales.

De los tres espadas encabezados por Jorgito Salvatierra, al primero lo mató de media estocada en todo lo alto para saludar en el tercio, y a su segundo le pegó un bajonazo, dos pinchazos sin soltar, tirando seis golpes con el descabello, doblando sola la res.

José María Hermosillo al primero, le dejó una entera contraria y atravesada, agregando cuatro punzaduras sonando un aviso, para saludar en el tercio. Con el otro, perdió la oreja por sus fallas con las espadas. Primero se le fue la mano dejando un chalecazo muy bajo y delantero y luego un pinchazo. El público pidió la oreja, que fue correctamente bien denegada por la autoridad. Acabó dando la única vuelta al ruedo de la tarde.

El colombiano Juan Sebastián, dejó espadazo trasero y tendido para ser silenciado, y con el último, mató de entera también atrás escuchando palmas discretas.

Algo preocupante ocurre con el bajito y delgado Jorge Salvatierra, que por lo regular cada vez que torea los novillos le tropiezan peligrosamente. Se trata de un novillero con bastante tiempo en esto y un buen rodaje, pero aparte de que en las últimas fechas la suerte no le ha acompañado en el sorteo, aparte de ser un novillero de cabeza clara, dominador del oficio, no se ha encontrado con un animal colaborador, con claridad, con buen fondo. Sus dos enemigos de ayer, perecieron copia al carbón uno de otro. Débiles, no fáciles, sin calidad, ni repetidores. Su primeo, se le acabó el gas en menos de veinte embestidas, obligando al torero a pisarle el terreno poniéndose muy cerca, extrayéndole muletazos uno a uno, y llevando el engaño muy retrasado y a media altura, como era lo indicado. Al final de una joselillina, el burel le echó mano sin causarle daño. Mató de media estocada en la yema y saludó en el tercio.

Con el otro, manso y un tanto brusco, le buscó aguantando mucho las descompuestas embestidas, tratando de domeñarlo pero fue inútil por más que se empeñó en hacerlo. Volviendo a las cercanías con mucha firmeza. Ya en tablas con igual voluntad le robó algunos pases, sin escaparse de llevarse otra maroma. Falló con los dos aceros.

Quien ha estado toda la tarde derrochando voluntad y actitud fue José María Hermosillo. Con su primero, inició la faena en el centro del ruedo con sendos y ajustados cambios por la espalda, que emocionaron a la parroquia. Con un novillo brusco y sin humillar, siempre defendiéndose, indefinido y soso, sin fondo de calidad ni bravura, intentó el toreo en redondo sobre ambas manos, estando muy quieto. Pronto se aquerenció el novillo en la puerta de toriles, donde obligó al muchacho a pegarse un verdadero arrimón, metido entre los pitones, poniendo mucha raza y valor al asunto, respondiendo con fuerza el público. No pudo coronar dignamente su valeroso trasteo al cobrar una estocada muy caída, y aunque surgió la petición, ésta fue denegada por el juez correctamente.

Del colombiano, es escaso lo que hay por consignar, a no ser que se trata de un chamaco que está falto de rodaje, verde, y también, hay que decir en su descargo, lo malo de su lote.

Para el domingo próximo, no envía Fermín Rivera su novillada, y la sustituye una de Espíritu Santo, para ser lidiada por Juan Pablo Herrera, Rafael Loera y Juan Padilla.