Los rostros de la fe se han hecho presentes durante el cuarto día de fiesta del quincenario Mariano, en honor a la patrona de los aguascalentenses, la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción.
En punto de las cinco de la tarde, las calles principales alrededor de la Catedral Basílica se vieron abarrotadas por los peregrinos provenientes de las parroquias del vecino estado de Jalisco, tales como Nuestra Señora de la Encarnación de Díaz, Bajío de San José, Santa María de Enmedio, San José de los Sauces, El Tecuán y sus capellanías, que a su paso, cantaron y rezaron durante todo el trayecto, a la Madre de Misericordia, en este año jubilar.
El obispo de la Diócesis de Aguascalientes, Monseñor Don José María de la Torre Martín, en compañía del vicario general, Raúl Sosa Palos, dieron una cálida bienvenida y una ferviente invitación a pasar a la casa de Dios, a los centenares de feligreses guiados por sus respectivos párrocos.
Luego del rito inicial, la comunidad católica permaneció atenta a la palabra de Dios, con la lectura del Evangelio de San Lucas, donde el Arcángel San Gabriel lleva a cabo el anuncio a María de que fue elegida para ser la madre del Salvador.
En referencia a este bello pasaje de la Biblia y en representación del Excelentísimo Señor Obispo De la Torre Martín, el Párroco Vicente Muñoz Gutiérrez tuvo a bien dirigirse a la asamblea para enviar el mensaje de fe en el que recalcó a la Esperanza en Dios, como un acto renovador, tal y como lo hizo María.
“Ella se convierte en una mujer transformada y da al pueblo la redención, al concebir en su vientre a Jesús el Salvador, las palabras del Ángel, revelan su grandeza al ser preservada de todo pecado, inclusive del original”.
“En su Madre, podemos vivir en armonía con Cristo. El sí que dio al designio del Padre, es lo que debemos transmitir a los demás, compartir los sacramentos y renovar las necesidades pastorales, somos hombres nuevos con María, renovémonos en Dios dentro de nuestras parroquias y familias”.
Fue así que el jerarca católico dio continuidad a la solemne celebración, con la consagración del pan y vino y compartiendo el banquete preparado, a la congregación.
La iglesia que permaneció abierta, recibió más tarde en sus aposentos a las peregrinaciones locales con un contingente de fieles pertenecientes a las Parroquias del Espíritu Santo, San Miguel Arcángel, Nuestra Señora de los Bosques, Nuestra Señora de la Soledad (Campestre), Capellanía de San Juan Pablo II, Divino Salvador y Nuestra Señora de Fátima.

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