Carlos Reyes Sahagún

 

Cronista del municipio de Aguascalientes

 

En 1880 se fundó la empresa del Ferrocarril Central Mexicano, cuyo objetivo fue tender una vía férrea entre la capital del país y Paso del Norte, Chihuahua. Los trabajos se llevaron a cabo de tal forma que en marzo de 1884 un tren recorrió por primera vez la línea en su totalidad.

En el contexto de un país más rural que urbano; un país que apenas comenzaba a industrializarse, las actividades primordiales eran las agropecuarias. De aquí que muy probablemente las estaciones que se establecieron en la geografía aguascalentense, rurales todas ellas, salvo la de la capital, fueron pensadas para satisfacer las necesidades de los ranchos y las haciendas de la región; para llevar al mercado las cosechas. Una de ellas fue, precisamente, Pabellón, cercana a la gran hacienda de San Blas, cuyos restos dieron forma al poblado de Pabellón de Hidalgo, Rincón de Romos.

Este fue el principio de la ciudad de Pabellón de Arteaga, que el próximo jueves cumple 50 años de haberse convertido en municipio de esta, nuestra Suave Matria. Disculpará usted que tome como tema de estas líneas una demarcación diversa de la que fui honrado con el título de cronista, pero en verdad la ocasión lo amerita.

Por donde se le vea, Pabellón es un lugar excepcional en Aguascalientes; por el origen de su gente, desde luego, diverso a cierta homogeneidad que caracteriza a la de otros lugares –quizá por eso le dicen también Pabeyork– pero también por su urbanización, sus actividades económicas, su arquitectura… Ciertamente hay municipios más recientes, San Francisco de los Romo y El Llano, pero no así sus cabeceras municipales.

Hace poco, cosa de unos dos o tres años, falleció el querido ingeniero Alfonso Bernal Sahagún, que fue uno de los primeros nacidos en Pabellón… ¿Qué ciudad o pueblo de Aguascalientes podría afirmar semejante cosa?

Pabellón tiene un parque que tuvo un trenecito como el del Parque Hidalgo, y dos plazas, el llamado Jardín Principal, frente a la presidencia municipal, y el de la entrada, donde está la sede del Distrito de Riego, interesante ejemplo del Art Deco. Tiene además avenidas curvas y grandes camellones, y su arquitectura es notable. Además del citado, hay algún otro ejemplo de esta arquitectura, propia de los años cuarenta, cincuenta…, y varias casas edificadas según los modos constructivistas estadounidenses, (las casas en el centro del terreno, sin compartir pared con el edificio del lado, y un porche en la entrada). Finalmente, en todo Aguascalientes no hay un templo como el del Sagrado Corazón de Pabellón.

En fin. Esta ciudad comenzó como una estación de bandera en la línea del Ferrocarril Central Mexicana. Si entiendo bien, esto significa que los convoyes se detenían sólo cuando así lo solicitaba el telegrafista, porque habría alguna carga que embarcar, o algún pasajero que así lo requería.

Supongo que de ahí en más los trenes pasaban de largo, simple y sencillamente porque ahí no había nada salvo, quizá, una vía paralela para estacionar furgones, y uno que otro jacal.

En 1925 hubo un punto de inflexión en el crecimiento de la que también fue conocida como Colonia Progreso, cuando la Comisión Nacional de Irrigación decidió construir en San José de Gracia la presa que andando el tiempo recibió el nombre del presidente creador de instituciones, Plutarco Elías Calles.

Quienes planearon la obra y su logística decidieron que este lugar era el más cercano a las alturas de San José, y por ello idóneo para concentrar maquinaria y hombres que trabajaran en la edificación de la cortina. De esta forma se estableció el campamento, raíz poblacional de Pabellón.

Evidentemente que a la par que se concentraba la gente que cada día subía a dominar la piedra y darle forma al cemento y el acero, llegaron otros que no forzosamente se involucraron con la entonces magna obra hidráulica, sino con la atención de los primeros, comerciantes, profesionistas –el doctor Salvador Gallardo Dávalos, dirigente cultural de Aguascalientes en los años 50 llegó a este lugar, destacado al servicio sanitario-, prestadores de servicios, etc. Llegaron y se quedaron.

Seguramente muchos de los que vinieron a trabajar en la construcción de la presa se fueron al terminar su labor… Pero los demás, posiblemente la mayoría, se quedaron para darle cuerpo a la población, y dar de qué hablar, porque a final de cuentas Pabellón nunca ha pasado desapercibida.

Tengo la impresión –y si es impresión habría que corroborarla-… De que para los gobiernos de Aguascalientes Pabellón se convirtió en una especie de modelo; en el ejemplo e ideal de lo que la revolución podía lograr para la gente; darle a cambio de su adhesión a los principios de la revolución mexicana y a sus gobiernos. En los hechos esto habría significado que Pabellón fuera una comunidad apropiada para la experimentación de diversas políticas tendientes a hacer producir el campo.

Quizá esto explique por qué ahí se instaló en 1937 el campo experimental, y también una secadora de chile, una despepitadora de algodón -cuando se intentó este cultivo, que finalmente no fructificó-, y se construyeron bodegas de los Almacenes Nacionales de Depósito S.A. (como los que existieron aquí, en la margen oriental de la vía del ferrocarril, entre Mariano Escobedo y Avenida de la Convención Sur, y que justo ahora están siendo desmantelados).

Pabellón fue pionero del auge vitivinícola que vivió Aguascalientes en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo anterior, con vinícolas como Cuatro Ciénegas, del general Simón Díaz Estrada, etc.

Finalmente, porque el espacio se acaba, un dato que también distingue a Pabellón del resto de los municipios del estado, a excepción del de la capital, y que de seguro algo significa, es que es el único lugar que cuenta con una zona de tolerancia formal: el famoso y quizá legendario Charquito, esa calle de la perdición que está en pleno campo, con negocios para pecar en ambos lados. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista@hotmail.com).