Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Hay dos versiones en relación con la palabra linchamiento. Una de ellas afirma que viene de la palabra inglesa lynching que, a su vez, proviene de un alcalde irlandés del siglo XV apellidado Lynch, quien tomó la decisión de ejecutar por ahorcamiento a su propio hijo por haber cometido un asesinato.
Otra versión sostiene que el término proviene de Charles Lynch, un emigrante de origen escocés que vivió en Estados Unidos a finales del siglo XVlll y que organizó una banda para ejecutar a los cuatreros que robaban ganado y que eran pillados in fraganti (estas ejecuciones fueron conocidas en EEUU como the Lynch law, la ley de Lynch). Definición ABC

En sus respectivas alegorías, Juan Jacobo Rousseau y Thomas Hobbes, explican el surgimiento del estado y concomitantemente del derecho, con la invención de un pacto celebrado por la comunidad, que se plasmó en “El Contrato Social” y en “El Leviathan”. Aunque la esencia era la misma, el punto de partida, y quizás el de llegada, diferían diametralmente. Rousseau que según se sabe no fue precisamente un padre modelo, aunque escribió el magnífico tratado “Emilio o de la educación” y sin embargo descuidó a su prole de manera grosera, tanto que al parecer uno de sus hijos murió de inanición. Medio desordenado o desordenado y medio, tuvo episodios luminosos que se reflejaron en obras imperecederas. Optimista incorregible, cree en la humanidad y su bondad natural. En “En el contrato social” plantea que los hombres convencidos de que las interrelaciones pudieran llegar a producir conflictos, deciden en asamblea constituir un super ente, a quien convienen entregar su libertad, para que éste se las regule y les establezca límites de su actuar en aras de la mejor convivencia. Surge el estado que monopoliza la fuerza, por lo tanto la venganza y establece el andamiaje normativo para la vida en comunidad.

Thomas Hobbes era un santón, hierático, ascético, hombre probo, hombre bueno, y, sin embargo, o a lo mejor por eso, creía que el hombre era esencialmente malo, y para decirlo con perspectiva adecuada, también la mujer, y por temor a sus semejantes, reunidos en asamblea acordaron crear un super ente, a quién entregarían su libertad a efecto de que garantizase la seguridad de todos los ciudadanos, ya que monopolizaría el aparato represivo, proscribiendo la venganza privada y creando las instituciones para juzgar y castigar las conductas que se apartaran de la norma.

Yo no creo que ninguno de los dos pensadores hayan creído realmente que hubiera existido la asamblea constitutiva del estado. Pienso, así lo escribí, que se trata de alegorías, (mi libro de preceptiva literaria de la Prepa decía que una alegoría era una metáfora continuada), que usaron para de una forma práctica ilustrar, la necesidad, ya sea optimista o pesimista, de establecer regulaciones para la vida comunitaria, y crear organismos que tengan la posibilidad y la fuerza de sancionar los comportamientos antisociales. Quizás no sea la mejor forma, pero al menos, hasta la fecha la humanidad parece no haber encontrado alguna manera mas práctica. Las utopías, San Agustín, Campanella, Moro, y las mas cercanas Castro, Maduro, Trump… no han sido mas que eso, utopías, que plantean una visión ideal que no se corresponde con la realidad.

La realidad para bien o para mal está allí. Lo dice bellamente un hermoso proverbio zen: “Si comprendes, las cosas son así; si no comprendes, las cosas son así, ¿Comprendes?”. La convivencia inevitablemente crea zonas de fricción, algunas serán irrelevantes, otras podrán desencadenar violencia. Para sancionarlas está el aparato del Estado. Cuando la autoridad no se ejerce, por incapacidad, por incuria, por insuficiencia, por desorganización, etc., los vacíos de autoridad tienden a llenarse. Si la respuesta del estado no es eficaz, no es eficiente, no es oportuna, entonces la comunidad buscará la forma de protegerse y de castigar a quienes cometan actos reprochables.

Recientemente en el estado de Jalisco se presentaron casos estremecedores que por su brutalidad, en tanto que sus consecuencias se prolongan, provocan una reacción de asco mayor que la de un asesinato. Trataré de explicarme, podemos entender una respuesta violenta que produzca la muerte de una persona, por temor, por ira, por venganza, pero ¿cómo entender la mutilación deliberada, planeada y ejecutada con infinita crueldad, que cercena las manos, atributo esencialmente humano, instrumento del progreso, que acaricia, que trabaja, que transforma la materia, que reduce a muñones inútiles lo que poco antes era una de las maravillas de la creación. Me niego a creer que se trate de linchamientos. Se trata seguramente de las acciones de venganza o de intimidación de grupos criminales, que lucran con el temor, trafican con la violencia, viven en la paranoia.

Descartada, me parece, la idea de linchamiento en las salvajes mutilaciones, es necesario reflexionar en los hechos cercanos, aquí en nuestra ciudad, que se encuadran en lo que a partir de Lynch (Charles o no), se conoce como linchamiento. ¿Cuáles son sus elementos? Un acto ilícito o que una comunidad considere ilícito, la inexistente respuesta de la autoridad o su tardanza (justificada o injustificada), el enardecimiento creciente de una muchedumbre, el tomar la “justicia” en su mano amparados en la irresponsabilidad del anonimato, un resultado sin duda ilícito consecuencia de un acaecimiento que pudo o pudo no ser ilícito. Quienes recuerden el caso de “Canoa” tendrán claro que una muchedumbre realiza actos que cada individuo no se atrevería a realizar por compromiso social o por convicción personal. El umbral que nos limita se pierde en la multitud, el anonimato exacerba los ánimos y tiende un velo dentro del cual el individuo se siente cobijado y capaz de asumir comportamientos que individualmente jamás aceptaría.

La insuficiente o deficiente respuesta de la autoridad explica pero no justifica un linchamiento, pero sí, son focos rojos que indican que la sociedad está llegando a niveles de hartazgo que le hacen mandar al cuerno el “contrato social” y retomar por la fuerza lo que habían cedido de buen grado al estado, hablando metafóricamente. Merece la pena reflexionar en que esta violencia que ahora se ejerce contra otros ciudadanos que se apartan o parecen apartarse de las normas, podría también volverse contra el estado que no cumple con los fines esenciales de la tradición jurídica: bien común, seguridad y justicia.

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