Por: Juan Pablo Martínez Zúñiga

“Regresa a Jersey, muchacho. Esta es la ciudad de los ángeles, y tú no tienes alas…”- Capitán Dudley Smith

En “Pacto de Sangre” (“Double Indemnity” – E.U., 1944), el truculento agente de seguros Walter Neff (Fred McMurray) fragua la muerte de un hombre en complicidad con un bello demonio femenino de cabellera dorada llamado Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck). La futura víctima es su esposo y Neff, víctima de la incontrolable pasión que ella inocula mediante sus ardorosos besos y sus afilados ojos azules, sucumbe a un acto criminal por dinero y por un cuerpo, emoción que él aclara para sí al reconocer que nunca creyó que el asesinato oliera a madreselva. El marco para esta brillante obra circunscrita al film noir es la ciudad de Los Ángeles, cosmopolita metrópoli de sofocante atmósfera muy proclive a generar el caldo de cultivo para la maldad, pues en sus resplandecientes calles donde habitaba la promesa del futuro americano también se incubó la vileza y perversidad que pudo infectar su identidad. El microscopio que detecta esta cepa es la cámara de cine, y a través de diversos filmes ha sido posible captar el virus que infecta con oscura voracidad el alma humana mediante historias donde la decadencia, el crimen y la pasión que eroga en actos de perversidad sustenta y fermentan clásicos como el filme arriba mencionado. “Los Ángeles al Desnudo”, obra filmada en 1997 y firmada por el recientemente fallecido Curtis Hanson, localiza los puntos nodales de un género que mama de la antropocencia y detona cual arma fugaz en una habitación en penumbras los componentes más ominosos del pensamiento, donde sólo moran el pecado y la trascendencia en la fabulada década de los 50’s. La cinta condensa sus nodos dramáticos en tres personajes de disímbola postura pero que en conjunto forman un complejo y rico ente que crece y prospera en la hermética geografía de un cuartel de policía: Ed Exley (Guy Pearce), hombre que aprende a vivir con el peso de la inmensa sombra que proyecta su difunto padre, legendario agente que hizo escuela en la Fuerza, tratando de apegar su existencia a las reglas tanto personales como constitucionales viviendo y aplicando con estricta rectitud la ley, ganándose la antipatía de sus corruptos compañeros en el proceso; Bud White (Russell Crowe), un bruto de corazón noble convencido de que la justicia se encuentra al final de unos puños, brazo fuerte del jefe de la policía Dudley Smith (James Cromwell), a quien considera su perro bravo en la caza a criminales… Aún si ésta se aplica fuera de línea. Y por último, Jack Vincennes (Kevin Spacey), policía de nombre más no de oficio que toma el dinero y pregunta después, asesor de un popular programa televisivo y contacto judicial de Sid Hudgens (Danny DeVito), fotógrafo y redactor del pasquín sensacionalista “Hush Hush”, publicación especializada en nota roja farandulera. Todos ellos se verán involucrados en un caso de homicidio que atañe al Olimpo de Hollywood y que pondrá en perspectiva tanto sus naturalezas como la identidad de su oficio, pues descubren que para ser genuinos policías deberán tomar las decisiones más difíciles de sus vidas.
Inteligentemente, Curtis Hanson distribuye la exploración de su relato en base a las disímbolas miradas que aportan cada personaje, permitiendo que la historia se vincule orgánicamente con la exploración psicológica y emocional que la narrativa permita en base a las acciones que ellos producen, por lo que nuestros protagonistas son entidades activas que propulsan maravillosamente la trama, tanto por y debido a su naturaleza inquisitiva como por la habilidad del guión hecho por Brian Helgeland, de dotar de elementos muy específicos a cada uno, pues Exley (Pearce) debe aprender a colaborar y confiar en sus nuevos compañeros aún si los considera inferiores mientras que White (Crowe) aprende a domar su bestia interior cuando conoce a Lynn Bracken (Kim Basinger en el papel de su vida), una prostituta que trabaja en un círculo de lenocinio con corte cinematográfico, ya que todas las meretrices son maquilladas, vestidas y operadas para lucir como estrellas de cine (en el caso de ella, semeja perplejamente a Veronica Lake). La relación que White y Bracken sostienen permite añadir un ángulo de humanidad a una historia bañada en oscuridad, así como un discreto sentido del humor que sopesa o balancea el tallo detectivesco de la cinta -la escena donde Exley y Vincennes confrontan al temible Johnny Stompanato en un bar es claro ejemplo- .
“Los Ángeles al Desnudo” hace de la ciudad californiana un personaje que devora y regurgita a sus personajes entre entrañas de neón y relucientes calles pavimentadas, evocando una era cuando la inocencia sociocultural fenecía y las urbes dictaban el rumbo identatario de una nación. Una formidable cinta habitada por personajes tan bien desarrollados e igualmente interpretados que merece verse en esta época de sequía en propuesta cinematográfica.

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