José Luis Macías

Los aspirantes a candidatos independientes que a medio camino se convierten en aspirantes a candidatos de un partido político son unos “chapulines” ebrios de ambición, faltos de ética y huérfanos de congruencia. Antes de explicarle mis argumentos al respecto, hagamos algo de memoria:

Ya lo habíamos platicado, la figura de las candidaturas independientes es solo una válvula de escape ante la profunda crisis de legitimación social que enfrentan los partidos políticos dentro de los sistemas representativos, y por ende, la misma no constituye la llave mágica a través de la cual llegaremos a una sociedad altamente democrática, para ello se requieren modificaciones culturales, políticas, y económicas no solo de quienes gobiernan sino de la sociedad en su conjunto.

Ya lo habíamos platicado, el contar con candidaturas independientes por sí mismo no le garantiza a ningún estado democrático algún avance o retroceso. Existen países que prohíben las candidaturas independientes y que los gobernantes gozan de una legitimación mucho mayor que en países que las permiten. Una modificación institucional como lo fue crear esta deforme figura, jamás cambiará por sí misma los patrones culturales que tenemos y que determinan nuestra penosa realidad democrática.

Ya lo habíamos platicado, que no le digan y que no le cuenten, los candidatos independientes son políticos. El participar en procesos de elección popular, hacer manifestaciones públicas de la agenda y buscar acceder a espacios del ejercicio del poder los convierten en políticos; solo que, huérfanos de partido y por ende de ideología y además, en muchos casos, carentes de formación y experiencia.

Ya lo habíamos platicado, gracias a las candidaturas independientes, nuestro ya de por sí esquizofrénico sistema jurídico electoral atraviesa por una profunda problemática para garantizar condiciones equitativas a los candidatos de partido y a los candidatos sin partido. Créame, pintar la cancha para un juego donde los contrincantes no están en igualdad de circunstancias es algo verdaderamente difícil.

Pues bien, lo que no habíamos platicado, es más, ni siquiera vislumbrado, es lo que observamos este mes. Resulta que del total de veintitrés políticos que solicitaron al Instituto Estatal Electoral participar en el proceso electoral como candidatos independientes a distintos cargos de elección popular, la abrumadora mayoría, es decir diecinueve de ellos, modificaron instantáneamente su determinante postura racional y se cruzaron de la banqueta de los políticos que mostraban repudio a los partidos, a la banqueta de los políticos que forman parte de un partido.

Como trágica comedia llena de sarcasmo desvergonzado e ironía irritante, estás diecinueve personas que profesaban el evangelio de total repudio a los partidos políticos, en cuestión de semanas optaron por buscar una postulación a cargo de elección popular a través de uno.

Afortunadamente para la sociedad de Aguascalientes, estos torpes mercenarios de la política desnudaron rápidamente y delante de todos, el verdadero motor que los impulsó a buscar una candidatura independiente consistente en una simple ambición personal más que un verdadero ánimo de abonar a un fortalecimiento democrático mediante una postura política determinada.

Lo que tanto criticaban es lo que terminaron haciendo: buscar a toda costa llegar por llegar al poder. Qué bueno que fue ahora y no más tarde el momento en que nos mostraron sus intenciones.

La dignidad en la conducta humana radica en la congruencia inquebrantable entre lo que se hace y lo que se piensa.

El respeto lo goza aquel que sin importar la condición o conveniencia, se mantiene inalterable en la defensa de sus ideas.

Sin dignidad y sin respeto han quedado éstos diecinueve “chapulines”.

@licpepemacias