Los años sin cuenta

Cuando la rotativa de EL HERALDO de Aguascalientes arrancó por primera vez y se aventuró por las calles de esta ciudad un día como hoy, hace 62 años, la aventura y la ventura de su fundador renovaban la frase que Suetonio atribuyó a Julio César: “La suerte está echada”.

Una suerte calculada, arriesgada, sí, pero cimentada en la sagacidad de ese su fundador, don Mauricio Bercún Melnic.

Venturosamente, pues, la aventura completa su año 62 habiendo iniciado el camino a su séptima década, ya sin la presencia física de don Mauricio pero con sus ideales vivos… y a la vez distintos: EL HERALDO de Aguascalientes es, no es y es más.

EL HERALDO es el mismo diario empecinado en reflejar hechos y diseminar ideas e ideales anclados -que no distorsionados- en su circunstancia.

EL HERALDO no es el mismo: a diferencia de su primera edición impresa en blanco y negro, hoy el color matiza los hechos con imágenes, auxiliado con la tecnología irrefrenable e impensable a mediados de la década de los 50, cuando nació.

EL HERALDO es más: como Aguascalientes, ha crecido, se ha transformado, ha recorrido 62 años, aprendido lecciones y madurado en sus primeras 22113 ediciones de una vida enriquecida. Semilla humilde en 1954, se levanta soberbia este 2016 sin perder la perspectiva de futuro ni abdicar de los ideales sembrados en el origen, ni negada a enfrentar los desafíos que vengan.

Pues… que vengan.

La historia de EL HERALDO no deja de ser el registro histórico de Aguascalientes, nuestra gran casa.

En nuestras páginas hemos consignado hechos cotidianos y días fastos; pero también nos hemos visto obligados a difundir otros días y hechos nefastos. Sesgar, discriminar y ocultar sería una distorsión a sabiendas, una infidelidad a los lectores y un irrespeto al ideal germinal sembrado por don Mauricio y consolidado por el sucesor suyo, Mauricio Bercún López.

No nos toca moldear un mundo a modo. Nos corresponde informar: dar forma a los sucesos, develar a los protagonistas, no rebelarnos ante ninguno; más bien seguimos empecinados -hay que reiterarlo- en consignar, en escribir, y escribir bien, los eventos que a los aguascalentenses interesen y deben conocer.

Otras voces no las pronuncian nuestros propios reporteros, sino aguascalentenses generosos, pensantes y divergentes que se pronuncian. Los acogemos con orgullo en nuestras páginas pues, diferentes entre sí, no son indiferentes a su vocación: expresar lo que no pueden actuar.

Otros y nosotros hemos recorrido un trayecto satisfactorio pero incompleto: solazarnos en la construcción de EL HERALDO sería mera complacencia, abulia… nostalgia pura.

No. Nos falta recorrer, vivir mucho más y este es otro de nuestros empecinamientos:

En los últimos años, las nuevas tecnologías, las redes sociales, las generaciones que leen y escriben nuestra Historia mediante esas vías exponencialmente cambiantes, atractivas y generalizadas, todo, es el gran reto para EL HERALDO.

Comenzamos ya a proponer contenidos adicionales a nuestro Diario impreso y esperamos con esas formas novedosas complacer a nuestros ciberlectores.

Es “la cuenta de nunca acabar”. No cruza por nuestra mente la idea de pensar en que hasta aquí cumplimos metas ni cerramos ciclos. Ni siquiera cuando completemos la séptima década, que será un valor referencial.

Sí que celebramos la cuenta de los años cumplidos y celebramos más el cumplimiento cabal de nuestros ideales fundacionales.

Pero, así como significó un gran salto la transformación, desde aquel ejemplar número uno impreso en blanco y negro, hasta este 22113 y su ciberhermano de hoy difundido en la Web, ese gran salto no lo hemos dado al vacío: pisamos fuerte el horizonte que nos aguarda siempre a diario, siempre estimulados por la fidelidad de nuestros lectores y anunciantes, siempre acuciados por la necesidad de acatar el ritmo del Hoy.

Orgullosos, conscientes de nuestros límites pero sobre todo conscientes de nuestra pulcritud ética, ofrecemos y nos ofrecemos no perder la altura de miras ni la dignidad de un HERALDO de Aguascalientes como Aguascalientes lo merece.