Noé García Gómez

El presidente Peña Nieto compró el discurso y sus estrategas avizoraron la rentabilidad de dirigir la agenda nacional al tema de legalizar la marihuana ¿Qué rentabilidad? Hoy vivimos una crisis económica que sigue provocando desigualdad, las bondades de la reforma energética no se han reflejado, la reducción en los costos de las gasolinas quedó en irrisorios 40 centavos, el peso sigue inestable, una reforma educativa que no termina por convencer a los maestros y un incremento en la percepción de corrupción e impunidad en el país. Todo eso podrá pasar a segundo término, si le da a medios, oposición y sociedad un tema polémico, escandaloso como lo es la legalización de la marihuana.

Una propuesta escandalosa pero corta, una reforma light, elevar la posesión a 28 gramos y legalizar la producción y distribución con fines médicos. ¿Por qué digo light? Pues si en verdad quisieran romper paradigmas se realizaría una discusión de todas las adicciones, de las drogas llamadas duras, y no solo de una droga tipo puente.

Importantes figuras de corte progresista en México impulsaron como agenda prioritaria nacional la legalización de la marihuana como solución al problema de la violencia y del crimen organizado en México, soportando gran parte de su argumento en la tesis Milton Friedman, refundador del liberalismo de mercado y ganador del Premio Nobel de economía, que considera “la legalización de la droga, transformaría la situación de los países productores, ya que por ser ilegal el vicio y no poder ejecutar la ley, se crea un ambiente de crimen, de guerras, de pandillas. También, no sólo se debería legalizar la droga, sino, que sería necesario introducirla en el campo industrial, de manera que con ella se produzcan medicinas que ayuden a aliviar enfermedades como el glaucoma; considerando que se deben procesar las sustancias alucinógenas en farmacias para así garantizar su calidad.”

De ahí parte la discusión en México sobre legalización de las drogas, se ha basado en la forma de enfrentar la violencia criminal asociada al comercio ilícito, sin pensar en el daño que produce la marihuana en la salud. Además los especialistas de corte “progresista” omiten la parte en que el mismo Friedman habló de que “la legalización sí podría llevar a un aumento en el consumo de la droga”.

De hecho, la marihuana daña el cerebro, impide la razón “causando dificultades para pensar y resolver problemas”. De ahí que la legalización del consumo de marihuana me parecería que tiene el objetivo de elevar el control social. Como esos mismos “progresistas” critican el uso de la televisión como herramienta de enajenación de masas, el acceso al consumo de la marihuana podría tener una consecuencia similar, jóvenes somnolientos evasores de la realidad social.

El presidente y políticos no nos dicen cómo se atenderá a esos “enfermos” que requieren la marihuana, ni tampoco cómo se atacarán a los grupos de narcotraficantes; presumen de una amnistía a presos que están por consumo y sobrepoblando las cárceles, lo que no dicen es que los abogados se han vuelto especialista en justificar a narcodistribuidores como adictos que tenían el enervante para uso personal. Ahí en esa amnistía estarán miles de individuos que solo son adictos (enfermos), pero también estarán criminales que se reinsertarán a las filas del crimen organizado.

Tampoco nos dicen qué alternativas médicas, protocolos y procedimientos se tendrán para los miles de adictos que estén en esa situación, quedará en un simple “usted disculpe, vaya y fúmese su mota a otro lado” o ¿en verdad hay la infraestructura médica y sanitaria para canalizarlos y darles un seguimiento en su tratamiento?

Al final, veo que la discusión y propuesta del asunto de la marihuana es de mercado, de negocio, pero a costa de la salud de las personas. Además de que la finalidad del gobierno federal es el de utilizar el tema para distraer a la opinión pública de los urgentes problemas que vive el país y usarla como herramienta de control social especialmente de nuestra juventud.

Hoy en día para alguien de izquierda y progresista es políticamente incorrecto estar en contra de la legalización de la marihuana, creo yo al revés, la actual izquierda está quedando en argumentos simplones y electoreros, les urgen medios y notas. Saben que es un tema que no pasaría en la sociedad, sino ¿por qué no lo someten a consulta pública? En este tema no he visto a los defensores utilizar la muletilla de “que decida el pueblo” saben que ahí se perdería, en cambio la quieren arropar en asociaciones civiles a modo que hablan en nombre de todos.

Coincido que el actual nivel prohibicionista no está funcionando, pero creo que la presente propuesta no es integral, es una propuesta con otros fines menos el de solucionar el problema de la adicción y narcotráfico de México.

 

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