Prof. Flaviano Jiménez Jiménez
Cuando Jaime Torres Bodet fue designado Secretario de Educación, por primera vez, sabía que el magisterio nacional estaba dividido; por ello comentó preocupado a sus más allegados: “Con un magisterio dividido no se puede trabajar, mucho menos obtener buenos resultados en educación”. Acto seguido, Don Jaime se dio a la urgente tarea de dialogar con los líderes de las distintas tendencias sindicales con el fin de lograr unidad de los maestros en torno a la educación de los niños y jóvenes de México. El día que Torres Bodet tomó posesión de su cargo todos los líderes magisteriales asistieron al acto y pocos días después surgió, con la unificación de todas las corrientes, el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE), el cual contribuyó en los extraordinarios avances que logró Don Jaime Torres Bodet en materia educativa. ¡Lo que genera el valor de la unidad!
La unidad magisterial perduró por varias décadas a nivel nacional y en las entidades federativas, incluyendo Oaxaca, Michoacán y Guerrero. Pero en los últimos años, algunos líderes, de estos estados, empezaron a enarbolar las banderas de la democratización sindical y aumento del 100 % en los salarios, provocando una incipiente división en las filas magisteriales. Con motivo de las campañas políticas para obtener las gubernaturas en estas entidades, los candidatos de oposición, dispuestos a ganar a como diera lugar, encontraron en el magisterio terreno propicio para lograr sus propósitos al costo que fuera. La estrategia fue profundizar la división de los maestros, a través de los líderes más ambiciosos, radicales y belicosos, a quienes ofrecieron importantes puestos en el aparato estatal y les dieron cuantiosos recursos para las movilizaciones y para la compra de votos en favor de los candidatos que daban todo a manos llenas. De esta manera surgió la disidencia, en estos estados, y otra parte se mantuvo en la institucionalidad. Pero cuando los candidatos de la oposición obtienen las gubernaturas deseadas, se olvidan de los líderes disidentes y de sus promesas. Éstos, con sus huestes, reaccionan airadamente, se enfrentan a las autoridades elegidas y por la fuerza (o con valores entendidos) toman las instalaciones de las administraciones educativas locales, se apropian de estos órganos burocráticos e imponen autoridades educativas a su antojo. Las reglas de operación del sector y el manejo (venta) de plazas, ahora son controladas por los líderes de la disidencia; las escuelas, los niños y la educación ya no importan; importa el poder de los líderes, quienes administran, a su arbitrio, los recursos humanos, materiales y financieros del respectivo sector educativo estatal. Los gobernadores de estas entidades federativas por incapacidad, o en pago por los servicios prestados, dejan que los líderes magisteriales hagan y deshagan los asuntos educativos. Y cuando estos líderes quieren, adicionalmente, jugosas prebendas, realizan marchas multitudinarias belicosas y mítines con discursos incendiarios; doblegando a los gobernadores y obteniendo cuantiosos recursos (¿para qué?) Dice el proverbio “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. En cada cambio de autoridades locales, la historia se repite; y la educación de los niños ¿a quién le importa? Así emergió y se consolidó, en las campañas políticas, la Coordinadora en los estados de Oaxaca, Michoacán y Guerrero; la cual hoy agrede a todo lo que se le ponga en frente. El alto costo educativo, social, político y económico es el precio que se está pagando por la división magisterial en estas entidades.
En las pasadas elecciones de Aguascalientes, hubo ya quien, a través de líderes magisteriales ambiciosos y corruptos, logró sembrar la semilla de la división entre el magisterio local. Las condiciones, pues, están dadas, según se quiera: ya sea para profundizar la división, sin importar el costo educativo, social y político; o bien para dialogar con los principales actores de la educación a fin de encontrar la unidad en torno a lo fundamental: otorgar servicios educativos de calidad a los niños y jóvenes de Aguascalientes. En el magisterio de Aguascalientes visiblemente se distinguen dos tipos de líderes: los ambiciosos y corruptos que sólo desean que los pongan, o pongan a sus incondicionales, en donde hay y ellos se encargan de lo demás; a éstos la educación no les importa. Otros, sí están interesados en apoyar la educación, la educación pública, el mejoramiento profesional de los docentes y directivos y el mejoramiento de la calidad educativa de los educandos. Es verdad que el magisterio de Aguascalientes es noble y muy profesional; sin embargo, la división acaba con la nobleza y con el profesionalismo. La división es terreno fértil para las cosas peores. En manos de las próximas autoridades está el destino de la educación de los niños y los jóvenes del Estado. “Bajo advertencia, no hay engaño”.