RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Pues se cumplieron dos años de la desaparición de los 43, el cual sin duda es el episodio más negro en materia de derechos humanos, en lo que va de este régimen, como lo reconoció el Secretario Roberto Campa. Y creo que para poder entender qué es lo que ha pasado en estos últimos dos años, en relación con los hechos de Iguala, tendríamos que hacer una serie de divisiones y subdivisiones del tema.

Por un lado están los delitos que ahí se cometieron, que son ¡todos! Delitos del orden federal, delitos del orden común, delitos de complicidad, delitos políticos, delitos contra la integridad de las personas, secuestros, homicidios, inhumaciones clandestinas, etc. el catálogo es brutal, pero peor es todavía lo que la búsqueda de esas personas desencadenó en la historia reciente de México, porque mientras se estaba buscando a 43 personas que se sabía con toda precisión cuando, en donde y a qué hora fueron secuestradas, se fueron encontrando los restos de decenas o centenares de otras personas de las que nadie había advertido y de cuya desaparición nadie se había tomado en cuenta para denunciarla ni para condolerse por su suerte.

De pronto nos dimos cuenta que buscaban a 43, primero secuestrados y después, ya en la segunda clasificación de los hechos, en el delito de secuestro transformado en desaparición forzada, se encontraron a otras ¡doscientas personas!, con la misma gravedad de los que estaban buscando, lo cual los ponía frente a una situación gravísima, que después proliferó por toda la geografía del país porque siguieron encontrando por todas partes fosas clandestinas, entierros, que nadie supo de quién, ni cómo ni cuándo, y entonces, ahora, lo único de lo que nos damos cuenta es de que esta preocupación por la violación de los derechos humanos de estos 43 jóvenes estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, de que como ellos, no se sabe cuantas decenas, centenares, o quizás miles de personas, han desparecido en México.

La desaparición no es lo mismo que el secuestro, ya se ha querido explicar en muchas ocasiones. La diferencia es que un secuestro tiene temporalidad y se comete por un delincuente que tiene una finalidad muy clara para llevarse a una persona y después pedir por ella un rescate, o cometer una venganza, o simplemente asesinarlo porque lo odia.

Pero la violación de los derechos humanos es cuando una autoridad, del nivel que sea, secuestra a una persona, se la lleva, la esconde y después esconde la evidencia de su crimen inicial: la desaparece. Y esa desaparición forzada no tiene prescripción. Por ejemplo, un delito de secuestro tiene prescripción lógica, 99 años después de secuestrada una persona sería inútil seguirla buscando, porque ya pasó el tiempo.

Pero en el caso de una desaparición forzada, así pasen mil años, teóricamente, en el lenguaje de los derechos humanos, el Estado sigue siendo responsable si no ha aparecido. Ya no solamente es responsable de haberlo desaparecido, de habérselo llevado, es responsable de que no aparezca.

En el caso de los 43, cuyo segundo aniversario se cumplió el lunes 26 de septiembre, vamos a seguir viendo lo mismo durante cinco, diez, quince veinte o los años que Dios nos preste vida.

Cada año se seguirá diciendo lo mismo. Creo que nunca van a aparecer sus cadáveres y que la petición de que aparezcan vivos es un hermoso lema político, pero es un despropósito frente a la vigencia y la realidad de los hechos. Es una desgracia. ¡Fue un crimen masivo! Hay más de cien personas en la cárcel.

Hay nueve casos abiertos de violación flagrante de derechos humanos y faltan por cumplirse las recomendaciones que hizo la Comisión de Derechos Humanos, que son 57 y fueron hechas a la Procuraduría General de la República, a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, a la Fiscalía General del Estado de Guerrero y al municipio de Iguala. Y solamente 8, de las 57 recomendaciones en general a todas estas instancias gubernamentales, se han cumplido.

El 86% de las recomendaciones no se han cumplido. Y faltan también las observaciones que hicieron los expertos, o peritos, de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Lo anterior se deriva de lo que la Comisión de Derechos Humanos hizo como un informe preliminar.Son observaciones sobre la investigación, porque la recomendación final, “la madre de todas las recomendaciones”, todavía no ha sido emitida. Y será emitida no se sabe cuándo.

Hasta en tanto las investigaciones no concluyan de manera definitiva, porque tampoco puede una comisión, ya sea nacional o internacional, recomendar en definitiva, porque estaría dando por sentado que el caso ya terminó de ser investigado, cosa que está todavía muy lejos de ocurrir, tanto como para que no ocurra nunca.

 

LA INSEGURIDAD LATENTE

Sin duda es terrible el reconocer que la inseguridad se ha enseñoreado de nuestro estado. Uno desearía que el tema estuviera lejos, pero el tema lo tenemos ya aquí, a la puerta de la casa.

Siento que hay una percepción generalizada en toda la sociedad de un temor que no alcanza a ser un miedo pavoroso, pero la gente, se percibe, está asustada. He escuchado casos de familiares, parientes, gente que conozco, que me dicen que se sienten inseguros en la calle, en el auto, que no saben a qué hora les va a tocar algún suceso de inseguridad. La percepción sobre este tema está cambiando en nuestra ciudad. Hasta hace unos cuantos años creíamos que éramos una especie de oasis, que aquí había una gran tranquilidad.

Hoy esto de los asaltos callejeros, en el auto, los cristalazos, y los tipos que se roban un reloj o un teléfono, o una cartera con una cantidad x de dinero, es lo que se llama violencia urbana, violencia menor si se quiere decir. Pero de acuerdo con la vieja teoría policiaca de las ventanas rotas, del vidrio de la ventana que rompe un ladrón, ese es el momento en el que la autoridad debe de actuar.

Cuando el delincuente apenas ha roto su primer vidrio hay que proceder. Pero en Aguascalientes hay zonas en donde ya se hicieron costumbre los asaltos, tanto a los ciudadanos como a las casas habitación.

La realidad es que no se sabe como opere el famoso mando único, pero los delitos se siguen dando de manera cotidiana y van en aumento. Sí, sí hay preocupación, y ya no sabemos si la única salida es acostumbrarnos a vivir con el temor permanente o exigir que ese mando único cumpla con las funciones para las cuales fue puesto, pues tiene la obligación de proteger a los ciudadanos, para eso es, solamente para eso, no es para que desfilen, ni para que estrenen patrullas, etc., no están para eso, están para garantizar la seguridad de todos los ciudadanos.