Por Jesús Álvarez Gutiérrez

ciudad-vivaEl tránsito de la manufactura a la mentefactura obligará a Aguascalientes a realizar cambios profundos en varias políticas públicas, en especial la educativa. Los cambios incluyen un amplio abanico de estrategias, desde un replanteamiento de la relación con el magisterio hasta la redefinición de los fines y métodos. Hoy tenemos claro que no se trata de seguir formando empleados disciplinados sino personas emprendedoras, creativas, innovadoras, responsables, honestas, solidarias y competitivas.

A propósito de la educación, uno de los debates mundiales más interesantes se refiere a los estudiantes con capacidades académicas sobresalientes. Ellos serán los líderes científicos, sociales y políticos del futuro. La pregunta es: ¿nacen o se hacen? Responder de una u otra forma determinará la política pública.

Corea del Sur abandera la postura genetista. No sólo cuenta con programas nacionales muy elaborados de atención especial (y segregada) a la población estudiantil que considera excepcional, sino que estableció una legislación que define al niño superdotado como “una persona que posee habilidades innatas extraordinarias o talentos visibles que requieren educación especial para nutrirlos.” Se las identifica tempranamente y se les proporcionan tutores y escuelas privilegiadas, desde primaria hasta universidad. Estos supuestos beneficios alcanzan al 1% del total de los estudiantes.

El pueblo japonés, en cambio, tiene mucha fe en la idea de que la condición de “superdotado” puede enseñarse y no es resultado de la genética. En lugar de un sistema educativo formal para estudiantes con capacidades sobresalientes, Japón se ha propuesto estimular en todos sus niños la creatividad y el amor por las ciencias. Con este objetivo ha implementado programas como “Campamentos Infantiles de Ciencia”, “Científicos de la Nueva Generación”, “Preparatorias Super Científicas”  y “Torneos Científicos Japoneses”. Como resultado de estas medidas, por ejemplo, el número de japoneses participantes en la Olimpíada de Ciencia se incrementó al triple en los últimos cinco años.

El caso de Israel es digno de estudiarse con mayor detenimiento. Hace algunas décadas, el gobierno israelí, por razones ligadas a la seguridad nacional, buscó detectar a niños superdotados a efecto de proveerlos de tutores y acompañamiento especializado. Todos los estudiantes de primer grado de primaria eran sometidos a una prueba estandarizada para medir su coeficiente intelectual y reclutados para el servicio público los de más alto IQ.

El programa fue criticado por activistas de la sociedad civil. En primer lugar, porque partía de una premisa de discriminación darwinista que da por hecho que algunos niños nacen superdotados y están destinados a un mayor éxito que otros. En segundo lugar, porque era sospechoso que el mayor porcentaje de los alumnos seleccionados provenía de las familias ricas.

Investigaciones posteriores revelaron que no era que los niños originalmente seleccionados fueran genéticamente más inteligentes, sino que los hijos de las familias adineradas habían participado en programas de estimulación temprana que les permitieron desarrollar mejores interconexiones neuronales más rápidamente. En cambio, los niños de familias con menores recursos económicos no recibieron ningún tipo de estimulación intelectual inicial hasta que llegaron a su primer día de clases en la primaria; por eso obtenían resultados menores en su prueba de coeficiente intelectual.

Con el paso del tiempo fue posible observar que los niños identificados tempranamente como superdotados no siempre resultaban al final del día los más capaces. Un niño acostumbrado a resolver problemas con relativa facilidad desde el primer intento no sabe cómo enfrentar momentos de crisis o situaciones inesperadas para las que no existe una respuesta evidente.

En cambio el niño que se acostumbra desde el principio a las dificultades propias de la resolución de problemas, desarrolla un gran potencial intelectual y creativo para enfrentar las crisis en su vida adulta. Busca una y otra vez aproximaciones innovadoras, y esto le permite encontrar perspectivas diferentes. Al paso de los años, esa constante búsqueda lo vuelve efectivamente “más inteligente”.

La manera como el gobierno de Israel pudo demostrar este fenómeno merece análisis particular. Aplicó a los estudiantes exámenes con problemas irresolubles, es decir, sin una respuesta correcta. Lo que buscaba medir era precisamente la disposición de los niños a no darse por vencidos. Curiosamente, los niños de coeficiente intelectual más alto se daban por vencidos más pronto, acostumbrados como estaban a resolver los problemas desde la primera tentativa. A diferencia de aquellos, los niños de menores recursos buscaban continuamente nuevas formas de enfrentar el problema, y no se rendían aunque se acabara el tiempo de aplicación de la prueba.

Eventualmente, Israel abandonó el discurso oficial de niños genios o superdotados, porque “no solo era políticamente incorrecto sino, más importante aun, era científicamente incorrecto”, como señala la doctora Mazhrev.

Otra práctica cada vez más cuestionada en varios países desarrollados es la denominada “aceleración de trayectoria”. Muchos pedagogos y psicólogos han denunciado que una cosa es adelantar a un niño de grado escolar por estar intelectualmente capacitado para aprender temas de mayor dificultad académica, y otra que esté emocional y socialmente preparado para tratar con jóvenes más grandes que él, o sobrellevar las inquietudes físicas y mentales de la adolescencia cuando biológicamente todavía es un niño.

Si las aptitudes sobresalientes tienen que ver más con la enseñanza que con la genética, Aguascalientes enfrenta el reto de preparar a sus maestros en métodos mucho más sofisticados (derivados de los últimos descubrimientos en neuropsicopedagogía) que les permitan brindar una atención personalizada para lograr, simultáneamente, motivar a sus estudiantes rezagados, premiar el esfuerzo y conseguir que no se aburran los académicamente más avanzados. Adicionalmente es necesario disminuir el número de alumnos por grupo y crear las nuevas figuras que contempla la Reforma Educativa, como subdirectores, tutores y asesores, dentro  del Servicio de Acompañamiento Técnico Escolar (SATE). Finalmente, el nuevo gobierno deberá también asegurar la cobertura total en preescolar y ampliar las oportunidades de educación inicial en zonas rurales y urbanas marginadas.

Esto lo tiene muy presente la candidata Lorena Martínez, según se lo hemos escuchado en varios foros en los que ha participado, tanto frente a maestros, estudiantes y la comunidad científica, como ante la población en general.

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