Josemaría León Lara

“Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en épocas de crisis moral”.
(Dante Alighieri).
El concepto de infierno de la tradición judeocristiana fue descrito a manera de ficción por el poeta florentino en el primer canto de su maravillosa obra, la Divina Comedia. Las Sagradas Escrituras contienen poca información en lo que se refiere al tema, sin embargo la capacidad narrativa de Dante, no solo logró ilustrar los castigos eternos, si no que a través de su capacidad ilustrativa pudo darle forma y hacerlo comprensible para la mente humana.
La humanidad al pasar de los tiempos siempre ha tenido momentos de crisis moral, lo que nos ha llevado incontables veces a la guerra, muchas veces por hambre de poder y sed de conquista, pero también en muchas otras ocasiones ha sido por causa del odio. Se podría resumir en la propia naturaleza humana, algo que simplemente no se puede cambiar, por más que se diga lo contrario.
Existe una clara dualidad en las pasiones del corazón del hombre, mientras por un lado se puede crear la paz, por el otro sale a relucir todo aquello de lo que podemos llegar a ser capaces. Sería absurdo pensar que todos pensemos de la misma manera, o que todos creamos en las mismas cosas; así mismo es una falacia pretender que todos somos iguales.
La historia nos lo ha repetido hasta el cansancio, simplemente no se puede forzar a determinado grupo de personas o cultura a creer en determinada ideología o creencia religiosa. Aquí es donde encontramos la maravilla de la naturaleza humana, en sus múltiples facetas de pensamiento, esa diversidad que a cada individuo lo hace único y se diferencia de los demás, lo que al final del día nos orilla a la búsqueda de la libertad.
Actualmente nos encontramos en una época de efervescencia social, cada vez la brecha entre la búsqueda de las libertades se abre más y más. Al no entender o al no querer entender a quién piensa distinto a mí, no sólo provoca el impedir la felicidad del otro, también el que uno mismo se imposibilite a alcanzarla; de nada sirven los insultos, las provocaciones, las desacreditaciones y las ofensas, cuando en el fondo el egoísmo en lo individual forma una barrera que impide el diálogo y la fraternidad.
Lo increíble es que en esta nueva lucha, los argumentos cuando deberían de estar formulados y sustentados en la verdad para la defensa de cada postura, se han transformado en un arma de ataque y no de defensa. Por más que parezca que la pugna entre la ideología de género y los que defienden a la familia, podría resolverse con el arma más poderosa con la que cuenta el ser humano: El amor.
Ya basta de pretender que a través de la tolerancia, la inclusión y el falso respeto, se va a resolver una disputa, que de origen es absurda, cuando no se cree de verdad en ellos. Es por ello que lo habrá de suceder este sábado no va a resolver nada y lo único que van a lograr es una confrontación mayor para abrir todavía más la brecha del odio; sin mencionar que por más libre expresión, las marchas en este país nunca resuelven nada.
Solo queda hacer un último comentario, la educación de los niños se debe o se debería hacer en casa, ya que las escuelas simplemente son coadyuvantes de la misma; si los cimientos educativos de casa son lo suficientemente fuertes, como diría el viejo dicho popular mexicano: ¡Que digan Misa!
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@ChemaLeonLara